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12 8 06 EN PORTADA Rosados Los reyes del verano POR CARMEN FUENTES icen los expertos que el resurgimiento del rosado se debe a la mejora de la calidad del vino, en general, y a la desaparición de aquellos productores, ignorantes o desaprensivos, que lo depreciaron mezclando tintos y blancos de baja calidad. Y es que el rosado, del que se llegó a decir que lo mejor que tenía eran las botellas donde se envasaba porque servían como pies de lámpara, se ha ganado su nueva y buena reputación. La moda de los menús ligeros, el resurgir de la dieta mediterránea y el auge de la cocina oriental, han puesto a este vino en primer plano y conseguido que sus ventas se doblen. Para muestra, las últimas ferias en Madrid, donde bodegas de diversas Denominaciones de Origen han mostrado repetidamente sus mejores rosados al público, con catas, degustaciones y maridajes de platos. D Con mucha historia El rosado es un vino muy peculiar. Fue el primero que aprendió a hacer el hombre. Fue el vino de los fenicios y de los egipcios: las escenas de vendimia de sus monumentos, contempladas con ojos enológicos, reflejan la elaboración de rosados, porque la técnica empleada en ellas jamás serviría para el tinto. Y es que este caldo, a pesar de algunas prácticas, no es la mezcla del vino blanco con el vino tinto, sino el resultado de una técnica que consiste, por diferentes artificios, en no dejar exudar del hollejo de la uva más que en una pequeña parte de la materia colorante. De ahí que se produzca generalmente a partir de uvas tintas a las que se les extrae la piel en las primeras etapas del proceso de elaboración, justo cuando se ha conseguido el color preciso. La retirada del hollejo sirABC Los platos de la cocina oriental y los ligeros del verano casan bien con estos vinos ve también para reducir el contenido de taninos y la graduación. Los rosados se producen en todos los países vinícolas. Son vinos suaves, frescos, de agrado, capaces de estimular tanto la vista como el paladar, además de calmar la sed. Son vinos con una maceración muy corta, que se define fundamentalmente por su color. El rosado hay que beberlo en un periodo breve (1 año) aunque alguno aguanta más, pero como es un vinos fresco, sin demasiadas complicaciones, exento de madera (aunque hay excepciones) apetece cuando lo que se busca en él es esa fragancia, esa frescura y esa vivacidad que tienen. Corrían los años cincuenta cuando las primeras marcas de nuestro país adoptaron el término francés roseé (rosado) para denominar a estos vinos y aprovechar el tirón que tenían los roseé de Provence y de Bearn, porque iban con todo Hoy, el panorama ha cambiado totalmente y hay una mejora espectacular de los rosados españoles. Se están utilizando variedades de uva que generalmente se emplean para tintos: la Cabernet Sauvignon, la Cabernet Franc, la Merlot, la Pinor Noir, la Tempranillo... La elaboración de rosados a base de uvas rosada es rarísima. Es el caso del rosado del Jura (uno de los viñedos más antiguos de Francia) que proviene de una uva llamada Poulsard, cuya piel y cuyo jugo son también rosados. La mayoría de los rosados son de uvas tintas, o de mezclas de blancas y tintas (como en Valdepeñas, o Cigales) que se prensan y se encuban para que, a las pocas horas, comience una fermentación muy vigilada, justo el tiempo de lograr que el mosto consiga el color preciso (de 24 a 48 horas) Después, se continua el proceso como si se tratase de un vino blanco. ¿Rosado, clarete? La diferencia la marcó la Unión Europea, que prohibió etiquetar con la palabra clarete por conveniencias de algunos países miembros. Pero en España hay zonas, como Navarra o Castilla y León, que al rosado le llaman clarete. Los mejores rosados los hacen en la Provenza francesa, ligeritos, de color piel de cebolla y muy fragantes. En España los rosados nos gustan con más color, más estructura y más fragancia. Los mayores productores están en Navarra (con la Garnacha) Pero también hay buenos rosados en Penedés, Jesús Flores, en una cata de rosados en Madrid, la pasada primavera ABC Es vino de estación, aunque aguanta el año. También es el mejor hilo conductor de los menús informales y de aquellos que mezclan muchos platos diferentes