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4 Opinión SÁBADO 12 8 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil LOS PELIGROS DE UN IPC QUE EMPEORA A inflación empeora. No puede resultar un consuelo que los precios bajasen en julio sólo un 0,6 por ciento (es época de rebajas) pues en el mismo período del año anterior descendieron una décima más (el 0,7) Así las cosas, la inflación interanual se sitúa ya en el 4 por ciento, muy por encima de las previsiones del Gobierno y muy por debajo de lo que les interesa a los consumidores y a la economía española. El dato del IPC del mes pasado coincide con la voz de alerta lanzada por el Banco Central Europeo (BCE) que advierte del peligro inflacionista que se cierne sobre la UE. Esta preocupación coincide con el vaticinio de nuevas subidas de los tipos de interés (la última situó el precio del dinero al 3 por ciento) Ya se habla de medio punto más. El objetivo final es que la tasa de inflación en la UE no supere el 2 por ciento. Será difícil, pues los responsables del BCE entienden que al efecto externo del encarecimiento del precio del petróleo se unen otros factores internos como el crecimiento del crédito y de la demanda, que llevan los precios al alza y alejan ese objetivo. La institución presidida por JeanClaude Trichet tiene que construir su reputación y ganar credibilidad en los mercados como organismo independiente capaz de resistir la presión de los gobiernos, agobiados siempre por las urgencias del corto plazo. Desde su creación, el BCE ha mantenido una política monetaria poco beligerante contra la inflación. Parece que ha llegado la hora de cambiar de estrategia. Para la economía española la inflación constituye el mayor riesgo, una amenaza efectiva al crecimiento futuro. Desde la implantación del euro, los precios españoles evolucionan a un ritmo que dobla la media europea. Esto le resta competitividad. Los datos de la balanza de pagos son como el espejo que revela las consecuencias de ese fenómeno. A nuestra economía le iría bien una política monetaria del BCE más estricta. La actual no es suficiente para curar una inflación del 4 por ciento, un punto más que el actual precio del dinero. Para encauzar los precios, la economía española necesita una política presupuestaria restrictiva (la actual es sólo neutral) y medidas estructurales (que requieren decisión política) que incidan en la productividad y en la ampliación del potencial de crecimiento. Al BCE le preocupa la inflación, especialmente de los países periféricos, que crecen más por los beneficios que aporta la estabilidad del euro, pero que no sientan bases sólidas para su propio futuro. El Gobierno español se muestra complaciente y confiado ante una economía que genera empleo y crecimiento y poco concernido ante las incertidumbres, especialmente las de una desviación crónica de la inflación que se pagará, antes o después, con menos puestos de trabajo y menos oportunidades. Pero entonces será demasiado tarde, se acordarán de Santa Bárbara cuando truene. L INMIGRACIÓN DESBOCADA YER el presidente de Canarias, Adán Martín, confirmó con sus palabras lo que se viene denunciando desde hace mucho tiempo: que el problema de la inmigración está desbocado y sin capacidad de embridarse. Su declaración institucional ha sonado a lamento. De hecho, un cierto halo de fatalidad e impotencia se ha percibido en el timbre de su voz cuando apelaba a la firmeza del Gobierno español en este asunto, quizá porque es cada vez más consciente de que, a la hora de gestionarlo, la capacidad operativa del presidente Rodríguez Zapatero y de los responsables de inmigración de su gabinete son prácticamente nulas. Y si no, ¿cómo calificar las dotes de un Gobierno que no ha logrado impedir que en lo que va de año sean ya 15.000 los inmigrantes que han llegado ilegalmente a las costas canarias? Es cierto que empieza a ser habitual que el Ejecutivo socialista se muestre incapaz de gestionar situaciones de crisis. En este sentido, ya hemos hablado desde estas páginas del inagotable repertorio de excusas que maneja el gabinete de Zapatero. Pero ya no valen más justificaciones; primero porque se agotan y segundo porque los ciudadanos exigen soluciones. Urge, pues, adoptar inmediatamente medidas que pongan coto a la grave situación por la que atraviesa Canarias en estos momentos. Asediadas por un flujo de inmigración constante y creciente, las islas soportan la llegada de más y más cayucos que, incluso, aumentan su capacidad, ya que algunos de los que han arribado en los últimos días a las costas canarias pueden transportar casi dos centenares de personas. Con estas cifras, no es de extrañar que un cierto clima de alarma social se haya adueñado de la población canaria. Alarma ante el desembarco continuo de ilegales pero, también, ante el hecho de saber que al otro lado de la línea del horizonte A del archipiélago se produce todos los días el drama humano silencioso que sufren decenas de inmigrantes que mueren de hambre y de sed en medio del océano. Ayer, sin ir más lejos, fueron dieciséis los ilegales que fallecieron antes de llegar a Canarias, a lo que hay que sumar las imágenes de hace unos días en las que se veía a turistas que asistían improvisadamente a los inmigrantes en medio de las playas. Ante un panorama así, España debe replantearse seriamente su política de inmigración. El llamado- -en palabras del presidente canario- agujero de la frontera sur de Europa crece tan peligrosamente como el famoso agujero de la capa de ozono. En su caso, la aleación hecha a base de diplomacia, cooperación y medidas de control que debía constituir un eficaz blindaje del sur de Europa sufre, sin embargo, una gravísima corrosión en ese eslabón de la cadena fronteriza de seguridad que es el archipiélago canario. La Agencia Europea de Fronteras (Frontex) no termina de proyectar un mecanismo eficaz de control. Lo evidencia la insuficiencia de los dispositivos que se van a desplegar en la zona y, sobre todo, la incapacidad para lograr que un país capital en la solución del problema como es Senegal- -uno de los principales silos de inmigración ilegal- -siga negándose a suscribir los convenios de inmigración que regulan la repatriación de sus nacionales detenidos. De este modo, crece el número de los que piensan que el desinterés y el relajo con el que la UE afronta el problema de Canarias no es casual y que quizás algunos países no olvidan la insensata política de legalización masiva de inmigrantes llevada a cabo por el Ejecutivo español. Sea por pasar facturas al cobro, sea por indiferencia o sea porque algunos Estados tienen también su propio problema en la puerta de casa, lo cierto es que España no puede confiar sólo en que Europa arregle esta papeleta. RENACE EL CAMPO DE LA PAZ E L llamado campo de la paz ha empezado a dar señales de vida en la sociedad israelí, algunos de cuyos sectores parecen cansados de guerras y de una permanente sensación de alarma. Tres de los escritores más celebrados de la letras israelíes, Amos Oz, A. B. Yehoshua y David Grossman, pretenden movilizar a una parte de la sociedad israelí y le piden al primer ministro que acepte el plan de paz del Gobierno libanés y que acceda también a negociar una salida a la crisis en Gaza y Cisjordania. Es una señal que prueba que en Israel pueden existir civilizadamente opiniones discrepantes y críticas hacia su propio Gobierno. Como estos mismos intelectuales le dicen a su Gobierno, el Ejército israelí ha probado de sobra su capacidad de respuesta frente a una agresión injustificada por parte de Hizbolá, y si era eso lo que estaban buscando sus padrinos en el régimen de los ayatolás, el mensaje ha sido lo bastante claro y contundente como para que no quepan dudas sobre ello. Desde que Hizbolá lanzó hace un mes su órdago contra Israel, si una cosa ha quedado clara es que no ha logrado hacer vacilar ni un segundo a los carros de combate israelíes y que si los generales judíos tuvieran intención de entrar en Beirut no sería esta banda de malhechores envuelta en la bandera del islam radical ni el raquítico ejército libanés quienes podrían impedirlo. Pero también ha quedado claro que con esa potencia militar tampoco se resuelve el fondo de los problemas, porque la violencia, aunque sea en el ejercicio de la legítima defensa, también ha probado empíricamente que no sirve para solucionar los conflictos, que siguen reapareciendo cíclicamente. La propuesta del primer ministro libanés merece ser tenida en cuenta, sobre todo si se puede sincronizar con la resolución que anoche aprobó el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas después del pacto entre Francia y Estados Unidos y que Israel ya ha aceptado. Tarde o temprano todos saben que tendrán que negociar con el hoy adversario y que el río Litani volverá a su vida (y a su dueño) habitual. Otra cosa muy distinta sucedería en la región si el ejercicio que han hecho estos tres escritores fuera posible con la misma facilidad en las sociedades musulmanas, porque eso demostraría al mundo que es posible otro tipo de entendimiento basado en criterios democráticos. Al margen de las conocidas consideraciones morales, negociar con bandas que hacen de la violencia su objetivo o con Gobiernos que no reconocen el derecho de sus súbditos a la discrepancia, acaba siendo siempre un ejercicio de voluntarismo. Está bien pactar la paz, porque eso es lo que merecen todas las sociedades, y la paz también hay que defenderla y a veces como lo han hecho estos respetados intelectuales israelíes. Si hubiera también un campo de la paz en Teherán o en Damasco y elecciones verdaderamente libres de influencias oscurantistas y fanatismos, seguramente los israelíes no tendrían que usar tan frecuentemente sus cañones para protegerse.