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15 8 06 CRÍMENES SIN RESOLVER Sin posibilidad de defensa Natividad Garayo, de 44 años, es la víctima de uno de esos casos que si no se resuelven en las primeras horas es casi imposible hacerlo luego. No hay relación entre agresor y víctima; no hay testigos, al menos conocidos; no hay móvil claro, porque a la mujer no le faltaba nada, a pesar de llevar joyas valiosas... Sólo hay oscuridad, la oscuridad de una madrugada de sangre y muerte CRUZ MORCILLO PABLO MUÑOZ N ada ha quedado en el tintero. Los investigadores de la UDEV Central de la Comisaría General de Policía Judicial, que se incorporaron tres años después del crimen a las pesquisas, lo han intentado hasta el último momento, pero finalmente el juez ha archivado de forma provisional las investigaciones abiertas tras el asesinato a cuchilladas de Natividad Garayo, de 44 años, perpetrado en Santander en la madrugada del día de San Fermín de 2002. Los agentes harán aún gestiones y desde luego estarán muy atentos por si surge algún dato nuevo en el que trabajar. Al menos, tienen la tranquilidad de haber hecho todo lo humanamente posible. N atividad Garayo, una mujer de familia acomodada, residente en Madrid, casada con un abogado del Estado y madre de tres hijos, había viajado a Santander en compañía de uno de sus hermanos y un sobrino para asistir a la boda de un familiar, que se celebró el 6 de julio en el Real Club de Tenis de la capital cántabra. Su marido no podía acompañarla porque tenía que quedarse en casa con los chicos, que se iban a Irlanda. La fiesta transcurrió con normalidad y ya de madrugada Natividad le dijo al hermano con el que había llegado que se quedaba un rato más, que volvería a casa con otro de los hermanos, que también estaba en la celebración. El vídeo de la boda demuestra que a las dos y cuarto de la madrugada la mujer se sentaba sola en una de las mesas. Poco después, se dirigió al familiar con el que había decidido regresar a la vivienda de Santander en la que pasaba esos días y le pidió veinte euros prestados para coger un taxi, ya que tenía sueño y quería irse a dormir. Sobre las tres menos cuarto de la madrugada, el vigilante del Club de Tenis vio salir a Natividad Garayo y hasta que llegó a una curva próxima no la perdió de vista. En el último momento, la mujer había decidido volver a la casa andando, probablemente para disfrutar del fresco de la noche. No era extraño, ya que se trataba de una persona a la que le gustaba hacer ejercicio- -el día anterior había dado un paseo de dos horas- y la vivienda se encontraba apenas a 40 minutos caminando. Además, los tacones bajos que había elegido para la ocasión invitaban a ese paseo nocturno. El crimen se produjo sólo unos minutos después, exactamente entre las tres menos diez y las tres de la madrugada, hora a la que la Sala del 091 recibió una llamada en la que se comunicaba que había una mujer muerta en la avenida de la Reina Victoria, en concreto junto a unas escaleras de bajada a la playa. En pocos minutos varios coches patrulla llegaban al lugar del suceso- -una zona un tanto apartada, aunque al ser verano no era del todo solitaria, y con poca luz- -y comenzaba una investigación que desde los primeros momentos se complicó hasta límites insospechados. Cuando llegaron, los agentes encontraron el cadáver de la mujer de rodillas, inclinado hacia adelante y con el pelo igualmente sobre la frente. En su regazo conservaba el bolso, así como las joyas de gran valor. Daba la sensación de que se había tratado de un ataque improvisado, en el que la víctima no había tenido capacidad de defensa. La autopsia reveló que le habían asestado treinta y cinco cuchilladas, algunas de ellas en la cavidad cardiaca y en el tórax, mortales. El asesino había utilizado un arma blanca bicortante, probablemente una navaja de hoja considerable, aunque ese extremo no ha sido plenamente confirmado. Los primeros investigadores, adscritos a la Brigada de Policía Judicial de Santander, hablaron Natividad Garayo aquella madrugada y los días siguientes con decenas de personas. Nadie había visto ni oído nada, a pesar de que el silencio de la noche era propicio para que al menos alguien hubiera escuchado algún grito de la mujer. Tampoco los camareros que salieron de trabajar a las tres menos cuarto de la madrugada vieron ni oyeron nada extraño. Incluso, subieron a un coche aparcado cerca de donde apareció la mujer y ni siquiera así notaron que algo fuera de lo normal sucediera. Justo enfrente del lugar del asesinato estaba estacionada una autocaravana, ocupada por una pareja y un niño pequeño. Los investigadores de la UDEV Central nunca pudieron hablar con ellos, entre otras razones porque los turistas se marcharon muy poco después de que se perpetrara el brutal ataque. Quizá podrían aportar algún dato, pero eso es algo que no se puede saber. Lo único cierto es que desde esa misma noche se les perdió la pista y no hay más noticias sobre ellos. uando el nuevo equipo de investigación se hizo cargo del caso, se planteraron tres líneas de trabajo. Según la pri- Los investigadores de la UDEV Central nunca pudieron hablar con los ocupantes de una autocaravana que estaba estacionada frente al lugar del crimen El asesino ni siquiera quedó ensangrentado, por lo que pudo huir de la zona sin levantar la menor sospecha. Demostró una enorme sangre fría. Es un psicópata de libro C