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6 Opinión LUNES 14 8 2006 ABC EL OBSERVATORIO EN FIN MEMORIA ILEGÍTIMA A memoria no es la Historia (ni las stories la history) Si la Historia es revisable, ampliable, si está necesariamente sometida al proceso intelectual de la verificación, es porque tiene o busca el carácter objetivo de la ciencia. No es un dogma y puede ser, por tanto, interpretable de modo dispar, pero siempre respondiendo a ese criterio. Lo demás es memoria, siempre subjetiva, personal, selectiva. El mito de la memoria histórica es una mera contradicción en los términos. La palabra memoria, me parece, también tiene su trampa, porque no se trata tanto de recordar- -aunque haya muchos que recuerden con emoción, con compasión GERMAN o con odio- sino de misYANKE tificar la Historia hasta que se acomode a los objetivos de ahora. Se trata de colocar a los promotores de la memoria en el lugar que desean, en la tradición que ellos mismos se crean. Hay una memoria, que Todorov llama ejemplar que puede servir para obtener lecciones adecuadas, para evitar las injusticias de hoy. Albert Camus anota en sus Carnets un encuentro en casa de Malraux en el que, además del anfitrión, estaban Sartre y Koestler. Se discutía, al término de la Segunda Guerra Mundial, sobre aquello que pudiera servir para fundar- -o refundar- -una moral cívica que hiciera posible la democracia y la libertad. Camus sabía que algunas de las cosas que habían ocurrido pertenecían a la esfera del Derecho, en donde deberían dirimirse las responsabilidades y podría también hacerse ahora, pero propuso, para lo que pertenecía a la política y a las relaciones entre los europeos, el ejercicio de reconocer que todos se habían equivocado. Sólo Koestler mostró entusiasmo por esta sugerencia de memoria ejempar. La otra, la que sacraliza los recuerdos encerrados en el círculo del resentimiento, la que pretende servir como legitimación de un poder, es la que también Todorov define como abuso de la memoria y para cuyos efectos recomienda incluso un tanto de olvido. Con la pasmosa reivindicación de la República, no histórica, sino política (y más que política, dogmática) sólo con el objetivo de legitimar el Gobierno actual y aventando los odios para deslegitimar a la oposición, se pretende añadir algo más a la legitimación de las urnas, que debería servirle sobradamente al PSOE. También Evo Morales, por ejemplo, ha querido añadir a los votos la paradójica legitimación de los dioses y los vientos andinos. No es exactamente lo mismo pero sirve a idéntica meta: si se asientan esas legitimaciones (memorísticas, místicas o mistificadoras) la oposición, incluso ganando las elecciones, no conseguirá tenerla. No habrá entonces verdadera alternancia democrática y la hipotética derrota será sólo un lapsus, un error histórico La falsa memoria que pretende convertirse en legitimadora de la formulación de un presente- -no del presente más abierto y justo- -es, a la postre, ilegítima. ANTES DE MÍ, EL DILUVIO Juliá, cuyos lúcidos argumentos sobre las falacias de la A política española del último siglo sufre de males mal llamada memoria histórica (memoria e historia son que no desaparecen con el tiempo, como si se hutérminos que se excluyen) han debido hacer reflexionar bieran vuelto crónicos, como si no los pudiera cual Gobierno de Zapatero sobre la inoportunidad de un rar ninguna experiencia acumulada. Estas ganas pueriproyecto de ley que finalmente se aprobó con bastantes les de inventar fórmulas nuevas, la ingenua demagogia mutilaciones. dominante, la necesidad que parecen tener de plantearlo Juliá, un firme defensor de la Segunda República pese todo en términos abstractos y absolutos... el impulso que a todo, analizaba en un reciente trabajo las caunos lleva a la ruptura de la continuidad nacional sas de su caída. El título ya es esclarecedor: Pue- -continuidad que ni desde el punto de vista de blo republicano, nación católica. Para el autor, el las ideas ni desde el punto de vista de los hombres desastroso final de la República no estaría insrompieron ni la revolución francesa ni la alemacrito en su prematura proclamación, para la que na- Todo ello ha hecho creer en el extranjero España no estaría preparada; ni tampoco en el que se ha producido en España un profundo divormodo revolucionario de su instauración Sucecio entre las necesidades puramente oligárquicas dió simplemente que los nuevos gobernantes se de la clase triunfante y las necesidades sociales del país ¿La España actual? No, la de hace 75 EDUARDO SAN convencieron de que todo el pueblo era republiMARTÍN cano y que la República había sido aceptada coaños. Pero lo parece. Son palabras con las que Jomo nueva forma de ser nacional Y actuaron en consesep Pla, corresponsal en la Corte para LaVeu de Cataluncuencia. Todo lo que no era republicano eran restos ya, expresaba en julio de 1931 sus primeros desencantos insignificantes del pasado con un régimen republicano que había sido instaurado Errores recurrentes. Zapatero ha fundado su furor lesólo tres meses antes. Si alguien las hubiera escrito hoy, gislativo de carácter social en la supuesta existencia de nadie podría tildarle de extravagante o de agorero. un insoportable déficit democrático achacable a los goLa ruptura de la continuidad, inventar fórmulas nuebiernos anteriores, una apreciación que no refrenda ninvas. Ninguna nación europea importante, subraya Pla, gún observatorio internacional de derechos, para los que ni siquiera en periodos revolucionarios, se ha atrevido a la España anterior a Zapatero ya se contaba entre las priinaugurar la historia con cada cambio de régimen. Aquí meras democracias del mundo. Y ha gobernado con delo hacemos con cada cambio de gobierno. Y no sólo del masiada frecuencia como si todo el pueblo fuera sociacentral; también con cada relevo en un ejecutivo autónolista o nacionalista. mo, o en un ayuntamiento. Hay que alterarlo todo, hasta Sería estúpido establecer cualquier parangón entre la las equipos contra incendios. Antes de mí, el desastre. España contemporánea y la de hace 75 años. Pero asomClaro que, en el caso de Galicia, la concurrencia del vibra comprobar cómo ciertos errores se perpetúan en el rus del clientelismo agrava la enfermedad originaria. tiempo. Nada hace presagiar, a pesar de ciertos augurios, Como hace cien años. que nos encontremos al borde de ningún abismo, pero Otra de esas dolencias es la confusión entre una mayosería ingenuo creer que los erroresno terminan pagándoría electoral, o social, y el conjunto de los ciudadanos. se. Nadie puede asegurar, por ejemplo, que las grietas Bajo los efectos de esa alucinación, nuestros gobernantes que empiezan a abrirse no pasen a mayores. Lo recordahacen política, no en atención a los intereses de todos los ba el pensador inglés H. A. L. Fisher: la democracia no es gobernados, sino preferentemente de los grupos de inteirreversible porque una generación puede perder todo rés que les llevaron al poder. Un error denunciado, tamel terreno ganado por la anterior bién respecto de la República, por el historiador Santos L L -Mi partido os necesita. Seréis nuestra cuadrilla de retenes en Galicia. Evitaréis que se reavive la concordia de la Transición.