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15 8 06 CULTURA Y ESPECTÁCULOS Arturo Lanz La movida era falsa, copiábamos Fundador de los legendarios Aviador Dro y de Esplendor Geométrico, compagina la música con la financiación de proyectos empresariales en China, en cuya capital regenta, además, un restaurante español TEXTO Y FOTO: PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL EN CHINA P ersonaje inclasificable donde los haya, Arturo Lanz no sólo fue una estrella de la movida madrileña con Avia- dor Dro, sino que también fundó uno de los grupos precursores de la música industrial europea, Esplendor Geométrico. Al margen de tan brillante trayectoria artística, aprobó en seis meses las oposiciones para ser agregado comercial del Estado en 1988, trabajó en la Embajada española en Pekín desde 1997 hasta el año pasado y ahora dirige la Compañía Española de Financiación al Desarrollo (Cofides) en China. ¿De dónde le viene tanta inspiración para fundar no uno, sino dos referentes de la música española? -En 1976, cuando estudiaba en el Instituto, publicaba una revista cultural y estaba al corriente de los nuevos discos. Pero lo que me cambió la vida fue escuchar a los Sex Pistols, en 1977, ya que Servando Carballar, el otro fundador de Aviador Dro, y yo nos dimos cuenta de que se podía tocar sin saber música. ¿Cómo sienta ser una estrella a los 16 años? -En esa época sólo Alaska era famosa. Yo me lo pasaba bien cantando con Aviador Dro, pero no me gustaba la música. Lo que quería era epatar, ya que toda la movida era falsa y sólo copiábamos a los grupos extranjeros. Para experimentar nuevos campos, formé Esplendor Geométrico, que hacía música industrial Los Sex Pistols me cambiaron la vida en 1977, ya que Servando Carballar, el otro Aviador Dro, y yo nos dimos cuenta de que se podía tocar sin saber música Aquel mundo era muy loco, pero yo tenía unos referentes tradicionales. Tras terminar Historia, estuve en las milicias universitarias y, luego, me reenganché dos años... Arturo Lanz, miembro de Aviador Dro, emigró a China -Lo que no cuadra es que alguien que toca temas como Destrozaron sus ovarios se decantara por el Ejército. -Aquel mundo era muy loco, pero yo tenía unos referentes vitales tradicionales. Tras terminar Historia, estuve en las milicias universitarias y, luego, me reenganché dos años. No tuve problemas de adaptación. Incluso llegué a cantar para los soldados y el capitán alabó mi ardor guerrero Aquella experiencia también me dio una idea clara de lo que era España en 1987, pues en el Ejército convivían los universitarios con los analfabetos. Eso mismo ocurre hoy en China. ¿Se adaptó a Pekín mejor que a la mili? -Vine por trabajo en 1997 y lo primero que pensé fue: ¿qué demonios estoy haciendo aquí? Se me vino el mundo encima al ver la capa gris de contaminación que cubría la ciudad, las miles de personas caminando por todos sitios y los hutongs (típicos callejones chinos) la mayoría de los cuales ya han desaparecido para construir grandes rascacielos. Así que me concentré en el trabajo, puesto que vivía en un complejo diplomático, porque los extranjeros sólo podíamos residir en los bloques permitidos por el Gobierno para no mezclarnos con los chinos. Pero, a los seis meses, me acostumbré y empecé a disfrutar, ya que los chinos no tienen las tonterías que en España hemos adquirido desde que somos europeos -Con el pirateo que hay aquí, ¿no teme que le copien su música? -Al contrario, me encantaría. Nadie puede escandalizarse de lo que hacen los chinos, puesto que en España hemos hecho lo mismo cuando estábamos cerrados al exterior y teníamos que imitar lo que se fabricaba fuera. ¿Y usted a quién copia cuando compone? -A nadie, porque, como no sigo a los grupos actuales, no tengo influencias. De hecho, sólo escucho el pop meloso de las cantantes chinas, que me ponen mucho. Además, nunca he pretendido vivir de la música, que es sólo otro aspecto más de mi vida al que me dedico no por dinero, sino porque realmente me gusta. Lanz regenta con su esposa un restaurante de cocina española en Pekín, que se ha convertido en un punto de encuentro no sólo para los extranjeros- ¿Les gusta nuestra cocina? -A los chinos les encantan las tapas, porque concuerdan con la idea que ellos tienen de la comida, que es una reunión en torno a una mesa giratoria y donde todos van picando de los platos servidos al centro.