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54 VIERNES 11 8 2006 ABC FIRMAS EN ABC JOSÉ PENALVA DOCTOR EN FILOSOFÍA Y EDUCADOR ¡LA IGNORANCIA NO ES PROGRESISTA! Una educación seria y sólida es la única posibilidad que tienen los desfavorecidos para integrarse en la sociedad y alcanzar una vida digna... STA sentencia la he tomado de Antonio Muñoz Molina. He añadido el signo de exclamación para mostrar mi sorpresa ante el hecho de que el problema de la reforma de la educación se haya quedado en la cuestión de la asignatura de la religión (tema que he abordado en ABC, 1 octubre 2004) y comprobar que se ha ocultado el problema importante. Este gobierno ha tendido a la sociedad un capote para que envista sobre el tema de la religión y se aparte del centro de interés. Así todo queda igual, es decir, el sistema educativo no cambia de rumbo. La política educativa se ha acogido al principio político de la igualdad para defender una escuela pública que defienda el derecho a la educación de los más necesitados, y considera la implantación de la escuela secundaria obligatoria como la realización con éxito de una utopía: escuela para todos por eso, según ellos, no hay razón para quejarse del fracaso escolar la escuela, para ellos, es mejor así porque todos están escolarizados. No obstante, este discurso, como vamos a ver, agrava el fracaso escolar y perpetúa la marginación social. Esta pedagogía exige insistentemente al profesor que se adapte, no ción cada vez más sofisticadas (especialización) en unas circunstancias cada vez más complejas y cambiantes (sociedad de la información) sometidas a reconversiones laborales constantes (entre dos y cinco años) donde sólo sobrevivirán los más preparados, decir que España, con un 30 por ciento de fracaso escolar y titulando alumnos analfabetos funcionalmente y sin conocimientos necesarios, vive un logro histórico y que ese modelo de escuela es el que debemos seguir, es el mayor engaño que se puede hacer a la sociedad. Las nuevas generaciones de jóvenes son corderos lanzados en medio de un mundo de lobos. En un mundo competitivo sólo sobreviven los más capaces. ¿Que la competencia es un mal? En efecto. Pero en ese mundo, y no en la Isla de los Bienaventurados, van a tener que vivir. ¿Qué pasará cuando se homologuen las titulaciones en Europa y un alemán o un inglés pueda competir con los españoles a la hora de conseguir trabajo? ¿Escucharán las empresas a aquellos alumnos que tienen un título oficial pero lo han obtenido con una adaptación especial? ¿Serán comprensivos con aquellos alumnos a los que no se las ha exigido lo suficiente porque, ¡pobres ellos! han tenido un ambiente familiar problemático? ¿Habrá entonces diversificación, adaptaciones laborales, y demás? La igualdad real se conseguirá sólo si se ofrece una educación cualificada y a la altura del mercado laboral. No es una asignatura (llámese Educación para la igualdad o pa- E sólo al nivel psicológico del alumno, sino también a su contexto socio- cultural. Pero, ¿no es el ambiente de los marginados- -lleno de violencia, droga, etc. -el que lo ha encerrado y le impide tener una vida digna? ¿Debemos respetar las supersticiones, los vicios sociales, o, por ejemplo, la política del cacique local, que con una mano le da ayuda social y con la otra le sume en la dependencia y en el servilismo? Afortunadamente, el Foro de la Educación de los movimientos anti- globalización (celebrado en Porto Alegre, 2002) nada sospechoso de conservador, critica estos errores. El profesor debe estar con los más necesitados. Sí. El problema es cómo estar con ellos y no adaptarse a ellos. Y hoy la moda pedagógica de la adaptación al alumno se ha sacado tanto de quicio que llega a borrar el sentido común mínimo: se considera discriminatorio que se haga repetir curso, exigir esfuerzo en el estudio, etc. hasta el punto que el sistema educativo llega a quemar y reventar a los profesores que quieren poner en sus clases un buen nivel. En una sociedad internacionalizada (sociedad mundial) cada vez más competitiva (empresa del tercer sector) con unas exigencias de forma- MANUEL VILAS ESCRITOR FRANZ KAFKA ¿C UÁNTOS años tendremos que cargar aún con el misterio? Sigue Kafka vigente, sin duda. Sólo hay que ver cómo crece su bibliografía. Sin ir más lejos, se ha publicado un excelente ensayo del italiano Roberto Calasso titulado precisamente K. Kafka no crea lectores sino comentaristas. Es imposible ser sólo un lector de Kafka. Acabas convertido en un hermeneuta, a tu pesar, aunque no quieras. El sentido último de sus dos grandes novelas, El Proceso y El Castillo, se nos escapa. Y de entre esas dos novelas, El Castillo es la más hermética. He leído muchos libros sobre Kafka, pero ninguno es definitivo. He releído varias veces El Castillo, y amo esa novela, y estoy obsesionado con esa novela, y mi opinión sobre ella es cambiante. Ni siquiera creo que sea una novela. Es un manuscrito publicado póstumamente. Sólo era eso: el manuscrito de un tuberculoso terminal. A veces pienso qué hubiera pasado si Kafka hubiera vivido más, si hubiera llegado a los cincuenta o los sesenta años. Pero ese pensamiento es casi la forma en que Kafka se venga de nuestra oxidada racionalidad. Lo más importante de Kafka es que no fue un escritor profesional. Si hubiera sido un escritor profesional, no hubiera escrito la novela más terriblemente humana que he leído nunca, y he leído muchas, tantas... ¿Quién era? Hace unos días leí, en un foro de internet dedicado a Kafka, que Kafka estaba loco, simplemente; y que, por tanto, sus escritos eran los de un demente. No es descartable esta opinión. Hay algo de locura en El Castillo, pero una locura racional; eso es lo malo, que se trata de una locura humana, investigable, racionalizable, verbalizable. Es decir, que volvemos al mismo sitio en el que estábamos: en la búsqueda de una interpretación. Kafka se llevó el secreto de El Castillo a la tumba. Ese acto fue de una crueldad abominable. Una venganza contra el mundo. O un mapa de Dios, que es también una venganza hermética, cerrada, sepulcral. No sabemos nada. Asisto todas las noches a las largas conversaciones de los personajes de El Castillo. Vivo entre tinieblas. Si se levantara Kafka de su tumba de Praga, y viera lo que sus manuscritos póstumos han provocado, ¿qué diría? ¿qué diría de este artículo que yo le escribo para saber, para que me hables, para que me digas qué viste allá, en esos pasillos, dime, quiénes eran esas personas, si es que eran personas? ra la ciudadanía la que hará que exista más igualdad, por ejemplo, entre hombres y mujeres, sino un buen sistema educativo. En una sociedad como la nuestra, donde el 75 por ciento de las mujeres casadas dependen económicamente del marido, sólo se consigue una igualdad real si se les facilita la independencia económica. Sólo así tendrán la posibilidad real de no estar sometidas. Y para ser económicamente independientes hay que tener un trabajo digno. Y es evidente que éste no se consigue sin una buena formación. No hay que ser de ningún partido para ver esto. Sólo hay que tener sentido común. No es conservadurismo exigir que la educación no renuncie a formar buenos profesionales (además de buenos ciudadanos) Sin un trabajo digno no hay integración social, ni participación política y, por tanto, no hay ciudadanía, además de que se impide el desarrollo de la autoestima, de la autonomía personal y del bienestar. Estos discursos de las bellas palabras y mejores intenciones han servido para fabricar en nuestro país una división real entre escuelas de segunda (escuela pública, básicamente, con población de clase media- baja y baja) y escuelas de primera (escuela privada, básicamente, de clase media y alta) Y es la proclamada y alabada descentralización de la política educativa la que está sirviendo, de hecho, para aumentar la diferencia entre los ricos y los pobres. Hoy los Centros estatales de enseñanza obligatoria son los nuevos asilos de beneficencia. La realidad que don Benito reflejaba en su obra Misericordia, la España de finales del XIX y principios del XX poblada de pobres y de centros de beneficencia y la conciencia social de querer hacer de nuestro país un asilo sin fin y no de una radical reforma, se ha reproducido en la España de finales del XX y principios del XXI: donde Pérez Galdós dice asilo hoy hay que decir escuela estatal. En la práctica es la escuela privada la que está formando la elite, los números uno que accederán a las altas instancias de las empresas, de los bancos o de la política, mientras que la escuela estatal con escasos recursos y con unos profesores desautorizados por los expertos y por los padres de los alumnos, se dedica a formar a la gran masa social la burocracia de las empresas, bancos y gobiernos, la masa de mediocridad que toda sociedad necesita para ser gobernada con docilidad. Parafrasendo a don Benito: Al paso que vamos, pronto seremos la más grande guardería de Europa. Una educación seria y sólida es la única posibilidad que tienen los desfavorecidos para integrarse en la sociedad y alcanzar una vida digna. Por eso hay que poner mucho empeño en hacer pública la educación, pero sin hacer pública la ignorancia. La ignorancia nunca es progresista, y menos en la sociedad del conocimiento que nos ha tocado vivir.