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ABC DOMINGO 13 8 2006 Nacional EL DRAMA DE LOS INCENDIOS 17 ÁLVARO DELGADO- GAL EL TORO DE FALARIS F José Meirás Cibrán contempla uno de los panales que su familia perdió por el fuego trofeo un pequeño recuerdo de lo que fue y tardará décadas en volver a ser. Por el camino, sentados o apoyados en los coches, grupos de hombres exhaustos descansan junto al monte en ruinas. Un vecino retira los escombros renegridos del muro de su casa. Las llamas llegaron anoche hasta allí. cuatro años fue la auténtica capital del chapapote Allí nos recibe su alcalde, Alberto Blanco, que nos da cuenta del alcance del desastre en la zona: Sólo una mente retorcida puede hacer esto. La franja noroeste de este Ayuntamiento se ha quemado por completo. No sé cuánto puede ser, quizá mil hectáreas. Hoy, todo está controlado, porque ya se quemó todo y esa es la única forma en que se puede controlar... La danza de las abejas Más adelante, en medio de la nada, José Meiras Cibrán se afana en desmontar lo que queda de un grupo de colmenas que han ardido sin remedio. Son de mi sobrino- -dice con tristeza- -y están totalmente destruidas. ¿Cuál es el motivo de todo esto? ¿Ver a la gente desesperada por aquí? No me explico que no sepan de dónde salen estos incendios, después de tantos años de fuego... Nunca nos había afectado tanto. Todas las parroquias de Camariñas se han quemado. El fuego solo se apagó cuando llegó hasta el mar Mientras José Meirás sigue hablando, algunas abejas se acercan a lo que hasta ayer mismo fue su hogar. Están visiblemente desorientadas, sin rumbo. Vuelan en círculo y sus requiebros en el aire son bruscos, violentos, muy diferentes al volar firme y seguro de una abeja en plena actividad. Los panales están llenos de miel recalentada. Y de los miles de cadáveres de sus hermanas. Quedan un par de colmenas sanas allí, al fondo, pero da igual. Esas abejas morirán también. ¿Dónde van a buscar comida ahora? Hacia Muxía, las cosas no pintan mucho mejor. Hasta siete columnas de humo se pueden contar a las diez de la mañana en el tramo de carretera que va desde Camariñas hasta la que hace Falta de previsión Alberto Blanco está convencido de que todos los fuegos han sido intencionados: Es por la forma en que están hechos Y de que sus efectos se notan más este año por la falta de previsión de la Xunta: Antes, desde las torretas se vigilaba por la noche, ahora no. Antes había cuadrillas y ahora no. Dependemos de la solidaridad de los vecinos. Y de los voluntarios. Ha venido a colaborar un grupo de Madrid, amigos de los tiempos del Prestige Alberto Blanco es alcalde de Muxía desde hace 11 años, y afirma que antes, en cuanto se divisaba un conato se intervenía, no se le dejaba crecer. Ahora no existe esa vigilancia y los fuegos se propagan sin control. Y no es cierto que haya más incendios. Hay los de siempre, o menos. En nuestro municipio, por ejemplo, hemos tenido menos conatos que otros años. La diferencia es que este año no hemos podido atenderlos Para mí es mucho peor esto que el chapapote. El Prestige fue una catástrofe ecológica, pero tuvo solución, y al año siguiente estábamos funcionando con normalidad Cee, Corcubión, Muros, Finisterre... Es un viaje por la desolación, los cielos negros y el olor a humo pegado al cuerpo. En el camino, un paisano que estuvo de voluntario para limpiar chapapote se lamenta: Algo muy malo debimos hacer en esta tierra para recibir tanto castigo. ¿Que si esto es peor que el chapapote? Y usted, qué prefiere, ¿que le corten un brazo o una pierna? ¿Que si esto es peor que el chapapote? Y usted, qué prefiere, ¿que le corten un brazo o una pierna? alaris, tirano de Agrigento, ideó un toro broncíneo y hueco que mandaba calentar al rojo vivo y en el que metía luego a sus víctimas. Los aullidos, oídos desde fuera, producían el efecto de un mugido o de un bramido. La fantasía tremebunda podría servir para representarse lo que ahora está ocurriendo en Galicia, con una ligera rectificación. No percibimos gritos mudados en bramidos, sino un montón de despropósitos. Entre ellos destaca la teoría que la ministra Narbona ha expuesto sobre el origen de las quemas. La ministra ha sugerido como causa probable el despecho de brigadistas antiincendios despedidos por la Administración actual. Se tira del hilo de Ariadna como si fuera un sedal y se descubre, ¡oh maravilla! prendido del cabo opuesto y agitando la cola, al PP. El negocio es redondo. Al Nunca Mais del Prestige cabe sumar otro Nunca Mais aunque el Gobierno y la responsabilidad ante la opinión recaigan ahora en el Partido Socialista. La ministra Narbona se ha retractado pero la insinuación, retomada oblicuamente por Rubalcaba, queda ahí, vibrando en el aire. Comporta una falta absoluta de integridad elevar a reflexión oficial un cuento de viejas. Ha sido detenido, de acuerdo, el miembro de un antiguo retén. Pero también ha sido detenida una viejecita de 73 años sospechosa de haber provocado 31 incendios desde 2004. Mientras no existan evidencias sólidas, el deber de un Gobierno es hacer algo útil y dejar a un lado elucubraciones maquiavélicas y, mientras no se demuestre lo contrario, gratuitas. Vayamos a lo serio. La respuesta desastrosa de la Administración gallega- -desastrosa con independencia de cuál sea la causa de los incendios- -no puede ser ajena a hechos graves y comprobados. La Xunta actual desmanteló los servicios antiincendios que había creado la Administración anterior y puso como condición para ser empleado en esos menesteres el conocimiento del gallego. El resultado ha sido la aniquilación de un departamento que había llegado a funcionar realmente bien y su substitución por otro de nueva planta y, en el mejor de los casos, menos experto que su predecesor. La cosa, en conjunto, no tiene buena pinta. Lo de la exigencia del gallego suena a fanatismo del Bloque. Consta también que los servicios antiincendios se manifestaron hace dos o tres semanas en la Plaza del Obradoiro en petición de más medios. A esto se añade que el Plan Especial de Fraga había sido suspendido y que no ha terminado de elaborarse el que está previsto en su lugar. El resultado ha sido un fallo masivo de los protocolos de actuación, complementario de la inexplicable pasividad de las autoridades. Pérez Touriño ha estado desaparecido durante un tiempo considerable, y se han perdido días preciosos antes de solicitar las ayudas de otras Comunidades Autónomas o de Europa. El fenómeno no es nuevo, y debe ser estudiado dejando de lado toda pasión partidaria. En Andalucía, en CastillaLa Mancha, en Cataluña, se han registrado descoordinaciones preocupantes ante emergencias parecidas. El descontrol administrativo pudo comprobarse también con motivo de la crisis de las vacas locas. La conclusión provisional es que los procesos descentralizadores, contra lo que se dio por supuesto de forma dogmática y precipitada, no representan, automáticamente, una garantía de eficacia. Reparemos de nuevo en el caso gallego. En principio, resulta recomendable que la tarea de cuidar los bosques recaiga en instituciones situadas sobre el terreno. El pino atlántico es distinto del mediterráneo, y el cultivo y división de la tierra, y los conflictos que ello genera entre los vecinos, se conocerán siempre mejor a pie de obra que desde una remota covachuela del Madrid ministerial. Esto, sin embargo, integra sólo un lado de la cuestión. El otro lado no es técnico. Es institucional y político. ¿Alcanzan los estándares que se aplican en los ámbitos autonómicos el rigor y seriedad suficientes? ¿Podrían estar sujetas las administraciones regionales a veleidades sectarias que se han superado en los Estados modernos y consolidados? ¿Genera el gobierno regional clientelismos y complicidades incompatibles con el funcionamiento correcto de una administración? ¿Es posible conciliar la estructura autonómica con organismos transversales que susciten sinergias y eviten el caos? Se trata de preguntas legítimas, que sería necio silenciar invocando las virtudes inmarcesibles del Estado autonómico. Se trata de preguntas que versan sobre problemas y hechos materiales, no de especulaciones de filosofía política. Se trata, también, de preguntas que no tienen por qué recibir la misma respuesta en todos los sitios, en el País Vasco igual que en Galicia o Andalucía. De exégetas del mejor de los mundos posibles andamos sobrados. Lo que interesa, es conocer la realidad. El desastre gallego depara una ocasión excelente para ponerse a investigar en serio. Lo ideal sería que el Gobierno dejara de echar balones fuera y que el PP resistiera la tentación de pescar en río revuelto. Tentación formidable, habido cuenta del uso terrorífico que los socialistas hicieron de la tragedia del Prestige Pero no hablo de lo que los partidos harán, sino de lo que deberían hacer. ¿Y los ciudadanos? Les toca comportarse como tales, y no como hinchas de fútbol o como un Suso del Toro cualquiera. Empezando por la ministra Narbona.