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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE El cante en los adentros Carmen Pacheco, paya, cantaora, cambió su apellido, por cierto muy válido para el mundo del flamenco, por el de Linares, su tierra natal. El consejo fue de Juanito Valderrama, fantástico como persona y profesional que creyó que era más adecuado. A la artista le pareció bien, porque, a fin de cuentas, donde quiera que fuese llevaba consigo el lugar en el que su madre la trajo al mundo. Tradicional, ortodoxa y versátil- -no hay contradicción en los términos- tenía el arte muy en los adentros. De padre ferroviario- éramos una familia muy humilde, siempre se ha dicho eso de ganas menos que un maestro o que un ferroviario residió, ella que ahora puede definirse como viajera del mundo, en diversas ciudades españolas. Hasta los 12 años permaneció en Linares, pero, debido a los traslados del padre de familia, vivió en Ávila y Madrid. En los 4 ó 5 años que estuvo en Ávila, estudió taquimecanografía, como tantas chicas que parecían ineludiblemente marcadas para el secretariado. Pero el arte vivía en ella. Ya a los 8 años cantaba, mientras su padre, gran aficionado, tocaba la guitarra. El traslado del trabajador de ferrocarriles a la capital de España supuso que Carmen, 17 años, llegara adonde entonces se cocía el flamenco No iba a quedarse al margen. Empezó el tiempo de las peñas, de los concursos radiofónicos- ¡cómo proliferaban! -y de los primeros premios. ria con el mío. Soy honesta a la hora de darle al flamenco la categoría que tiene. Soy coherente y he hecho mi carrera pasito a paso. En ese camino ha habido dos personas muy importantes: su padre y su marido, el periodista Miguel Espín, con quien ha tenido tres hijos: Miguel, de 27 años; Eduardo, de 22, y Lucía, de 19. De ellos, los dos más pequeños han elegido el camino artístico. El primero es guitarrista y actúa con su madre; Lucía estudia arte dramático. En la casa en la que conviven, junto con la madre de la cantaora, toca el corazón un ambiente muy afectivo, como de todos para todos. Esa unión se dio entre Antonio Pacheco y Miguel Espín a favor de una muchacha que se dispo- nía a entrar, por la puerta grande, en un mundo, el del flamenco, que, a pesar de haber contado con mujeres sabias, las miraba de modo machista. Hasta en mi juventud estaba mal visto recuerda. El caso es que Antonio y Miguel, grandes aficionados, comienzan una amistad que lleva al segundo a conocer a Carmen. Se casaron en 1977. Se duele hoy Carmen de que su padre no haya vivido muchos de sus triunfos, aunque reconoce que, cuando murió, ella ya era una artista de cierto nombre. ¿Cómo se enfrentó a la pena? -Me ayudó mucho mi profesión, que es vocacional y, por tanto, satisfactoria para el espíritu. Las cosas terrenales no te apoyan. Mi padre falleció en 1986 y estuve cuatro meses sin cantar. Cuando, por fin, me enfrenté al público, canté tranquila, con confianza, pero fueron instantes muy emotivos. A los 4 años iba a sentir otro golpe muy duro, la muerte de mi hermana Ilu. Son momentos muy fuertes, porque personas que forman parte de ti pierden el ser al morir. -Ha hablado de situaciones en las que cantar conmueve de forma especial. ¿Ha llegado al éxtasis? -Tanto, no. Me quedo con los días en los que actué estando de luto. Confiesa que haber ido en su profesión paso a paso supone un trabajo enorme. Como mujer, le ha aportado al flamenco, por ejemplo, una Antología de la mujer en el cante donde están todos los estilos que ellas han creado Lo he hecho porque tiene mucha importancia superar las dificultades que por ser mujeres han sufrido. Al entregarse al flamenco han dado mucho -Y usted, ¿qué da como paya? Porque, ya sabe, hay gitanos que afirman que el flamenco es cosa de su raza. -Al flamenco se le llama cante jondo, profundo, y lo jondo se asocia con antigüedad. Esto no significa que un joven no pueda ser lo auténtico, lo puro. Sin embargo, lo que tiene que quedar claro, es que el flamenco, en España, es el cante andaluz. Los gitanos, cuando llegaron a Andalucía, aceptaron su música autóctona. Es cierto que le han aportado cosas, pero no lo han inventado. No es verdad que los pa- Carmen Linares, durante un concierto yos seamos unos intrusos. Un gitano de Hungría o Rumania no canta flamenco. Así que los gitanos no pueden decir que quien no lo sea, no tiene lo que ellos, porque eso significaría que el flamenco es suyo. La historia demuestra que el flamenco estaba en Andalucía cuando ellos llegaron. Creo que los artistas, payos o gitanos, lo han elevado a la categoría de arte. Ha viajado por los cinco continentes, pero pocas como ella han sabido combinar lo profesional y el hogar. Declara que en su casa canta poco por aquello del herrero y el cuchillo de palo. Además, añade, ya no se oye cantar en las casas como antes Sabe, por otra parte, que actuar como cantaora en el extranjero carece de la plástica del baile. En su opinión, no obstante, aunque no entiendan la letra, saben de una buena voz y de música -Dígame algunas letras, porque creo que quien no entiende lo que dicen se pierde mucho. Presumes que eres la Ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la Ciencia no me has comprendío a mí Ésta la cantaba La Serneta. Hay otra que me gusta mucho: Soy piedra y perdí mi centro y me arrojaron al mar y al cabo de mucho tiempo mi centro vine a encontrar MADERO CUBERO La historia demuestra que el flamenco estaba en Andalucía cuando los gitanos llegaron. Creo que los artistas, payos o gitanos, lo han elevado a la categoría de arte Cada artista tiene su estilo y yo pasaré a la historia con el mío. Soy honesta a la hora de darle al flamenco la categoría que tiene. Soy coherente, he hecho mi carrera pasito a paso Confiesa que cada cante depende del momento. Lo hay para la soleá (un cante que borda, sin que esto quiera indicar que no lo consiga con otros) la taranta, la bulería... Acepta de buen grado que dos de sus hijos se dediquen a lo que desean, porque no olvida que ella también eligió, aunque les habla de lo duro y sacrificado que es vivir del Arte. Se duele de que en TVE, una televisión pública, donde su marido trabaja en el campo de los musicales desde hace años, no se atienda el flamenco. Hace 15 años que no se graba nada sobre él. Ahora Miguel está recopilando el programa Flamenco para el Canal Clásico informa. Además de llevar el flamenco a los escenarios, Carmen ha intervenido en obras como Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipcíaca o La Historia de los Tarantos en zarzuelas como La verbena de la Paloma o La Chulapona sin olvidar el jazz, con la orquesta francesa Minotauro. Tiene numerosos y merecidos galardones, entre ellos La Medalla de Plata de la Junta de Andalucía (1997) y el Nacional de Música (2001) En su vida no ha habido escándalos. Su cometido ha sido llegar al corazón de la gente, darlo todo y que el público lo sienta.