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ABC DOMINGO 13 8 2006 25 Los musulmanes del Reino Unido piden en una carta abierta a Blair que cambie su política exterior Chávez viaja a Cuba para celebrar hoy el 80 cumpleaños de Castro, cuya salud sigue siendo un misterio Al menos 11 soldados hebreos y más de 40 milicianos de Hizbolá han muerto en menos de 24 horas Tsahal Cerca de 30.000 soldados y reservistas israelíes han penetrado en algunas zonas hasta 12 kilómetros más allá de la frontera, hasta la orilla del ya famoso río Litani, al que casi nadie sabía situar hace unos días en los mapas de la región. Hechos, no palabras, que hablan del mayor desembargo aéreo de soldados en territorio enemigo en la historia del Ejército israelí a bordo de los helicópteros de transporte. Israel ha incumplido de manera sistemática los textos de Naciones Unidas sobre el conflicto de Oriente Próximo. Ahora cambian las tornas y se aferra a la 1559 y a la 1701 sobre el Líbano Resoluciones con dos varas de medir J. CIERCO. CORRESPONSAL Once soldados muertos Hechos, no palabras, que hablan la feroz resistencia de Hizbolá, de al menos 11 soldados hebreos muertos y decenas de heridos, de más de 40 milicianos de Hizbolá muertos en menos de 24 horas, según el Tsahal Hechos, no palabras, que hablan de bombardeos aéreos que dejan más de 30 libaneses muertos, algunos miembros de un convoy civil que huía de la zona de combate; que hablan de la lluvia, mucho más tímida que en días anteriores, de los cohetes Katiusha (pro vez primera en varias semanas la cifra no sobrepasó el centenar, algo es algo, qué poco) que hablan ya de más de 1.100 libaneses enterrados, de más de 130 soldados y civiles israelíes fallecidos. Hechos y palabras, palabras y hechos que no aclaran, cada uno los conjugará como le venga en gana para vender a los suyos y a los otros dividendos tan poco claros que nunca cotizarían en bolsa, qué han sacado de esta guerra sus protagonistas a ambos lados de la frontera. Hechos y palabras que, por mucho que se imponga el sentido común, el menos común de los sentidos por estos lares, no han espantado el odio y el resentimiento, ni han saciado la sed de venganza, sino todo lo contrario. Hechos y palabras que han sembrado vientos que tarde o temprano, tiempo al tiempo que también en Oriente Próximo es el mejor juez para los pitonisos, se convertirán en tempestades. Tempestades que quizás asolen otros territorios, también probablemente el sur del Líbano, quizás el norte de Israel, como el ahora sonriente Irán, la más intranquila Siria. Nadie se atreve a decir hoy que la guerra terminará mañana. Nadie osa hoy cantar una victoria labrada ayer. Nadie se fía aquí de nadie, no ayer, ni hoy, ni mañana, como lo demuestran las palabras, en árabe, en hebreo, en inglés, pero sobre todo los hechos. Continuará. JERUSALÉN. Resolución 1701, aprobada en la noche del sábado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York sobre el cese de las hostilidades en el sur del Líbano. Punto 18 y penúltimo: Acentuar la importancia, y la necesidad de conseguirla, de una paz global, justa y duradera en Oriente Próximo, basada en todas las resoluciones correspondientes, incluidas la 242 del 22 de noviembre de 1967 y la 338 del 22 de octubre de 1973 Resolución 242. Adoptada seis meses después de terminada la Guerra de los Seis Días. Exige la instauración de una paz justa y perdurable en Oriente Próximo que pasa por la retirada del Ejército de Israel de los territorios ocupados (en la versión inglesa del texto, más ambigua, no se menciona el artículo los durante el reciente conflicto y el respeto y reconocimiento de la soberanía, la integridad territorial y la independencia política de cada Estado de la región, y su derecho a vivir en paz en el interior de fronteras reconocidas y seguras, al abrigo de amenazas y actos de fuerza Resolución 338. Adoptada durante la Guerra del Yom Kippur. Confirma la validez de la resolución 242 y apuesta por el inicio de las negociaciones de las partes implicadas en el conflicto de Oriente Próximo para instaurar una paz justa y duradera Mencionar así, de corrido, resoluciones del Consejo de Seguridad o de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Oriente Próximo- -ahí están también la 194, del 11 de diciembre de 1948, que insta a permitir el retorno de los refugiados palestinos que lo deseen a sus hogares; la 446, que denuncia la ilegalidad de los asentamientos judíos en los territorios ocupados, que constituyen un obstáculo para una paz global, justa y duradera la 443, que aboga por la no destrucción de casas de la población civil árabe en áreas ocupadas; y la 425 de marzo de 1978, en este caso referida también al Líbano, donde se instaba a Israel a retirarse de modo inmediato e incondicional del país del cedro, algo que no haría hasta mayo de 2000 con la herida abierta de las llamadas Granjas de la Shebaa -permite comprobar hasta qué punto son poco de fiar en esta convulsa parte del Ehud Olmert Peres cree que Tel Aviv ha visto satisfechas todas sus exigencias con la resolución 1701 planeta los textos de la ONU que, en teoría, obligan a los actores a cumplirlas. Textos, resoluciones que pueden ser incumplidos de manera sistemática por una de las partes, en este caso Israel- -ha ignorado 46 en las últimas décadas, mientras que otras 40 desfavorables eran a la postre vetadas por su aliado, Estados Unidos- -pero que a la vez sirven para poner fin, al menos de momento, al menos dentro de unas horas, a una guerra que ya duraba un mes, que ya había superado la barrera de los mil doscientos muertos (1.100 libaneses y más de 120 israelíes) que había costado un millón de libaneses despla- zados, de refugiados, de evacuados; que había provocado el pánico a medio millón de israelíes en el norte del país; que había puesto patas arriba a un Oriente Próximo que hace tiempo que no está patas abajo. El Gobierno de Tel Aviv considera ahora positiva la resolución 1701 de la ONU. En palabras del veterano viceprimer ministro israelí, Simón Peres, se ha producido un hecho sin precedentes: hemos visto satisfechas prácticamente todas nuestras exigencias Peres, quien en más de una ocasión ha tenido que lidiar con la incomprensión diplomática internacional, justificaba la victoria de Tel Aviv en el campo de las palabras, que no en el de batalla, por la presión militar esgrimida por Olmert, que ha permitido cambiar una versión inicial del texto muy desfavorable a Israel Más aún, desde que en septiembre de 2004 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptara la resolución 1559 sobre la retirada siria del Líbano y el desarme de Hizbolá, Tel Aviv se había aferrado a ella como clavo ardiendo, justificando incluso la posibilidad de lanzar ataques concretos y puntuales contra las milicias chiíes o las bases palestinas cercanas a Damasco y a Beirut bajo el paraguas de dicho texto. Siria se retiró pero Hizbolá seguía sin desarmarse, sin retirarse del sur del Líbano, siendo una amenaza probada amparada por Irán. El blindaje hebreo La doble vara utilizada para medir las resoluciones de la ONU ha sido siempre uno de los principales problemas que los países árabes y musulmanes han esgrimido para criticar el blindaje hebreo en el seno de la comunidad internacional. En esta ocasión, las tornas han cambiado de manera considerable. A diferencia de tiempos no demasiado pasados, Israel ha conseguido en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas lo que no ha sido capaz de ganar en el campo de batalla durante más de un mes de guerra incruenta contra Hizbolá y gran parte del Líbano. Ahora hace falta que todas las partes involucradas en el conflicto cumplan lo acordado. Y eso sí que sería noticia de portada en Oriente Próximo.