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28 Internacional ATMÓSFERA DE CAMBIO EN LA HABANA MARTES 15 8 2006 ABC Fidel está bien, pero esto va lento aseguran a ABC en su entorno familiar más próximo Los cubanos definen la situación como toque de queda silencioso en las calles y el control de los servicios de inmigración reflejan la especial situación que se vive en el país caribeño PALOMA CERVILLA ENVIADA ESPECIAL LA HABANA. Con un escueto Fidel está bien, pero esto va lento comentaban a ABC gente cercana al entorno familiar del comandante algunos datos sobre el estado de salud de Fidel Castro, una incógnita que recorre las calles de La Habana hasta finalizar a la misma puerta del Sime, el centro hospitalario donde se encuentra ingresado el dirigente cubano, y donde realmente está la clave sobre la evolución de su enfermedad. En el entorno más próximo al comandante nadie diría que hay preocupación por su estado de salud. Mientras el mundo se pregunta ¿qué le pasa a Castro? ¿estará muerto? ¿cuál es su enfermedad? ¿qué pasará si fallece? algunos miembros de su familia siguen su vida diaria con normalidad, a la espera de un desenlace que puede cambiar la historia de Cuba. No se aprecian signos exteriores de nerviosismo y la mayoría de ellos reflejan una serenidad difícilmente comprensible en las actuales circunstancias. La isla es hoy un país a la espera de destino y, como dicen algunos cubanos, la situación es de un toque de queda silencioso Sólo la amplia presencia policial, parejas de tres y cuatro agentes cada pocos metros de calle, cuando antes iban de dos y dos y distribuidos en una mayor extensión, delatan la especial situación en la que vive el país. b La amplia presencia policial Ya en el aeropuerto internacional José Martí, la mirada intimidatoria de la agente de inmigración que te coge el pasaporte y te mira a los ojos fijamente, queriendo descubrir lo que no hay, y te pregunta, y al final, si tienes suerte, te sonríe y te invita a disfrutar de Cuba; esa oficial del servicio de inmigración es ya una señal de que aquí todo se analiza hasta el mínimo detalle, quién entra en la isla y por qué. El ambiente no es como antes Quienes conocen Cuba aseguran que el ambiente no es como el de antes, que las noches se han apagado y que sólo los fines de semana recobran la intensidad y la luz de siempre, con sus ritmos y sus sensaciones, que tanto atraen a los turistas de todo el mundo. Sólo La Habana Vieja, ese trozo de ciudad tan decadente, pero a la vez tan rico en detalles y en sentimientos, mantiene esa magia que atrapa y que a nadie deja indiferente. La calle del Obispo, el centro neurálgico de la capital, hervía la noche del pasado sábado, como tantas veces, a pesar de ese toque de queda silencioso del que hablan algunos. Sólo la imposibilidad de comer algo, más allá de las diez y media de la noche, en algunos de los más recomendables establecimientos de la zona, te hace comprender que se está en un lugar que vive en otro tiempo. Las ofertas de sexo fácil, el aco- so de los cubanos a las extranjeras, nada ha cambiado de lo que ha sido siempre y sigue siendo el pulso de la capital. Quizás, si hay algo que ha cambiado, es la autocensura de los cubanos para hablar de sí mismos y de su futuro. Quizás, también ellos sienten que, ahora, puede presentarse la oportunidad de empezar a ser un poco más libres. Cuando se les pregunta, bajan la mirada y susurran una respuesta, apenas imperceptible, pero dejan entrever que el país, cuando falte Fidel, puede ser más activo Algunos, los más temerosos sobre su futuro, incluso piensan que los norteamericanos invadirán la isla. Otros, no quieren opinar sobre el futuro, pero sí añoran la libertad y se lamentan de la falta de oportunidades y de las escasas posibilidades que les permite su sueldo de no más de cien euros al mes, en el mejor de los casos; en el peor, no llega a los doce. Cartillas de racionamiento Pero la necesidad aviva el ingenio. Las cartillas de racionamiento sólo permiten a cada cubano disponer mensualmente de seis libras de arroz (unos seis kilos) dos libras de frijoles, tres de azúcar blanca, tres de azúcar oscura, siete huevos cada quince días y un botellín de aceite. Comprar es prácticamente imposible con los sueldos tan bajos y la picaresca se ha adueñado de las calles de La Habana, todo es posible para conseguir algo más de lo que les ofrece el Estado. Trabajadores de hoteles, comercios y restaurantes se afanan por poder llevarse a casa algo más que su trabajo y se las ingenian para cuadrar balances imposibles de las ventas realizadas. La jabita esa bolsita de plástico que llevan la mayoría de las cubanas Fidel Castro sostiene una daga que perteneció a Bolívar, regalo de cumpleaños de Hugo Chávez colgada de su brazo, es el lugar donde se mide la dignidad de un pueblo, donde guardan todo aquello que son capaces de llevar a casa, por encima de las normas establecidas. Ese ingenio, que nace de la necesidad, también les ha llevado a buscar fórmulas para poder saber lo que pasa dentro de su país. Y es Miami el lugar en el que pueden encontrar respuestas a sus preguntas. Para poder acceder a la televisión cubana se han fabricado antenas con un cable ilegal, pero las multas han aumentado para reprimir este ansia de libertad. La gente fabrica antenas con cables ilegales para poder ver las noticias de la televisión en Miami La danza del viejito de la calle Mercaderes LA HABANA. No hay cubano triste, al menos en apariencia. A pesar de los pesares, todos regalan una sonrisa, en la mayoría de los casos, a cambio de nada. Son capaces de llenar una noche de ritmos, con un suave baile o una simple mirada. En la noche cubana del pasado sábado, en la esquina de la calle Mercaderes con la del Obispo, hay un viejito que ha escapado a la represión, y sólo por su sonrisa. Es el único al que la Policía deja bailar en la calle, porque no molesta a los turistas y no pide nada decían la noche del sábado a ABC los trabajadores de los establecimientos cercanos. En el minúsculo espacio de unos pocos centímetros cuadrados, el viejito al ritmo que le marcaba un grupo cubano, se contorsionaba de una forma tan suave, que a penas se notaba que estuviera bailando, si no fuera por el movimiento de sus brazos y por los gestos de un rostro marcado por los años. El viejito habita en un cruce de calles de la Habana Vieja, frente al Hotel Ambos Mundos, donde vivió Hemingway en 1930 y cerca de lugares marcados por el peso de la historia, como la plaza de la Catedral o la de Armas. En esta última, un mercadillo de libros ofrece los principales títulos de la literatura española, como Cervantes, Pérez Galdós o Blasco Ibáñez, junto a ellos, infinidad de volúmenes de la revolución y del Che Guevara. Por aquí, también te hablan de España y, para sorpresa de algunos, muestran su deseo de que ¡ojalá España siga siendo una, porque allí hay muchas etnias! Preguntan por el País Vasco y en algunos sitios hay banderas de Euskadi, y cuando dices que España está unida te preguntan ¿y qué es el País Vasco? ¿por qué lo llaman país? En esta zona histórica de la capital, la restauración de algunos edificios, que lleva a cabo Eusebio Leal Spengler, está cambiando algo la fisonomía de la ciudad. Pero tiene una razón: la próxima reunión de los países no alineados. El viejito de La Habana ABC