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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE gento del regimiento de infantería Borbón número 17, y le correspondía proteger con su sección de ametralladoras el ferrocarril TetuánCeuta, una línea de veras emocionante, ya que transcurría en su mayor parte del trazado por territorio controlado por los rebeldes a las órdenes de Mohamed ben Abd elKrim el Jatabi, o para ser más exactos, de su lugarteniente en el Yebala, Ahmed Jeriro. Dos tipos de cuidado, que lograron plantar cara a los invasores europeos, españoles y franceses, por aquellas fechas empeñados en domesticar, con más pena que gloria, al león marroquí. Abd el- Krim acabó derrotado y exiliado en El Cairo y Jeriro, muerto en combate y enterrado por los suyos en un lugar secreto de las montañas. En cuanto al ferrocarril, ya no existe. Sólo quedan los edificios de las estaciones, las terminales de Tetuán y Ceuta y las intermedias, que recuerdan con sus nombres españoles (como la de Castillejos) un pasado olvidado. En aquel primer no- viaje a Tetuán, mientras subía por la apacible costa mediterránea hacia Ceuta, por la carretera paralela al recorrido de la antigua vía férrea, me acordé todo el tiempo de mi abuelo y de sus aterrorizados reclutas (él era veterano de África, pero sus hombres eran novatos y cuotas, es decir, señoritos que habían pagado por no ir a Marruecos, pero que, ante el avance de los rebeldes, habían sido movilizados a pesar de todo) condenados a hacer aquel trayecto a tiro limpio frente a la estampa azul del mar. Y pensaba que un día desharía ese camino en sentido inverso, con Tetuán como destino y objetivo de mi viaje. Lo cumplí cuatro años después, en la primavera de 2001. Dos buenos amigos de Ceuta (y beneméritos libreros) Yola y Germán, me acercaron en su coche. Salimos de Ceuta a mediodía, con tiempo para pasar en Tetuán toda la tarde y volver a dormir. Algo que, por cierto, tuve que hacer bajo una presión comparable a la de Cenicienta, ya que me había olvidado el pasaporte y crucé la frontera con un permiso excepcional de la policía marroquí, que se me otorgaba dejando en prenda el DNI y contra mi compromiso de regresar antes de las once de la noche. El viaje de Ceuta a Tetuán es en sí mismo algo digno de mención. Ya de entrada sacude al viajero con la visión de la frontera, donde el contrabando desde la plaza española impregna con violencia el paisaje: centenares de personas con inmensas bolsas de plástico negro repletas de mercancía, pasándola a Marruecos, en medio de los agentes que actúan inmisericordes contra aquellos que no han pagado el peaje convenido o no gozan del amparo de quien tiene la influencia adecuada. El espectáculo de la brecha Norte- Sur en estado puro, que todos deberíamos ver, sentir y respirar para tomar conciencia de dónde estamos y de lo inmerecidos que son tantos privilegios que gozamos y exigimos. Librería Alcaraz, uno de los muchos símbolos de fraternidad histórica con España España ico nt Tánger tlá Tetuan oA an Fés Rabat é Oc MARRUECOS Islas Canarias Marraquech Agadir Zagora Argelia Sahara Occidental Mauritania Mali 0 Km 150 nas cabezas adornadas de blancos turbantes, las cuales se ocultan a medida que nos ven avanzar. Y percibimos distintamente los cañones, la bandera verde del profeta levantada en la Alcazaba, los arcos de herradura de dos puertas de la ciudad, los alicatados de colores que revisten los alminares, las agujas que los coronan, las blancas azoteas, a que dan acceso estrechos y bajos postigos; mil y mil accidentes de arquitectura, impregnados del más genuino orientalismo, del más característico gusto árabe. ¡Ah! nos parece un sueño Una versión menos inflamada Tetuán en internet Por su interés y por la información práctica en español, cabe recomendar la web www. playasdetrafalgar. com, que se ocupa de la ciudad en este enlace: http: www. playasdetrafalgar. com archivosmarruecos tetuan. htm. Más detallada aún, con sugerencias tanto de alojamiento como de comida y ocio, es la página http: atamditi. free. fr en francés. Sobre uno de los tesoros culturales de Tetuán, la música andalusí, consultar la página http: membres. lycos. fr duhri musica. htm primera vez. Del empeño hay dos cronistas insignes y bien diferentes: Pedro Antonio de Alarcón, que lo contó en sus Páginas de un testigo de la Guerra de África y Benito Pérez Galdós, que lo noveló en su Aita Tettauen El primero nos dejó una exaltada descripción de Tetuán, tal y como apareció a los ojos de las victoriosas tropas de O Donnell que le habían puesto cerco: Descubrimos, al fin, completamente a Tetuán. Sobre sus murallas aparecen algu- Un litoral poco explotado El camino, paralelo a la costa, recorre una zona donde es perceptible la actividad constructiva, aprovechando la oportunidad que brinda un litoral poco explotado y un mar de aguas generalmente calmas. No es extraño que al sur, hacia Cabo Negro, tenga una de sus áreas de esparcimiento favoritas el actual rey, Mohamed VI, cuya afición a la moto náutica le ha valido el apodo humorístico de Su Majesquí por parte de sus críticos. Tetuán aparece, al fin, colgada de la montaña. Es una mancha blanca imponente, coronada por una soberbia alcazaba. Aquella tarde de 2001, cuando me dirigía a Tetuán para entrar en ella, me fue imposible no acordarme de la impresión que había causado la ciudad a aquellos compatriotas que allá por 1859 la conquistaron por Durante mi primer viaje, Tetuán quedó archivada en la memoria como una caja del tesoro que algún día habría ocasión de abrir despacio y disfrutar mejor Don Benito daría una versión menos inflamada y más humorística en su novela. Aquella guerra absurda a partir de un nimio incidente fronterizo, presentada por los partidarios de O Donnell como reivindicación del orgullo nacional, emulación de Isabel la Católica y otros desatinos semejantes, se reduce a la peripecia de uno de aquellos vocingleros belicistas, metido a cronista de la campaña, que cae víctima del pánico del combate, mientras un estrafalario personaje, disfrazado de moro, se cuela el primero en la ciudad y enamora a una hebrea, en una suerte de versión decimonónica de haz el amor y no la guerra Siendo dos visiones tan dispares, al entrar en Tetuán ambas predisponen a sentir el momento como la violación de un misterio que en el pasado se ha vendido caro a quienes lo pretendían. ¿Qué hay dentro de Tetuán, detrás de sus murallas y en el corazón de su medina centenaria? Aquella tarde de 2001 lo vi al fin y, como Cenicienta, volví a la frontera antes de que caducara mi permiso y recobré mi DNI. Pero demoremos aún un poco desvelarlo. Nada de veras valioso se muestra enseguida.