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40 Madrid DOMINGO 13 8 2006 ABC Jóvenes y deportistas que buscan un dinero extra para cubrir gastos. Es el perfil al que responden gran parte de los 6.600 socorristas inscritos en la región. Donde hay agua, están ellos Zambullida vigilada TEXTO: SARAH ALLER FOTOS: V. INCHAUSTI MADRID. Más de 6.600 socorristas están inscritos en la región para vigilar cada uno de nuestros movimientos en el agua. Casi todos responden a un mismo perfil: jóvenes y deportistas que buscan un dinero extra para cubrir gastos. Desde el año pasado, la Comunidad de Madrid obliga a su registro en la base de datos de la Agencia Laín Entralgo, un organismo de la Consejería de Sanidad que pretende hacer más fácil su identificación como profesionales. La normativa es clara: atienden todas las piscinas públicas y aquellas privadas que superan las 30 viviendas. Los requisitos que deben cumplir para poder ejercer su profesión también están delimitados. Tienen que haber cumplido los 16 años; acreditar formación en primeros auxilios, soporte vital básico (40 horas) y socorrismo acuático (40 horas) deben permanecer en las instalaciones desde que se abre hasta que se cierra la piscina y, según la normativa, su número dependerá de las dimensiones del vaso. Aquellas piscinas con 500 metros cuadrados de lámina de agua abrirán sus puertas con un único socorrista. Habrá dos profesionales para las instalaciones entre 500 y 1.000 metros cuadrados y, a partir de cada 1.000 metros, habrá un socorrista más. Además, las piscinas madrileñas deberán tener elementos de apoyo de rescate- -como salvavidas- Habrá al menos dos y estarán situados en lugares visibles. Mariana Tripaldi Socorrista de piscina privada Aquí es relajado. En Buenos Aires vas al rescate Mariana vive en permanente verano. Los inviernos madrileños los pasa en las piscinas de Buenos Aires, su tierra natal, y en el invierno porteño viaja a Madrid para trabajar en urbanizaciones privadas. Aquí es más relajado. Casi todo el mundo sabe nadar y sólo te tienes que imponer para que no den volteretas al tirarse, para que se duchen y que no entren calzados. En Buenos Aires, en cambio, las piscinas públicas están llenas de gente que no sabe nadar. Allí vas al rescate, la gente se ahoga realmente. No estamos regañando porque corra junto al agua sino vigilando porque hay gente que puede morir La formación, sin embargo, es más completa en Argentina. Es un curso de un año, el título es internacional y estamos especializados en rescate acuático ya sea en mar, en un río, una piscina o un lago. Aquí, tengo amigos que con un curso de 15 días, 3 de ellos en el agua, son socorristas La clave, dice, es la prevención. Si impones disciplina desde el primer día, la gente se conciencia Julián Velasco Piscina del barrio del Pilar Dejan al niño en el agua y se van a tomar el sol Hacer mortales, volteretas en el aire, coger a un crío en volandas y lanzarlo al agua... En cuanto el socorrista se da la vuelta, la piscina se convierte en territorio comanche Julián repite verano al borde del agua y dice que, lo peor, con diferencia, son los padres. Dejan a los niños que casi no tienen idea de nadar y se van a tomar el sol. Entonces, tú te encuentras a un crío agarrado a la orilla, le tienes que preguntar quién es su padre y acercarte a él para decirle que se haga cargo. Eso, los domingos, es una locura Entre el chaval que a veces se cuela para robar mochilas, los críos que gritan ¡me ahogo! y luego resulta ser una broma y aquellos que se hacen los valientes sin manejarse muy bien en el vaso, Julián confiesa que no se aburre. Hay gente muy simpática, que pregunta lo que puede y no puede hacer. Yo no regaño, doy toques de atención y trato de ser amable La policía- -cuenta- -hace ronda dos veces al día por el interior de las instalaciones. Está bien, porque a veces evitan situaciones un poco incómodas. Ayer, por ejemplo, estaban unos chavales entrando y saliendo de los vestuarios de las mujeres. Al compañero de seguridad no le hacían caso y como coincidió con la ronda de los agentes se terminó el problema. Cuando alguien da problemas, lo único que se puede hacer es llamar a seguridad y echarlo de las instalaciones Del curso que hizo en la Federación Madrileña de Socorrismo y Salvamento le gustó todo. Es un combinado de clases teóricas y prácticas en el que se aprende a remolcar accidentados, primeros auxilios, maniobras de reanimación, natación... Él lo hizo por afición al deporte y por dinero. Voy ganando un poco de experiencia, porque estoy estudiando INEF, y, además, el dinero que me saco me viene bien. Siempre que me salga, lo cogeré, hasta que tenga un trabajo serio. La verdad es que no estoy a disgusto