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ABC SÁBADO 12 8 2006 Internacional 25 VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO Israel no espera a la ONU y lanza su ofensiva terrestre contra Hizbolá hacia el río Litani El Gobierno de Tel Aviv aprobará mañana el alto el fuego consensuado en Naciones Unidas b Otros 40.000 soldados israe- líes, apoyados por carros de combate, blindados, la fuerza aérea y helicópteros de combate, comenzaron a entrar anoche en el Líbano JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Un mes después de su comienzo, la Segunda Guerra del Líbano empezó otra vez. Hoy se cumple un mes del secuestro en territorio israelí, por parte de Hizbolá, de los dos soldados hebreos. Tras cuatro horas de reunión en Jerusalén, Ehud Olmert y Amir Peretz tomaron como rehenes a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y ordenaron a su Ejército, desplegado desde hace semanas junto a la frontera y preparado para lanzarse al ataque nada más recibir la luz verde, dirigirse por fin hacia el río Litani. La decisión la había tomado el pasado miércoles el Gabinete israelí de Seguridad pero se había congelado 48 horas para comprobar el desarrollo de las negociaciones diplomáticas que se han tenido lugar en la sede de la ONU. A Olmert se le agotó la paciencia tras ser informado por Tzipi Livni, su ministra de Asuntos Exteriores, del estado de la cuestión. Poco le importaron las esperanzadoras noticias que llegaban del otro lado del Atlántico. Los embajadores de EE. UU. y Francia ante las Naciones Unidas, la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice (que se desplazó expresamente a Nueva York) Kofi Annan... parecía que todos iban a ponerse de acuerdo en cuestión de horas, que la resolución estaba a punto de pactarse. Así fue una hora después de iniciarse la invasión terrestre de manera, en principio, satisfactoria para las partes en conflicto. Aunque no tanto para Israel, que había tenido conocimiento de los últimos retoques del texto- -comentado entre Rice y Livni por teléfono- -y no le había gustado nada. Dolor por la muerte de un soldado israelí, enterrado ayer cerca de Tel Aviv AFP ro mientras se cierra o no un pacto en Nueva York, nosotros seguiremos adelante con nuestros planes militares Más aún cuando a lo largo del viernes, como viene siendo habitual en las últimas semanas, el norte de Israel volvió a sufrir, desde Haifa a Tiberiades, desde Safed a Nahariya, desde Carmiel a Kiryat Shmona por la tormenta de Katiusha más de 120, uno tras otro. El juego político- diplomático- militar comenzaba a resultar esquizofrénico. La ofensiva estaba en marcha entrada la noche pero, a su vez, las negociaciones diplomáticas seguían su curso en EE. UU. mientras que los fogones políticos israelíes echaban humo. Las noticias contradictorias se sucedían sin solución de continuidad. Bastaba con ver la cara de los presentadores de los telediarios israelíes para darse cuenta de lo mucho que cambiaban las tornas en apenas minutos. De hecho, con la luz verde dada al Ejército, con el anuncio del pacto logrado en la ONU, con la votación en el Consejo de Seguridad (que se dio a conocer de madrugada, hora española) con la incógnita de saber si el texto cerrado será del agrado de Beirut, de Hizbolá, de Tel Aviv, una fuente oficial hebrea, citada por el Canal 10 de la televisión, decía Diego donde antes Olmert había dicho digo: En principio, hasta conocer todos los detalles, el acuerdo alcanzado en Naciones Unidas es satisfactorio para Israel Ante este panorama no extrañaría que los 40.000 soldados israelíes, apoyados por carros de combate, blindados, la fuerza aérea y helicópteros de combate que comenzaron a entrar anoche en el Líbano, se dieran la vuelta mañana tras el acuerdo de la ONU, eso sí, tras pasar todo el día de hoy intentando limpiar la zona sur libanesa. Un día más de guerra pese al supuesto acuerdo alcanzado por las partes. Esquizofrenia diplomática De ahí la orden al Tsahal la movilización de los 40.000 soldados y reservistas acantonados junto a la frontera. Entraron por Zarit, por Metula, por Rosh Hanikra, decididos a cumplir la misión más delicada de su carrera militar, de su vida. Misión que podría quedar en suspenso en un abrir y cerrar de ojos, según confirmaron fuentes diplomáticas hebreas. Para ello sería necesario que se llegara, de manera satisfactoria para Israel, a un acuerdo en Nueva York. El propio Olmert se lo confirmó a Condoleezza Rice, quien le llamó poco después de conocer el inicio de la operación terrestre definitiva para calibrar si quedaba todavía algún margen para los esfuerzos negociadores. Sí le dijo el primer ministro de Israel, pe- Peres cree que la guerrilla tiene misiles para atacar desde más allá de la franja de seguridad J. C. JERUSALÉN. Hace tiempo que Simón Peres ha dejado de ser un actor protagonista en la política israelí. Se mantiene en el Gobierno de Ehud Olmert porque es, sin duda, un activo de puertas para afuera- -en Israel su prestigio no es tanto como en el extranjero- -aunque su opinión tiene mucho menos peso que hace unos cuantos años. Sin embargo, el veterano político sabe que la experiencia es un grado y que el diablo sabe más por viejo que por diablo. Simón Peres fue uno de los tres ministros miembros del Gabi- nete de Seguridad que el pasado miércoles se abstuvieron en la votación para lanzar la ofensiva militar terrestre definitiva contra Hizbolá hacia el río Litani. ¿Qué más da entrar diez kilómetros más o menos en el sur del Líbano? Esta guerra no es terrestre, sino balística e Hizbolá tiene misiles suficientes para atacar Israel desde mucho más al norte del río Litani Con estas palabras justificó su abstención Peres ante las cámaras de televisión israelíes. Ehud Olmert no tiene el mismo campo de acción que Peres. Es más: algunos analistas políticos israelíes sentencian que su carrera está finiquitada. El más rotundo fue el columnista del diario israelí Haaretz, Ari Shavit, quien ayer titulaba su artículo con tres palabras: Olmert debe irse De ahí las dudas del primer ministro israelí, atrapado entre su Ejército- -que ha sido el que ha llevado la voz cantante de la guerra- -y una sociedad en principio unánime en su apoyo al Gobierno pero que cada día se muestra más reticente ante la falta de resultados, el elevado número de muertos, los días transcurridos- -estamos ya ante la guerra más larga de la historia de Israel después de la de 1948- -y la constante lluvia de cohetes Katiusha que ha anegado el norte del país. Puede que Israel gane todavía la guerra. Lo que está claro es que Olmert ya la ha perdido.