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ABC MARTES 15 8 2006 45 Toros SEMANA GRANDE DE SAN SEBASTIÁN FERIA DE GIJÓN La espada hizo que El Cid y El Fandi amarraran la puerta grande Plaza de toros de El Bibio. Lunes, 14 de agosto de 2006. Quinta corrida. Lleno. Toros de Torrestrella, algunos cómodos de cabeza, nobles. El Cordobés, de canela y oro. Estocada (saludos) En el cuarto, tres pinchazos (silencio) El Cid, de berenjena y oro. Estocada (oreja) En el quinto, estocada (oreja) El Fandi, de grana y oro. Estocada (dos orejas) En el sexto, estocada (oreja) El Cid y El Fandi salieron a hombros. JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES GIJÓN. Llegué a la plaza después de haber presenciado la concesión del premio Tranvía de Oro de la peña Cocheras de Gijón de este año al periodista asturiano Ladislao de Arriba, padre de Lalo Azcona. Abrió plaza El Cordobés, que fue ovacionado al lancear. El piquero de turno tapó la salida al animal. Manolo Díaz anduvo con suavidad en los prolegómenos y compuso con la derecha un hacer tesonero, encimista y reiterativo, pero que gustó a los gijoneses, pues aquí goza de gran cartel. El Cordobés anduvo en el cuarto aburrido y esforzado. Echó mano de las ranas, pero falló a espadas. El Cid recibió al segundo torrestrella con apretadas verónicas. Alcalareño se lució al banderillear. Con temple y despaciosidad se sacó el toro al centro del anillo. Compuso un principio de faena de muy buen son con un toreo recio y clásico sobre la derecha, pero no se acopló del todo con la zurda y bajó el ritmo al volver a los cauces diestros. El Cid, peleón y batallador nada más en el quinto, cortó una oreja tras un final efectista y una gran estocada. Matías Tejela recibió con verónicas de hinojos al tercer toro de la tarde REUTERS Gran macrocorrida de Joselito ZABALA DE LA SERNA SAN SEBASTIÁN. Soy contrario a las corridas de ocho toros. Ben- Hur fue una excepción de once Oscar. Magnífico peliculón sobre un guión sólido. El argumento de la macrocorrida de cuatro toreros no lo hallé desde su planteamiento, lo cual no quiere decir que no lo hubiera. Pero por la rivalidad no fue, o no era, puesto que ninguno entró en quites ajenos. Aglutinar en un mismo cartel a Enrique Ponce, Morante de la Puebla, Matías Tejela y Eduardo Gallo debía de tener su fondo y su intención. Y, entre tanto nombre, un ejército de cuadrillas, un saco de minutos, horas y segundos, a las ocho en punto, tiempo de empezar a dictar, Joselito era el triunfador. ¿Joselito? Sí, José Miguel Arroyo Joselito y Martín Arranz, que ponían los toros y, a la postre, el hilo argumental que hizo que las casi tres horas de festejo transcurriesen relativamente mucho más rápido de lo esperado. Conjuntar ocho toros, de hechuras, es tarea difícil; más lo era lograrlo de fondo, y lo consiguió. O lo consiguieron. Distintas hechuras, en general de armónica construcción, y un nivel de categoría, no siempre con idéntico potencial. Plaza de toros de Illumbe. Lunes, 14 de agosto de 2006. Segunda corrida. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Joselito y Martín Arranz, desiguales de presentación y de muy noble fondo, no todos de idéntica fuerza; destacaron el excelente 4 y el 1 Enrique Ponce, de rioja y oro. Dos pinchazos y estocada baja. Aviso (saludos) En el quinto, horrible metisaca y pinchazo (silencio) Morante de la Puebla, de blanco y plata. Dos pinchazos y estocada desprendida (bronca) En el sexto, pinchazo y estocada desprendida (saludos) Matías Tejela, de rioja y oro. Estocada fulminante (saludos) En el séptimo, tres pinchazos y estocada baja (silencio) Eduardo Gallo, de verde botella y oro. Estocada al encuentro (oreja y petición de la segunda) En el octavo, pinchazo y media. Aviso (palmas) ría: el circular, la capeína, una rosca de vueltas en los costillares del toro y las bernadinas. Todo válido, todo muy coreado. ¿Por qué se cansan los jóvenes de torear bien? El espadazo al encuentro puso en un brete al presidente, que se refugió en lo fácil: no conceder la doble pañolada blanca. ¿Una o dos orejas? Lo más claro y evidente es que el toro fue de dos. El mismo Gallo fue otro cantar con el octavo toro, que se dice pronto. El toro también fue otro. Éste y aquél más destemplados, peleones los dos. Oreja perdida Como en la lejanía quedaba la faena de Enrique Ponce al jabonero sucio, montadito y estrecho de sienes, enmorrillado, noble y repetidor, que estrenó en serio la Semana Grande donostiarra. Buen estreno. Cabe la duda de si terminaba el toro de humillar o no; lo que cabía era el AVE entre Ponce y el toro. La faena tuvo momentos de espléndida ligazón, especialmente sobre la mano derecha, especialmente al final por su intensidad, como las dobladas precisas y profundas del broche. Perdió la oreja por la espada, manejada de forma precavida. Para el horrible metisaca al quinto no hubo niguna precaución. De esa murió el toro, cuajado y noble, con tendencia a quedarse corto en la muleta y con los pitones pegando en el palillo de la misma. Matías Tejela se topó con los dos toros de menos fuerza, uno dañado en un volatín tras unas verónicas de rodillas y otro como si lo estuviera de una mano, cualitativamente estimables. Tejela quiso siempre, trazó el toreo bien, atemperado, salvo en un par de tirones perdonables. Estuvo desigual con el acero: un cañonazo y tres pinchazos. Larga cambiada El Fandi recibió al tercero con una larga. Se lució en un quite por chicuelinas y banderilleó con mejor ejecución que colocación, a excepción del segundo de los pares, que resultó francamente bueno. Sometió con la derecha al empezar a manejar la flámula y remató con un forzado de pecho impecable. Un comienzo a buen ritmo, desconocido últimamente en él, se tornó en un adocenamiento posterior. Pero como la estocada fue hasta las cintas el público se volcó en él. El granadino volvió a lucirse con las banderillas, como en él es habitual, en un tono deportivo y efectista. Del mismo modo fue su faena de muleta, que llegó ampliamente al público en una tarde de orejas demasiado generosas, aunque pedidas con mayoría. El ganado siguió la línea de nobleza que ha marcado la feria, aunque en tono bastante menor que las de Mayalde y Victorino e, incluso, la de Marca. Torero poso El único que desmereció fue el zambombo y mansote segundo, que se volvía del revés en los capotes, al que Morante despenó a la de tres. Pero con el colorado sexto de almíbar, Morante convirtió la hiel en miel, de entrada con tres verónicas y media de un quite de esperanza de blanco y oro, preludio de cosas sabrosas, derechazos de lujo macizo en dos series, que tras un leve paso por un pitón izquierdo de corto viaje se transformaron en unos circulares completos e irregula- res: Morante hubo de refugiarse en la tabla del cuello, agarrado a la culata, después de meterse en un berenjenal a contraestilo de sus sentimientos. De cada intento de redondo salió trabucado y por pies cuando el toro le hacía hilo en las zapatillas. Los naturales diestros, sin espada, estilo Joselito, así como un cambio de mano genuflexo por la espalda, estilo Joselito el Gallo, supieron a gloria. La espada no redondeó una obra que sin ser redonda contuvo su poso torero. Eduardo Gallo sigue puntuando en la línea del último mes. Puntuar con Sedero no parecía difícil, pero a un toro de tantísimo temple había que responderlo con temple, como sucedió. Tres cuartas partes de la faena, a ojo de mal cubero, mantuvieron el tono de muleta baja, limpio y largo trazo, sobre las dos manos; ligazón y orden castellanos para ordenar, valga la enésima redundancia, la calidad de Sedero que se rebosaba. En el último tramo Gallo tiró por el camino de la gale-