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4- 5 40 LOS VERANOS DE Piden en Suecia que se retire el premio Nobel al escritor alemán CARMEN VILLAR MIR CORRESPONSAL ESTOCOLMO. El escándalo que ha levantado la sorprendente y dolorosa noticia de que Günter Grass, premio Nobel de Literatura 1999, perteneció a las SS hitlerianas y que actuó, además, como informador especial de la temida Gestapo, no puede ser mayor. La prensa, que califica lo ocurrido de choque global vergüenza académica y trampa del destino denuncia con grandes titulares las críticas de la élite de la cultura y de la opinión pública, que piden a gritos a la Academia Sueca que despoje a Grass, individuo indigno de permanecer entre los grandes de la Literatura, del galardón No solamente enoja el negro pasado del novelista alemán, sino que en sus textos asuma la defensa de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, unas víctimas que él mismo denunció. Se recuerda aquel 30 de septiembre de 1999, cuando Horace Enghdal, secretario permanente de la real institución, pronunció lleno de orgullo el nombre del último Nobel del milenio y luego leyó el acta de la Academia Sueca, que justificaba así la elección de Grass: Muestra en fábulas de oscura alegría el rostro olvidado de la historia Luego, Enghdal añadió en posteriores y pomposas declaraciones que el autor de El tambor de hojalata hacía revivir el pasado, a los olvidados, a las víctimas y a los perdedores Fue el mismo Günter Grass quien desveló su pasado nazi en un artículo el sábado en el rotativo alemán Frankfurter Allgemeine donde relataba con toda clase de detalles esa época de su vida. Una época sobre la que muy pronto podremos leer en sus memorias. Cuenta el escritor que se enroló en las SS, la unidad nazi militarizada más elitista, y que acompañaba a la temida y despiadada Gestapo en sus batidas nocturnas para descubrir a los judíos y a los opositores del régimen. Así las cosas, los intelectuales más importantes de Suecia piden, más bien exigen, que la Academia haga algo y que, además de despojar de los laureles Nobel a Grass, retire su nombre del libro de oro de las Letras. Misión imposible, ya que el premio Nobel se recibe de por vida. Por su parte, la Academia, fiel a su costumbre, sigue sin pronunciarse. Perelada La Butterfly más ambigua La provocación de esta versión para danza vino de la mano de esa ruleta de géneros propuestos, ya que los personajes estaban sexualmente distorsionados POR PABLO MELÉNDEZ- HADDAD l final Ramón Oller se salió con la suya y en este atrevido montaje que se inspira sobre todo en la Madama Butterfly de Puccini, y que se estrenó el domingo en el Festival de Perelada, el coreógrafo consigue llevarse al público por un viaje en el que lo estético cobra importancia capital gracias a una magnífica fusión de técnicas, estilos y formatos dancísticos y teatrales, a la escenografía de Joan Jorba, al vestuario de Mercè Paloma y a la conseguidísima- -aunque discretamente ecualizada- -banda sonora de Guti, con Renata Scotto y Plácido Domingo como referentes fundamentales. El cometido era difícil: adaptar a la danza una ópera, con un texto sujeto con pinzas a una partitura, A obliga a caer en ciertas incoherencias momentáneas que confunden, pero al aceptar la convención todo parece encontrar su sitio. La provocación, que la había, venía de la mano de esa ruleta de géneros propuestos, ya que casi todos los personajes estaban sexualmente distorsionados respecto del original, creando un juego ambiguo, y hasta inquietante, en el que se confunden técnica y contenido: en medio del juego de géneros que proponen las diferentes disciplinas teatrales tradicionales japonesas aparecen la típica loca oriental que flipa con lo americano mientras la rival de esta Butterfly masculinizada acaba siendo nada menos que una mujer, una Ana Criado que, apoyada en Ella Fitzgerald, se convierte de manera espléndida en chica mala... Ramón Oller explica sin tapujos ni complejos las sensaciones que le provocan esta historia tan actual como universal. Adereza con un prólogo en el que aparece ese padre de Cio- Cio- San siempre ausente y omnipresente a la vez, que aquí se suicida ante sus ojos; o dándole especial importancia al casamentero Goro- -interpretado por una Sandrine Rouet maravillosa- un alter ego del propio coreógrafo que actúa como coro, ángel y testigo del drama, solución que ya ha podido apreciarse en otras creaciones suyas como en Carmen o en su particular versión de La casa de Bernarda Alba Impactante resultó la entrada de Butterfly, tanto como la presencia de ese desagradable amigo americano, el chispazo de butho o el juego con los diferentes elementos de atrezzo Coreográficamente, si bien al final se cae en una cierta monotonía, también es verdad que se crean momentos de alto vuelo imaginativo como en el intenso dúo de amor o en ese desesperado Un bel dì vedremo Una Butterfly ambigua, fiel reflejo del signo de los tiempos. Una escena de la Madama Butterfly propuesta por Oller ABC