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13 8 06 EN PORTADA ¿Por qué lo hacen? Historias de pirómanos (Viene de la página anterior) sólo 17 años y sobre sus jóvenes espaldas pesaban tres años de tratamiento a una piromanía en la que quedó atrapado mientras daba candela a un terreno de la directora de su colegio que le tenía, como declaró, una manía sin razón Luego llegaron otros impulsos incendiarios, un centro de vigilancia de menores y la cura prescrita por su psiquiatra que le obligó, primero como voluntario y, después ya como trabajador retribuido, a prestar servicio en el Cuerpo de Extinción de Incendios de Ibiza y Formentera. Pero hoy, aquel chico, que pasó dos años en prisión, es un hombre rehabilitado y libre, ciudadano ejemplar como voluntario de Protección Civil. Porque José Ferrer, contra todo pronóstico, logró sepultar, entre 300 hectáreas de cenizas en que convirtió la cala de San Vicente, un destino fundido a las brasas. El psiquiatra Al doctor Larbán Vera, que fue el que trató a Pepito y recomendó que para aplacar sus ímpetus se esforzara, codo con codo con sus víctimas, apagando otros desaguisados, no le sorprendió esta semana la llamada de la periodista; le ha reconfortado, después de 18 años en que lo que trascendió a la opinión pública, y a un sector no pequeño de mis compañeros, fue sólo el chiste: psiquiatra manda pirómano a hacer de bombero y prende el monte ¡No sabe cuánta fue la amargura y la soledad de aquellos días! Hasta tuve que pedir un informe a la Sociedad Española de Neurosiquiatría, que fuera aval a mi prescripción. Hoy la evidencia me da la razón: Pepito, al que traté durante cuatro años está totalmente curado y lleva una vida normal, a pesar de que a la mayoría de estas personas se las considera incurables En el caso de José- -explica el psiquiatra- -la piromanía no estaba ligada a un componente perverso de la personalidad de tipo sádico o psicopático, y con ese diagnóstico había muchas más posibilidades de recuperación. En Suiza, donde pasé diez años, traté a otros pirómanos antes que a José y tenía la experiencia de este trabajo en relación estrecha con la justicia o con ciertos sectores sociales con los que aquí en Ibiza era muy fácil entrar en contacto, porque nos conocíamos todos. Por eso pude ponerme al habla con el sargento Sevilla del Parque de Bomberos y facilitar el acceso a José al servicio de repoblación. Luego, lo que José hiciera en el parque era un asunto del parque con él Cómo lamenta el doctor que entonces se hablara tan poco del tratamiento psicoterapéutico, que Pepito el Pirómano trató su patología trabajando en un retén de bomberos, en Ibiza era nuevo: la justicia reparadora que hoy se aplica con tanta frecuencia en España, llevaba años funcionando en el extranjero Nunca más volvió a la cárcel. Pepito era un pirómano y no un incendiario- -insiste Larbán Vera- en que la motivación va más allá de lo enfermizo, aunque se tienda a generalizar hablando de unos y de otros indistintamente. Craso error. En la curación fue decisiva la actuación ejemplar tanto del pirómano, que no dudó en someterse al tratamiento, como la de los damnificados, que renunciaron a pedir cualquier indemnización, y de la Justicia, que limitó la condena a los días de cárcel preventiva, ni uno más, tras los cuales Pepito salió de prisión para convertirse en un hombre nuevo. Como ve, fue un acto solidario a muchos niveles; pero la gente en España prefirió quedarse con el chiste ABC era lo fundamental, hasta el punto de que cuando lo dejó a los seis meses, creo recordar que trastornado por el fallecimiento del padre, fue lo que provocó que volviera a las andadas y ocasionara el incendio del 19 de agosto de 1988- -uno de los mayores que se recuerdan en la isla- La idea de que trabajara en la repoblación forestal era para que Pepito se identificara con la víctima: si él veía los daños que causaban acciones como las suyas e incluso contribuía a repararlos, mejoraría su situación. Y eso no El sargento de Bomberos Porque lo cierto es que Pepito no fue a dar con su patología a ningún departamento de repoblación forestal, sino al mismo corazón del cuerpo de extinción del Parque Insular