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6- 7 40 LOS VERANOS DE Rusia inspeccionará todos sus museos a partir de septiembre La medida, tomada por Putin, intenta paliar la mala imagen que, a partir de robos como el del Ermitage, se tiene tanto de los museos rusos como de sus trabajadores TEXTO: A. V. FOTO: AP l Gobierno de Vladimir Putin ha decidido emprender una serie de medidas para terminar con la deplorable imagen que sus museos, y especialmente los trabajadores de los mismos, están ofreciendo últimamente. A las terribles noticias del robo hace escasos días de 221 valiosos objetos del Museo Ermitage de San Petersburgo y a las que informaban de la desaparición de diseños de pintura y arquitectura de Iakov Chernikhov en los Archivos Nacionales, se une la que emitía el pasado fin de semana la policía rusa, que afirmaba que Larisa Zavadskaya, antigua encargada del Ermitage, ofreció algunos de los objetos robados a un coleccionista de antigüedades, llegando a vender una cruz de plata del siglo XVIII por 20.000 rublos (alrededor de 590 euros) menos de una décima parte de su precio real. La principal medida consistirá en una rígida inspección de todos los museos, que comenzará el próximo día 1 de septiembre. La E última inspección sufrida por los museos rusos data nada menos que de 1976. Mikhail Chvydkoi, director de la Agencia Nacional para la Cultura rusa, mantiene que el objetivo de esta inspección es terminar con las locas ideas según las cuales todos los colaboradores de los museos son ladrones y todos los objetos expuestos son falsos Ésta ha sido la conclusión principal que ha podido obtenerse de la reunión extraordinaria que los dirigentes de los principales museos rusos mantuvieron ayer en San Petersburgo. Del mismo modo, Chvydkoi remarcó que era necesaria otra aproximación a la consideración hacia el personal de los museos. Durante mucho tiempo hemos tentado a los conservadores de los museos dándoles salarios míseros. Hemos pensado que eran santos que nunca saquearían añadió el responsable. Además, Mikhail Piotrovski, director del Ermitage, aprovechó la reunión para pedir perdón por el robo sufrido en el museo que regenta. Enrique Baquerizo y Javier Galán, en Black el payaso ZARZUELA EN EL ESPAÑOL Un circo de dos pistas POR ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE FOTO: EFE A l madrileño Teatro Español le sienta bien la zarzuela. Especialmente la compuesta por Pablo Sorozábal. Tras recuperar La eterna canción se interesa ahora por Adiós a la bohemia y, la muy infrecuente, Black el payaso dos casi óperas que reunidas en un programa doble estarán en cartel durante el mes de agosto. En definitiva, teatro musical de calidad presentado con medios, propósito de actualidad, rigor y sin personalismos pretenciosos. Firman la dirección de escena Mario Gas e Ignacio García. Podría pensarse que el primero lo tiene más fácil. El propio Gas dice que Adiós a la bohemia sólo necesita que respire por sí misma Pero eso apenas disimula la dificultad en encontrar el acento, crear el ambiente y, al final, inocular al espectador el nostálgico veneno que destila el texto de Pío Baroja y la elocuente música de Sorozábal. Será, entonces, que aquí se respetan las claves de aquella vieja bohemia, emocionantemente humana hasta hacer empañar los ojos de grisácea vulgaridad, fracaso y falta de futuro. Porque hasta a la retina llega con fuerza la costumbrista retahíla de tipos, el tiempo y el lugar, la penumbra del café, la compañía melancólica del violín y el piano, del coro de bohemios o de las putas cantando en cercanía con los espectadores. Verlo y escucharlo es hacerse cómplice con el triste y sentido vagabundo que canta Iñaki Fresán, con la Trini de María Rey- Joly, tan decidida y sentida en su romanza, o con el admirable plantel de secundarios dedicados a hacer teatro, es decir a hacerse entender y creer. Tony Cruz y Francisco Piquer están entre ellos. Luego, en Black el payaso también aparecen Paco Maestre o Emilio Gavira, además de muchos otros. Porque en este circo hay sitio para malabaristas, forzudos, trapecistas y músicos, para sus alegrías y para sus penas. Casi 70 años han transcurrido desde que Sorozábal compusiera la obra, y todavía lleva a la sonrisa el ingenio desorbitado de la trama de Serrano Anguita y a la compasión la pena de amor del protagonista. También porque el circo de Ignacio García es fascinante, incansable, resuelto, vital... y oscuro. Más cercano al drama que a la comedia, y muy acorde con el variopinto vestuario de Antonio Belart y la intervención de grandes payasos Enrique Baquerizo, acoplado como un guante en su papel, y Javier Galán, añadiendo medios y corazón como protagonista de ambas obras. Muy de lado quedan algunos quiebros de la orquesta y del coro, suplidos con eficacia y seguridad por el maestro Manuel Gas. Porque si algo importa es la inquietud que dejan estas tres emocionantes horas de espectáculo. Interior del Museo Ermitage, en San Petersburgo