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13 8 06 EN PORTADA El estratega del fuego que retó en 30 incendios a la Guardia Civil POR V. RÓDENAS Llegó a sentir que había con él un pulso, y cuanto más hablaba la Prensa de sus crímenes, más se animaba a cometerlos. Hoy le seguimos vigilando (Cabo primero Javier Díaz, perseguidor del incendiario de Galapagar) odas las noches se prendía algo junto a los investigadores y no se veía a nadie. Los guardias apostados en el monte- -en un área de la sierra de Guadarrama comprendida entre los términos municipales de Galapagar, Colmenarejo, Villalba, San Lorenzo de El Escorial y Torrelodones- trataron durante semanas de cazar al criminal que jugaba de aquella manera con ellos, sin saber nunca por dónde les iba a sorprender el fuego, frente al que contaban únicamente con el auxilio de su equipo de transmisiones, para dar la alarma, y las botas, que tantas veces sacaron del boscaje chamuscadas, porque, enloquecidos por la ferocidad del fogonazo, habían tratado de apagar las llamas con sus propios pies. Estábamos ante un in- T cendiario como la mayoría de los que actúan en Galicia- -nos dice el cabo primero de la Guardia Civil Javier Díaz, investigador del Seprona- Un asesino en potencia A primeros de agosto del pasado verano, y ante la oleada de incendios en los montes madrileños, se ponía en marcha la Operación Antorcha con un despliegue de cerca de doscientos efectivos. El desánimo era tremendo. Los fuegos se sucedían: se producía una llamarada y, a cinco kilómetros y casi al mismo tiempo, surgía otra. Alguien estaba jugando con nosotros. Estudiábamos su método y tratábamos de anticiparnos siguiendo secuencias según las estadística. El asunto se había convertido en un reto Explica el especialista cómo el criminal utilizaba artificios, medios estudiados y perfeccionados para tener una coartada perfecta en todo momento. Frío y calculador, perfecto conocedor del terreno, iniciaba el fuego en mitad del monte, incluso dos y tres focos en una corta distancia, para lo que se valía de mechas lentas, hacía surcos en el terreno pa- ra que no hubiera gramíneas y asegurarse que el recorrido de la mecha, hasta el conglomerado de cerillas colocado en el extremo, no contactara por conducción a algún material que pudiera arder fácilmente, como una simple pajita y así medir con precisión su tiempo, de tal manera que cuando saltaba el fogonazo él ya estaba en su domicilio El incendiario se ensañó especialmente con los municipios de Galapagar y Colmenarejo, aunque aún no se ha podido saber por qué- tal vez un asunto pendiente de cuando vivía allí Echó el órdago a la grande el 6 de agosto, cuando desde el control de mando se llegaron a plantear la posibilidad de desalojar una urbanización galapagueña ante el pavor de los habitantes, aterrados por el acoso del fuego a que se vieron sometidos durante días. La detención Por fin, el viernes 2 de septiembre, Galo Sebastián Núñez, de 32 años, era detenido por la Policía Local de Galapagar que, tras encontrar su vehículo, le intervino una mochila que contenía numerosas mechas retardantes, mecheros, piñas secas y otros efectos, muchos de ellos de fabricación artesanal, que servían para hacer lumbre. Luego, en su casa de Collado Villalba, los agentes hallaron, entre otras cosas, dos bidones de gasoil, que el detenido declaró eran propios, como el resto delos hallazgos, de su condición de jardinero ocasional. Porque Galo Sebastián, hermano y compañero de piso del segundo responsable del retén antiincendios de El fuego más importante del incendiario de Galapagar se produjo el 6 de agosto de 2005 EFE