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D 7 13 8 06 16 D 7 LOS DOMINGOS DE El autor propone la creación de una asignatura que en el colegio, los institutos e incluso la Universidad enseñe las reglas elementales de la convivencia. Reglas que pasan por aceptar al otro, conocerse a uno mismo, robustecer una personalidad estable y abierta a los demás, saber reírse de uno mismo, no magnificar las cosas que nos ocurren y ser tolerantes. Reglas para el matrimonio y la familia ENRIQUE ROJAS PSIQUIATRA ¡Qué complicada es la convivencia! urante el verano las relaciones familiares se hacen más cercanas e intensas. Por eso las disfrutamos más y también, hay posibilidad de roces y atranques. Siempre me ha sorprendido que en el currículum nuevo del bachillerato, el de los últimos años, plagado de asignaturas opcionales, no exista una que se ocupe de un tema tan importante como éste: la convivencia. Convivencia es tolerancia y respeto del espacio del otro. Es el arte de hacer la vida fácil, sorteando con garbo las dificultades del trato. No conozco nada tan complejo como la convivencia diaria. Yo le llamo el gran examen, porque en su ejercicio uno es explorado en el aspecto físico, psicológico, en el cuidado de los detalles, en saber pensar en la otra persona, en el modo de combatir el egoísmo. La convivencia conyugal es la hora de la verdad. Cuando dos personas salen y se están conquistando la una a la otra, hay un cierto juego de apariencias inevitable. En la conquista amorosa se da el triunfo de la técnica psicológica. Luego viene la realidad: el amor hay que trabajarlo día a día, a base de detalles pequeños. Uno de los síntomas más evidentes de poca madurez afectiva es pensar que con estar enamorado es suficiente para que aquello funcione; ¡qué error! Los fracasos conyugales están a la vuelta de la esquina. Es una pareja rota y otra; y una familia que no se habla y otra en la que la agresividad hace su agosto. A esto podemos quitarle importancia y decir: no pasa nada, son los tiempos que corren, lo bueno es ir cambiando hasta que encuentres la que te va mejor, o si los hermanos chocan, son circunstancias que no puedes evitar. Esto ya no es pensamiento débil al estilo de Gianni Vattimo, aquí lo que aflora es una incoherencia flagrante y un sinsentido grave. Buena parte de lo que somos se equilibra en torno al mundo afectivo. Tener los sentimientos centrados da armonía. Y tenerlos descentrados, sin un eje de gravedad sano, produce conflictos y tensiones permanentes. Muchos dramas personales se podrían evitar conociendo unas reglas o líneas magistrales. Quiero espigar algunas ideas que de entrada nos sitúan frente a este asunto: D En la conquista amorosa se da el triunfo de la técnica psicológica 1. Para estar bien con alguien hay que estar primero bien con uno mismo. Esto quiere decir que es menester haber ido elaborando una personalidad con un cierto equilibrio, bien conjugada, en donde se compensen adecuadamente los diferentes planos e ingredientes que circulan por sus pasillos. No se trata de tener una forma de ser perfecta, redonda y sin fallos, que eso sería una utopía, sino que se ha ido alcanzado un estilo de persona que es como un canto rodado, de esos que están en las aguas de los ríos y que el paso de la corriente los ha ido dejando pulidos, sin aristas, lisos en sus esquinas, llanos, sin dobleces, limando y corrigiendo esas pequeñas y medianas cosas negativas que hacen de las relaciones algo difícil y poco soportable. 2. Evitar tener una hipersensibilidad para el contacto diario, que hace que uno se sienta fácilmente herido, afectado, dolido por cual- EFE Las cuatro REGLAS Buena parte de lo que somos se equilibra en torno al mundo afectivo. Tener los sentimientos centrados da armonía. Y tenerlos descentrados, sin un eje de gravedad sano, produce conflictos y tensiones permanentes. Muchos dramas personales se podrían evitar conociendo unas reglas o líneas magistrales. Quiero espigar algunas ideas que de entrada nos sitúan frente a este asunto quier fricción o desencuentro o por tener puntos de vista y criterios distintos de los que anidan en el otro. Dicho de otro modo: haber sido capaz de ponerse uno una especie de coraza protectora o pasamontañas, para que muchas de esas cosas pequeñas, menudas, pero que están ahí permanentemente, no sean capaces de afectarnos y resbalen y se pierdan, descendiendo con su movilidad hacia otros campos. Tener esta especie de plumífero psicológico necesita tiempo, aprendizaje, esfuerzo, lucha, tesón y, también, sentido del humor para reírse uno de sí mismo y de estas pequeñeces. 3. Aprender a darle a las cosas que nos suceden la importancia que realmente tienen. Este es un signo central de madurez de la personalidad. Los latinos tenemos una cierta tendencia a convertirlo todo en algo grave, magnificamos lo que nos pasa y nos venimos abajo con cierta frecuencia por ello. Saber tomarnos las cosas que nos ocurren con otro temple: justeza de juicio para valorar los acontecimientos personales con moderación y cabeza. 4. Instruirse en destrezas y habilidades para la comunicación, hasta alcanzar una educación para el contacto familiar y social. No somos islas. Todos estamos rodeados de otras personas y hay que saber cómo moverse con soltura en ese medio. Aquí se agolpan muchos matices que se abren en abanico al mediterráneo multicolor del tú a tú: del rosa al amarillo, del blanco al negro, en los azules ricos y desbordados donde se posa el azul claro permanente, y el añil fuerte y sus estrías. Por ejemplo: tener el don de la oportunidad; saber que todo se puede decir, pero depende de cómo se diga; disculparse con sencillez cuando se vea que es mínimamente necesario; dar las gracias cuando nos hagan algo positivo; cuidar el lenguaje no verbal (una sonrisa a tiempo, una mueca, una carantoña, etc. y ¡adelante! todas esas estrategias son vehículos que suavizan la vida compartida. La perseverancia en el amor es el milagro profano. Madurez es haberle tomado la medida a la vida. La alegría corre por debajo, alimentando todo lo bueno que vemos y sale a superficie. La convivencia estable, sana, con capacidad para volver a empezar de nuevo y cerrar heridas, nos hace crecer como personas.