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ABC SÁBADO 12 8 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC TRICENTENARIO DE SAN ROQUE El estado presente de la cuestión puede resumirse fácilmente. A un lado está un país europeo que, en virtud de un añejo Tratado de 1713, posee una colonia en el territorio de otro, también europeo y aliado suyo... E L 21 de mayo de 1706 un despacho real ordenó que se reuniese por primera vez el Cabildo de la que en adelante sería conocida como la ciudad de San Roque donde reside la de Gibraltar Con ella nació también el Campo de Gibraltar, una comarca gaditana singular que, a pesar del lastre que le supone albergar la última colonia de Europa, se ha convertido en la segunda mitad del siglo XX en una de las más cargadas de futuro de toda España. En agosto de 1704 se produjo el éxodo de la población gibraltareña hacia la ermita de San Roque, tras capitular ante el Príncipe de Hesse y ser inesperadamente puesta la plaza bajo la soberanía de la Reina Ana de Inglaterra por el almirante Rooke. Un mes después, las tropas del marqués de Villadarias comenzaron el primer sitio para reconquistarla. A éste, que se levantó en abril de 1705, le siguieron dos más: uno en 1727 y otro, que se conoció como el Gran Sitio, en 1779- 1783. Cuando en este último año se suspendieron definitivamente las hostilidades, los ingleses ya incumplieron lo firmado en el Tratado de Utrecht en 1713 y violaron la zona neutral. ron de facto suya y acabaron declarándola en 1966 bajo su soberanía. Allí está instalado el aeropuerto desde 1938. La batalla diplomática tuvo como escenario la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, la dirigió el ministro Castiella y en ella participaron sanroqueños ilustres, encabezados por el alcalde Pedro Hidalgo. Eventualmente, la Asamblea General reconoció nuestro derecho a una descolonización con reintegración de Gibraltar a España y no mediante el ejercicio del derecho de autodeterminación, como quería Gran Bretaña. En la primera reunión, destinada a cumplir la Resolución adoptada, los británicos aprovecharon la oportunidad para declarar, como antes señalé, su soberanía sobre parte del istmo y no reclamaron nada más gracias a que ellos mismos habían levantado en 1908 la verja que separa Gibraltar de La Línea de la Concepción. l iniciarse la transición española la situación se había degradado en cuanto a las relaciones entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar y se eliminaron sin contrapartidas las medidas restrictivas adoptadas en 1969, al no avenirse Gran Bretaña a buscar una solución de conjunto a corto, medio o largo plazo. Luego se sucedieron las declaraciones de Lisboa y Bruselas, ambas sin resultados prácticos y en 1987 el Acuerdo sobre el uso conjunto del aeropuerto, que ha sido bloqueado desde entonces por Gibraltar. Por cierto que ya durante más tiempo que el que la frontera permaneció cerrada por España. El estado presente de la cuestión puede resumirse fácilmente. A un lado está un país europeo que, en virtud de un añejo Tratado de 1713, posee una colonia en el territorio de otro, también europeo y aliado suyo, que lo reivindica ininterrumpidamente desde esa fecha y que ha visto renovadas sus legítimas aspiraciones de retrocesión por una Resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas y se ha comprometido a respetar los intereses de la población gibraltareña. Es un anacronismo que perjudica a San Roque y al resto del Campo de Gibraltar y que hay que superar. Por el otro lado se visualiza un futuro brillante para el Campo de Gibraltar, con sus 250.000 habitantes frente a los 29.000 de Gibraltar. Hace ya alrededor de cuarenta años que los economistas Juan Velarde Fuertes y Ramón Tamames Gómez estudiaron en sendos excelentes libros las posibilidades de desarrollo económico de esta comarca, donde tradicionalmente la balanza ha estado bastante desequilibrada en beneficio de la Roca. Cuando se abrió la verja en 1985, el peso de la economía del Campo de Gibraltar, como el de la vecina Costa del Sol y el de España entera era muy superior al de veinte años atrás, pese a lo cual nadie se tomó la moles- A sí concluyó la fase militar de la recuperación. Sin éxito, pero con mínimas pérdidas de territorio. Desde entonces hasta nuestros días se han efectuado múltiples concesiones y retrocesos. Bien es verdad que al mismo tiempo se ha consolidado el Campo de Gibraltar, donde cuatro de sus municipios fueron creados después de la pérdida de la Roca. El primero, el ya citado de San Roque en 1704, y el último el de la Línea de la Concepción en 1870. En medio, los de Algeciras y Los Barrios. Gracias a ellos y a los tres restantes- -Castellar de la Frontera, Tarifa y Jimena de la Frontera- -el Campo es hoy una realidad con gran potencial de desarrollo, además de seguir siendo un espacio cargado de historia y con parajes de gran belleza. Con el siglo XVIII terminó, pues, el propósito de reconquistar por las armas la plaza con la que se quedaron los ingleses durante nuestra Guerra de Sucesión y, al empezar el XIX, se inició una dilatada fase diplomática que únicamente durante los años sesenta del siglo XX obtuvo algunos éxitos y, eso, a pesar de que estábamos gobernados por una dictadura. El resto ha sido mayormente un doloroso resta y sigue En diversas ocasiones los ingleses nos engañaron, como sucedió cuando al tenerlos como aliados contra Napoleón la primera medida que tomaron a nuestro favor fue la demolición de los fuertes de Santa Bárbara y San Felipe de La Línea, y cuando por razones humanitarias cedimos temporalmente el uso de una parte del istmo, para situar en ella el campamento sanitario de la población gibraltareña apestada, los ingleses en prueba de agradecimiento la hicie- A tia de diseñar una nueva política económica acomodada a la realidad y capaz de iniciar un verdadero despegue. Tampoco se ha hecho desde entonces, si bien el Campo de Gibraltar impulsado por la iniciativa privada es hoy mucho más rico, empezando por San Roque y acabando por los municipios estrictamente rurales. Consecuentemente el desequilibrio tradicional se ha restaurado, aunque las magnitudes ahora sean otras. La comarca posee hoy el mayor polígono industrial de Andalucía, con empresas como Abelló Linde (de producción, distribución y comercialización de gases) Acerinox (fabricación de acero inoxidable) Air Liquide (gases industriales y medicinales) CEPSA (refinería Gibraltar, Cepsa Interquisa y Cepsa Petresa) Endesa (Central Térmica de San Roque) Endesa Generación y Endesa Generación Central Térmica de Los Barrios, Maersk (Terminal de contenedores) Nueva Generadora del Sur, REPSOL- YPF, Central Eólica de Andalucía, Torraspapel, Enel Viesgo y Voridiana (división de Esatman Chemical Co. Estas empresas generan 1.645 millones de euros de valor añadido en la comarca, 7.997 empleos directos y 24.125 con los indirectos e inducidos, lo que supone el 29,7 por ciento del empleo total de la comarca. odo esto sin mencionar el puerto Bahía de Algeciras, que es el primero de nuestro país, con grandes empresas también, como Intercar, que es una moderna estibadora que opera un terminal marítimo de su propiedad, y la citada Maersk España, filial del grupo danés A. P. Moeller, que se dedica al transporte de mercancías en contenedores. Y esta relación podría completarse con el detalle de la riqueza de la comarca en monumentos histórico- artísticos, centros educativos públicos y privados de todos los niveles, lugares e instalaciones de ocio y turismo, entre ellos Sotogrande, una de las urbanizaciones más famosas de España, gran variedad gastronómica, campos de golf, puertos deportivos y parques y espacios naturales incomparables, como Los Alcornocales y el Pinar del Rey. En definitiva, un territorio y un municipio donde se toca el futuro y se sigue sufriendo el penoso baldón del colonialismo británico, que se escuda detrás de la población gibraltareña y que perjudica nuestra pacífica y creciente prosperidad. Es un lugar, además, propicio para un arreglo histórico y para la constitución de un quehacer común de dos grandes naciones y tres continentes. Este ideal, que a veces parece irrealizable, San Roque nunca lo ha abandonado y, como en el momento de su fundación, continúa siendo la ciudad de la esperanza T SALUSTIANO DEL CAMPO Presidente del Instituto de España