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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE España ico nt Tánger lá Tetuan At no Fés Rabat éa Oc MARRUECOS Islas Canarias Marraquech Agadir Zagora Argelia Sahara Occidental Mauritania Mali 0 Km 150 Excursiones desde Tetuán En las inmediaciones de la ciudad se pueden visitar las ruinas de Tamuda (de origen probablemente cartaginés) y las fuentes de Buselmal, con una hermosa naturaleza y magníficas vistas. A 60 kilómetros está Xauen o Chefchauen, la otra gran ciudad andalusí de Marruecos, con una medina más reducida que la de Tetuán, pero llena de encanto. Allí reposan los restos de la princesa Sida Al Horra. originarias. Cuando el sultán cedió, aceptando reconocer la soberanía española sobre el territorio que hoy ocupan ambas plazas (legalmente son pues españolas en su extensión actual desde 1860, y no desde el siglo XV como a menudo se dice) Tetuán fue restituida a Marruecos. Con el establecimiento del Protectorado, en 1913, se convertiría en la capital de la zona española, hasta 1956, en que los tetuaníes tomaron con sus revueltas parte activa en el proceso de recuperación de la independencia del reino alauita. De todo ello queda huella en la actual Tetuán. Singularmente en la joya de la ciudad, la antigua medina, que en su mayor parte data del siglo XV y que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998. Cuando la descubrí, en aquel primer viaje de 2001, quedé fascinado. No sólo es la medina más grande de Marruecos, por delante de otras más conocidas, como la de Fez o Marrakech. Es quizá una de las más auténticas, por no haber sido víctima del turismo masivo como lo han sido otras. Su estructura laberíntica, que se va encaramando a la montaña, seduce al visitante a pesar del aspecto ajado de muchas de sus casas. Y es que, para decirlo todo, la medina sufre un serio deterioro, pese a las obras de rehabilitación, en parte sufragadas con fondos españoles a través de la Junta de Andalucía, que en este esfuerzo, así como en el de recuperación de edificios levantados durante la época del Protectorado, se ha distinguido como benefactora de la ciudad, reconociendo de paso la fraternidad histórica con la capital andaluza de Marruecos. Sobre otras impresiones, de la primera vez que estuve en Tetuán recuerdo el anochecer en la medi- na, a medida que las sombras se iban adueñando de los callejones, y luego en la explanada frente a una de sus puertas, con el perfil de la alcazaba dibujado contra el cielo que al oscurecerse proporcionaba a la estampa una ilusión de ingravidez. Si en el interior de la medina el ocaso propiciaba la disminución de la actividad, en las plazas de la ciudad extramuros alimentaba el bullicio. Una de las cosas más reconfortantes de Tetuán, como de otras ciudades marroquíes, es la vitalidad del gentío, que inunda la vía pública con una marea de rostros y cuerpos que van y vienen, muchas veces sin un propósito definido, tan sólo por el placer de hacer notar su presencia. Mirándolos, el viajero habituado al trajín siempre utilitario de la ciudad europea recupera por un instante otro sentido del tiempo, que aquí no empuja, sino que acoge. Los vericuetos de la medina Aunque en realidad la medina de Tetuán la conocí mucho mejor un par de años después, en 2003, cuando la visité en compañía de otro amigo ceutí, Carlos, y de su buen amigo y espléndido pintor Ahmed Amrani. Con la soltura de un antiguo niño de la medina, Ahmed nos condujo por sus vericuetos más recónditos, atravesando los zocos y la mellah (o judería) hasta llegar a las viejas mezquitas de pequeños minaretes y las plazuelas escondidas de la Tetuán primigenia. Al paso nos iba refiriendo historias vividas que revolvíamos con las de los libros. En el viejo barrio de los judíos, imposible no evocar la impagable descripción de Pedro Antonio de Alarcón, sorprendido cuando entró allí en 1859 por el extraño español en que le saludaban los hebreos y hondamente perturbado por la semidesnudez con que sus mujeres hacían ostentación de pobreza. Comparándolos con los musulmanes, escribiría: Conocí en seguida la profunda diferencia que hay entre raza y raza. ¡Cuánta dignidad en el Agareno! ¡Qué miserable abyección en el Israelita! Sin comentarios. En esa segunda visita, terminamos tomando un té en un modesto patio, a la sombra de unos árboles frutales. En la medina las casas se abren hacia dentro, desde las calles sólo se ve la cáscara exterior a la que los habitantes del lugar apenas conceden importancia. Tal vez, siglos atrás, aquel patio lo hubiera sido de alguna casa señorial, levantada por uno de los pudientes granadinos que hubieron de cruzar el estrecho con lo puesto y con las llaves de la casa que habían abandonado al pie de la Alhambra. En la Tetuán del siglo XXI, era la morada de un puñado de familias humildes que malvivían del trapicheo y la artesanía. Pocos tés me han sabido tan ricos como el que tomé allí. En las plazas se alimenta el bullicio. La vitalidad del gentío inunda la vía pública con un sentido del tiempo distinto al europeo