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ABC VIERNES 11 8 2006 53 Toros FIESTAS DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL Talavante encoge Abantos con su valor de piedra y lo riega con sangre Plaza de toros de El Escorial. Jueves, 10 de agosto de 2006. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Juan Pedro Domecq, incluido el sobrero (1 bis) rematados de carnes, poca cara y pobre juego; destacaron 1 bis y 5 dentro de un orden. Morante de la Puebla, de azul pavo y oro. Pinchazo y estocada ladeada (petición y saludos) En el cuarto, pinchazo y media estocada atravesada y trasera (ovación) En el sexto, media habilidosa (gran bronca) César Jiménez, de rosa y oro. Media estocada pasada y descabello (ovación) En el quinto, estocada corta en los bajos (fuerte petición y saludos) Alejandro Talavante, de coral y oro. Dos pinchazos, aviso y descabello (saludos) Pasó a la enfermería. Víctor Puerto saca pecho ante Enrique Ponce y El Juli en Huesca Á. G. ABAD HUESCA. Víctor Puerto se convirtió en el héroe de las peñas en el inicio de la Feria de San Lorenzo de Huesca. Un derroche de ganas le valió para imponerse a dos figuras de la talla de Enrique Ponce y El Juli, que lució con el sexto de la desigual corrida de María José Barral. Poquita cosa y nulas fuerzas tenía el segundo, al que llevaron entre algodones, y que respondió a la entrega de un Víctor Puerto dispuesto al triunfo desde que se abrió de capote. En el mismo tono, pero más cargado de bullanga, estuvo con el manso y noble quinto. Oreja en ambos que no le abrieron la puerta grande por mor del Reglamento aragonés. Faena vulgar y sin ajuste la de El Juli al tercero que intentó arreglar con arrebatos novilleriles al final. Al buen sexto lo toreó muy templado por el pitón derecho y, pese a que otra vez faltaron apreturas, la ligazón del trasteo y la contundente estocada le sirvieron para cortar un trofeo. Silencio y oreja. Enrique Ponce acabó sobreponiéndose al barullo de una plaza a reventar y a todo lo que conlleva la falta de casta que le ofreció el primero. Todo sin ligazón, sin cansarse y casi sin fin. El inválido cuarto fue para los corrales y con el sobrero, también de Barral y afectado de una extraña descoordinación de extremidades, el valenciano lo intentó hasta el límite. Tanto que amortiguó la bronca que ya se mascaba en los tendidos. Silencio tras petición y silencio. ZABALA DE LA SERNA EL ESCORIAL (MADRID) Alejandro Talavante se lavó las manos, agarró capote y montera y por su propio pie atravesó el ruedo camino de la enfermería. Talavante había sido herido al entrar a matar. Se quedó en la cara sin cruzar y el toro lo tuvo fácil. Una vez arriba, con uno y otro pitón, lo hirió a placer, sin casi poder desprendérselo de encima. Tardaron una enormidad en acudir al quite; Morante no reaccionó y abandonó el callejón cuando ya se había disuelto la maraña de capotes. Ni siquiera llegó al sitio del percance: Morante, director de lidia, se estaba fumando un puro, literalmente. Antes del fatal desenlace de faena, Talavante había encogido el corazón de la plaza y había hecho pequeño el monumental monte Abantos, crecido sobre su valor de piedra y granito. El toro de Juan Pedro se rajó tomada una sola vara e hizo hilo feamente en banderillas. A. T. lo esperó de las rayas hacia fuera en unos estatuarios de espanto, de los que cortan la respiración. Pero ahí el toro no quería. El toro quería tablas, y eso le dio Talavante, su terreno. Y en su terreno se metió. No sin antes correr la mano izquierda hacia los adentros en un puñado de naturales sueltos de categoría. Luego, no había espacio ni para el miedo entre él, las tablas y el toro; luego, regó con su sangre la falda del Abantos para que volviese a ganar su primitivo tamaño, encogido, al lado de su inmensidad. A Morante de la Puebla se me quitan las ganas de cantarle lo torero que estuvo en su primer toro. Sinceramente, él mismo me quita la motivación para elogiarle la profundidad de unos naturales que coronaron su buena faena, cerrada con una trincherilla soberbia y unos ayudados por alto cargados de codilleo añejo como los que estrenaron la obra. Se me quitan las ganas porque en la torería no entra fumarse un puro mientras un compañero se juega los muslos. El puro tiene su sabor en el salón del hotel, en la barra o en los postres de la cena, cuando ya se ha soltado la responsabilidad de ser director de lidia. Otros no se fuman un cigarro habano y también están a otra cosa mariposa. Otros que son Alejandro Talavante, en el momento de la cogida la mayoría, por no decir todos, lo cual no excusa la actitud de Morante. Mal de muchos, consuelo de tontos (como poco) Detalles también quedaron de sus viejas formas con el cuarto, como un trincherazo de cartel. Al zambombo sexto, un toro basto y sin cuello, lo majó en el caballo y no lo quiso ni ver, provocando una lluvia de almohadillas, que es la única lluvia que cae por estos páramos. César Jiménez careció de opción con el desfondado juampedro que sumaba segundo de la descastada corrida del afamado ganadero, que ahora mismo tiene lo suyo bajo mínimos. Jiménez se tem- VERÓNICA DOMÍNGUEZ pló a ratos con el quinto, mejor cuando lo enganchó y lo llevó más largo y hasta el final del muletazo. No duró el toro, que fue de lo más potable junto con el sobrero. Tras un espadazo en los bajos el personal pidió con cierta fuerza una oreja que la presidencia no concedió. Parte facultativo: Talavante sufrió dos cornadas, una en el tercio superior del muslo derecho con una trayectoria ascendente de entre 10 y 15 centímetros que rompe el músculo abductor y no afecta al paquete vásculo- nervioso, y otra en el escroto, con evisceración de testículo FERIA DE GIJÓN Una oreja por la espada para Pérez Mota y otra para el buen hacer de Ángel Teruel JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES GIJÓN. El hijo de Ángel Teruel, del mismo nombre, hizo lo mejor de la tarde. Causó una buena impresión y dejó estela de las excelencias del toreo paterno. Se centró con la flámula en su primero en unos derechazos de reminiscencias dinásticas. Fue a más en el centro del ruedo y, aunque bajó un poco el nivel al natural, lo elevó en un pase de pecho y en el regreso diestro así como en un festín de triples molinetes. Fue una lástima que no acertara con el acero después de ciertos tiempos muertos. Saludó. Toreó muy bien a la verónica al sexto. Teruel recordó no sólo el estilo del progenitor, sino los ancestros de Dominguín. Temple, clase, saber dar la distancia y estocada a punto. Una oreja. Premio a la entrega de Antonio Ferrera en Málaga JAVIER LÓPEZ HERNANZ MÁLAGA. Antonio Ferrera se entregó toda la tarde y le premiaron su voluntad con una generosa oreja en el quinto. Antes lo había pasado sobre ambos pitones en una faena sin pena ni gloria, aunque había entusiasmado al público con los rehiletes. Frente al violento segundo estuvo valeroso. Vuelta y oreja. Luis Miguel Encabo se mostró por encima de su lote. Exprimió al noblón primero en una labor pulcra y entonada, mejor a derechas y mal rematada con los aceros. Con el deslucido cuarto anduvo aseado. Saludó en ambos. Iván García ejecutó al potable tercero una faena con pasajes de calidad, pero a la que faltó cuerpo. Con el descastado sexto se justificó. Saludos tras aviso y silencio tras aviso. Con media entrada, se lidiaron toros de Marqués de Domecq, bien presentados y de juego desigual. A pies juntos recibió Pérez Mota al que abrió plaza. En el quite posterior resultó volteado, pero logró después lucirse en unas gaoneras. Con las dos rodillas por tierra empezó la faena andándole a la res con ritmo. Los frutos derechistas se frustraron en un desarme pectoral. Desarrolló el trasteo con oficio y la técnica propia del toreo actual, pero falto de transmisión. Volvió a ser cogido, sin consecuencias, y aunque apuntó algún natural de nota, terminó alargando la faena y aburriendo. Silencio tras dos avisos. Cortó la oreja del cuarto por una labor muy voluntariosa rematada con una estocada de signo sobresaliente. Se limitó a cumplir Salvador Fuentes, que fue silenciado en ambos. Se lidiaron novillos de Cayetano Muñoz, deslucidos, salvo primero y tercero.