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13 8 06 CULTURA Y ESPECTÁCULOS El cantante taiwanés Huan Pinyuan se desmelenó en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín y cantó Qin Ren (Amante) animado por atrevidas bailarinas ABC China Revolución pop en Tiananmen Dos cantantes taiwaneses ofrecen el primer concierto de música pop que se celebra en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, sede del Parlamento del régimen comunista chino POR PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL l Gran Palacio del Pueblo de Pekín, el monumental edificio estalinista donde el régimen comunista celebra cada año su Asamblea Nacional Popular, fue invadido el viernes por la noche por una sonora ola revolucionaria: la del pop, para más inri, de Taiwán, la isla que se independizó tras la Guerra Civil en 1949 y cuya soberanía es reclamada por el continente. Enclavado junto al mausoleo de Mao Zedong en plena plaza de Tiananmen, donde el Ejército masacró en 1989 a cientos de estudiantes que exigían reformas democráticas, este templo del socia- E lismo con características chinas acogió el primer concierto de música pop de sus cinco décadas de Historia, con mayúscula. Así, el mismo escenario donde el Gran Timonel lanzó la Revolución Cultural fue ocupado por dos famosos cantantes taiwaneses, Richie Jen y Huan Pinyuan, que convirtieron el Parlamento chino en un gigantesco karaoke donde 6.000 entregados admiradores no pararon de corear sus melosos temas de amor. Aunque el repertorio se basó en baladas románticas con letras nada comprometedoras, hubo momentos impensables hasta hace poco en el coloso oriental. Justo donde el primer ministro Wen Jiabao anunció en marzo los objetivos del XI Plan Quinquenal, Huan Pinyuan se desmelenó con una pieza tan sugerente, Qin Ren (Amante) como las dos bailarinas que se contoneaban a su lado, una de las cuales terminó quedándose en sujetador. Por su parte, Richie Jen hizo que algunos cuadros del PC- -en el aparcamiento había numerosos todoterreno con las matrículas blancas del Ejército- -se revolvieran en su butaca al aparecer con un traje adornado con dragones, prenda que estaba reservada a los emperadores. Y eso que tanto él como Huan Pinyuan comenzaron el recital fusil en ristre y ataviados con abrigos del Ejército, mientras seis bailarinas uniformadas desfilaban al ritmo de la marcha militar que sirvió como obertura. Así de comedida empezó la noche, pero concluyó con un trepidante can- can que esas mismas bailarinas despidieron al modo tradicional: dándose la vuelta y levantándose las faldas para enseñar las nalgas al respetable. Entre medias, dos horas de pop azucarado en las que los asistentes gritaron a sus anchas en un palacio que, a pesar de denominarse del Pueblo ha estado tradicionalmente cerrado a la ciudadanía. Pero últimamente se ha abierto con musicales como Cats o Chicago por lo que es posible que la tribuna desde la que Mao pregonó las virtudes del comunismo acoja algún día un concierto heavy Por lo visto ayer, los chinos aplaudirían a raudales.