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14 Nacional LA TRAGEDIA DE LOS INCENDIOS SÁBADO 12 8 2006 ABC 03: 00 Desde la parte superior del monte, una pala mecánica se dispone a hacer un corte en la ladera para que el fuego no llegue a Canceleira Cambio de planes. Volvemos al frente de abajo. Allí, después de la dura faena, los voluntarios, casi todos vecinos de la zona, se toman un descanso y aprovechan para beber agua y refrescos. Queda aún mucha noche por delante. Especialmente porque, para disgusto general, no han podido termiar la tarea. El corte de pala ladera abajo no ha podido completarse. No hemos podido llegar hasta abajo, así que en ese punto, entre donde termina el corte y el río, el fuego tiene el paso libre Pueblo con sorpresa. El conductor de la pala que debía hacer el corte en el frente de arriba no ha empezado todavía. Mejor, porque a José se le acaba de ocurrir una nueva idea: ¿Y si mejor hacemos con la pala un corte transversal por la ladera? Luego la volvemos a subir y bajamos por el otro lado, dibujando una V que mantenga el fuego encerrado El conductor de la pala reponde al agente forestal: ¿E que facemos con Canceleira... pregunta. Canceleira, en medio de la otra cara del monte, la 04: 00 La mayoría de los voluntarios se han ido ya, pero es necesario hacer un contrafuego para evitar que el frente se cuele por un resquicio en Paradela (Viene de la página anterior) 00: 30 lo largo de la cuneta, mirando hacia las llamas. Están separados por unos cinco metros entre ellos. Prender y luego un paso atrás, de espaldas al fuego, todo el mundo mirando hacia el otro lado, por si una chispa salta y cruza... La operación no dura más de cinco minutos. Al final, toda la zona queda carbonizada. Cuando el lume llegue hasta aquí, no tendrá nada que comer De nuevo al coche. Ahora que esta zona está asegurada, José quiere buscar una entrada, más allá del flanco izquierdo del fuego, para meter la segunda pala de la que dispone y aislarlo definitivamente. Para eso, entramos sin contemplaciones en el el monte con su todo terreno. José rastrea la zona, estudia el viento y decide, después de unos veinte minutos, que ha encontrado el lugar adecuado para que entre la pala: Lo cortaremos por aquí Sale la luna por detrás del monte incendiado. Es grande, roja y parece surgir del propio infierno, de entre el humo y las llamas de este monstruo ígneo que devora la tierra. En el orden de prioridades, lo primero es proteger la vida de los vecinos y sus propiedades primera que examinamos nada más llegar, es un pequeño pueblo deshabitado... Pero una mujer llega corriendo y desarma, e dos frases, la creencia: ¿Es usted José de la Fuente? Por favor, venga conmigo. En Canceleira las llamas están muy cerca de las casas... ra el descanso y la charla en esta noche de fuego... 01: 30 Argentina Perdiz. Argentina Perdiz ronda los ochenta años y desde hace cinco, desde que se fue Antonio es la única habitante que queda en Canceleira. Pero esta noche, el fuego ha hecho que, como antaño, las calles del pueblo rebosen de gente. Son propietarios, aunque no residentes, que han ido a velar por sus bienes. Vemos, desde abajo, las luces de la pala mecánica que empieza su trabajo, que tarda más de una hora en completar. Hay, por fin, un tiempo pa- 02: 15 No ha terminado. Toca ir de vuelta a Xende, el eslabón más debil de la cadena. Como estaba previsto, una motobomba echa agua al lugar donde no pudo llegar la pala. La situación, aunque no es definitiva, permanece estable. No sucede lo mismo cuando la radio informa de problemas en el tercer frente, el de Paradela. Allí, la otra excavadora, que tenía que llegar hasta el pueblo y hacer un corte hacia arriba, no puede pasar porque no cabe entre las terrazas de las casas. Hay que ir, de nuevo, a hacer una contra. La noche sigue avanzando y los hombres, todos voluntarios, están cansados en los tres frentes y empiezan a retirarse, a menudo sin una sola palabra de explicación. José hace un nuevo e inútil llamamiento por radio, para pedir con urgencia una cuadrilla. Son más de las cuatro y los vecinos no parecen estar ya por la labor... 04: 00 04: 30 Voluntarios improvisados. A estas alturas, en- Durante toda la noche, las llamas alcanzaron gran virulencia en los tres frentes principales del incendio tre José y nosotros casi no hacen falta las palabras. Nos mira y no ve a dos periodistas, sino a cuatro manos que pueden ayudar. Toca guardar cámaras y libretas de apuntes. Junto a los dos guardas del río, Jaime García, el fotógrafo de ABC el propio José y quien escribe estas líneas, bajamos hacia el hueco para cerrarlo de la única forma posible: con más fuego. A pocos metros del frente en llamas, todos empezamos a quemar, con mecheros y ramas, la vegetación, formando un nuevo frente opuesto al del incendio, que sigue avanzando. Parece mentira. Basta con acercar el encendedor a los arbustos para que se prendan de una vez, con llamas altas y violentas que todo lo devoran. Con todo el trabajo que cuesta apagarlo, qué sencillo resulta provocar un incendio... Una hora después, hemos terminado. Y nuestro muro de fuego ha cumplido con su misión, deteniendo el frente que avanzaba. Sin más medios, no se puede hacer otra cosa hasta el día siguiente. Quedan puntos que asegurar, y su supervisión llevará a José lo que queda de noche. No podemos hacer mucho más. Mañana- -nos dice, a modo de despedida- -será otro día...