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ABC VIERNES 11 8 2006 Nacional LA CRISIS DEL AEROPUERTO DEL PRAT 19 En plena canícula, y mientras media España veranea, un puñado de diputados dejó a un lado bronceadores y chiringuitos para seguir las comparecencias de los ministros de Interior y Fomento, con los sucesos de El Prat al fondo y sin ningún aterrizaje forzoso Sus señorías tomaron tierra TEXTO MANUEL DE LA FUENTE FRANCISCO SECO consejera de Interior de la Generalitat, que asegura haber ofrecido la ayuda de los Mossos, y el delegado del Gobierno, que niega tal ofrecimiento, pese a ser ambos del PSC. Con la habilidad que le caracteriza, Alfredo Pérez Rubalcaba se escabulló de responder a esta pregunta y a alguna otra igualmente comprometedora. Pero, aun así, sólo tuvo que sortear la embestida del PP, que le ha puesto la proa desde que fue nombrado ministro y que ayer le acusó de, como siempre, lavarse las manos y de haber puesto en riesgo la seguridad de muchas personas al no ordenar el desalojo inmediato de quienes ocuparon las pistas. El ministro aseguró que si no se hizo así no fue por falta de efectivos policiales, sino porque, dada la tensión que existía y la peligrosidad de las instalaciones, podía haberse desatado una batalla campal de consecuencias nefastas que, además, sólo habría conducido a que el aeropuerto hubiera estado inoperativo durante más tiempo. Pero incluso quienes pusieron en duda que esta fuera la mejor opción, como CiU y ERC, hicieron sus críticas en tono menor, salvo el PP, para quien ha sentado un precedente ante la posible ocupación de bienes estratégicos, al permitir el secuestro de un aeropuerto durante todo un día También los señores diputados hacen su agosto. En dosis pequeñas, pero lo hacen. Como ayer, día en el que algunos de ellos hubieron de dejarse de bronceadores y sombrillas para asistir en el Congreso a la comparecencia de dos ministros, Magdalena Álvarez, de Fomento, y Alfredo Pérez Rubalcaba, de Interior. El motivo, los sucesos que tuvieron lugar el 28 de julio en el aeropuerto barcelonés de El Prat, cuando varios cientos de trabajadores de Iberia se liaron la manta del despropósito a la cabeza y dejaron las pistas como los suburbios de Beirut, y el tráfico aéreo pendiente de un hilo, un hilo que pudo acabar tirando del hilo de la tragedia. Pero sí, ayer los diputados, al menos hasta las diez y media iban de ciudadanos, con su moreno de playa y sus frases hechas, tan hechas como las de usted cuando vuelve de Torrevieja con el sabor del cerveza del chiringuito todavía en los labios y se planta en la carnicería. Qué bien te ha sentado el verano... aunque estás más gordita (y eso que eran del mismo grupo) A mí me váis a contar lo del Prat, me iba a Roma ese día No fue una comparecencia de altos vueltos aunque sí hubo un par de vuelos rasantes (Puigcercós y su madriditis recalcitrante: ya saben, la culpa siempre es de Madrid) y hasta algún diputado que lo único que sacó en claro fue una caída en barrena del Gobierno, como el vasco Olabarria, experto jurista, cuyo discurso puso los pelos de punta (no los suyos, que su señoría lucía su calva monda y lironda como siempre, pero reluciente y morena) cuando uno escuchó palabras que no oía desde el proceso 1001 como sedición. Además, don Emilio lo razonaba. Joan Herrera (IC- EV) con Rodríguez (BNG) y Olabarria (PNV) de fondo EFE El PNV apunta la necesidad de poner límites al derecho de huelga G. L. A. MADRID. Bajo el debate sobre la crisis de El Prat latió otro debate que sólo se atrevió a enunciar abiertamente el portavoz del PNV, Emilio Olabarria. Algún límite razonable tiene que haber para que no se pueda delinquir amparándose en un conflicto laboral dijo el ex vocal del Consejo del Poder Judicial, que identificó hasta una docena de posibles delitos en que han podido incurrir los trabajadores que protagonizaron los incidentes. La regulación vigente es un decreto preconstitucional, de 1977, que, como señaló Alfredo Pérez Rubalcaba, si no se ha modificado no es por su perfección, sino porque es un tema delicado que no logra concitar consenso suficiente. Magdalena sin Proust Por la mañana, doña Magdalena, de proustiana nada, que nos hizo desayunarnos con unas andanadas de cifras precisas, pero indigestas como una docena de porras. Inquieto, ese terminator del parlamentarismo que es el popular Martínez Pujalte iba de aquí para allá, aunque ayer no le tocaba darle alas a su imaginación opositora. Luego, cuando la ministra dijo que limpiar El Prat era como asear doscientos cincuenta campos de fútbol, ella no dimitió (como le pedían) pero yo sí, por lo que decidí fijarme en que la ministra informa que, y no informa de que, como debería ser. Menudencias lingüísticas, que se solventan con un caramelo que la señora Álvarez tuvo que tomarse cuando ya no le cabían más datos en la garganta. El señor Jané, convergente, también tuvo que refrescarse el gaznate, pero claro, no con Moriles, sino con Montilla, el ministro ausente. Mien- Y ahora, ¿quién paga todo esto? Y así concluyó el debate parlamentario, aunque, como apuntó Emilio Olabarria (PNV) la historia recién empieza porque habrá consecuencias penales y una pregunta a responder: ¿Quién paga todo esto? y serán millones tras, el diputado popular señor Ayala, con su corbata de un naranja pepero reglamentario, hizo alusión a que lo de Galicia también le olía a chamusquina y acabó por recomendarle a doña Magdalena una medicina pelín amarga, la cicuta. No, ministra, no le digo que se la tome, pero dimita Ella prefirió otros caldos y calditos, como hizo recordando a Celia Villalobos, y sus celebrados tuétanos de vaca loca. Por la tarde, como en tiempos de los grises, la cuestión era disolverse o no disolverse. Rubalcaba: que va a ser que no, que si los hubiésemos disuelto (a los trabajadores) habría sido peor. Y los demás, que sí, que no me formen grupos y disuélvanse. Antidisturbios por aquí, mossos de esquadra por allá, en fin, más porras, aunque fuese por la tarde. Tan sólo hubo algún momento un tanto embarazoso cuando la popular Alicia Sánchez Camacho, en estado de buena esperanza, puso en estado de sitio al ministro Rubalcaba con una intervención muy dura. Pero el ministro no se inmuta, que para eso se está viendo este verano la reposición de El ala Oeste de la Casa Blanca Vale, pero confundir a Martin Sheen con Zapatero también tiene lo suyo.