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12 8 06 RELATOS VIAJEROS Ciudad blanca colgada de la montaña y coronada por una soberbia alcazaba. En la imagen, la antigua plaza de Primo de Rivera, hoy de Mulay el Mehdi, presidida por la iglesia Tetuán (I) Sin pasaporte Capital del Protectorado hasta 1956, Tetuán fue fundada a principios del siglo XII, pero, a partir de 1500, con la abolición de la religión islámica en España, se convierte en el enclave andaluz del norte de África POR LORENZO SILVA ESCRITOR FOTOS: LUIS DE VEGA ay lugares a los que uno simplemente llega o por los que simplemente pasa. Un negocio nos conduce y nos los pone a los pies, ya sea con tiempo suficiente para pasearlos y apropiárnoslos, o apenas para deslizarnos sobre ellos y guardar en la mochila una estampa apresurada. No es éste, para el autor de estas líneas, el caso de Tetuán, la ciudad de los ojos del manantial, según su nombre árabe. Lo que sigue es el relato de las tres visitas que hasta la fecha he he- H cho a esa ciudad norteafricana, o mejor dicho, de las tres visitas que hice y de la que dejé de hacer, que fue la primera y por la que acaso deba empezar. Ya aquella primera vez, en el tórrido verano de 1997, no me planté a las puertas de Tetuán de manera fortuita. Lo hice en el curso de un viaje por el antiguo Marruecos español del que acabaría saliendo un libro Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos y que venía dictado por una antigua necesidad familiar y personal. El día que llegué a Tetuán, venía de Rabat y tenía pensado pernoctar en Tánger tras recorrer toda la costa. El viaje por las carreteras marroquíes se complicó y la hora se nos echó encima. Si quería cumplir el recorrido previsto y llegar a tiempo a Tánger, debíamos pasar de largo de Tetuán, contentándonos con mirarla desde la carretera. Y eso fue lo que hicimos, con un sentimiento de frustración. Como consecuencia de ello, se dio la paradoja de que en un viaje que tenía como eje de la ruta el territorio del antiguo Marruecos español, y que recorría éste minuciosamente, omitimos nada menos que la que siempre fue su capital. Pero a veces los reveses viajeros son fecundos. Mientras veía alejarse en el retrovisor la ciudad blanca, supe que volvería para enmendar el fallo. Tetuán quedó archivada en la memoria como una caja del tesoro que algún día habría ocasión de abrir despacio y disfrutar mejor. Mi afición por Marruecos Entre otras cosas, pensaba, no podía dejar de ver la antigua estación ferroviaria española, desde donde casi todos los días, entre finales de 1924 y principios de 1925, había partido uno de los culpables de mi afición por Marruecos. Aquel hombre, con el que comparto nombre de pila y apellido, era a la sazón sar-