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4 Opinión VIERNES 11 8 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil COMIENZA LA ESPAÑA RESIDUAL M LA AMENAZA CONTINÚA A Policía británica afirma haber desactivado un terrible atentado terrorista que, según se ha descrito, habría provocado un asesinato masivo, a una escala inimaginable La labor preventiva es siempre la que mejores frutos da y en este caso las Fuerzas de Seguridad británicas merecen un elogio que tal vez habría sido más discutido en otras operaciones antiterroristas. Por desgracia, las sociedades occidentales están obligadas a pagar el peaje de la incomodidad por las medidas de seguridad en las zonas especialmente sensibles, como los aeropuertos, y lo único que podemos decir con certeza es que eso tendrá que ser así durante mucho tiempo. En estas circunstancias no podemos dejar de colaborar con quienes se esfuerzan por evitar los atentados terroristas, que, como se demuestra constantemente, siguen siendo una amenaza real. De hecho, sucesos como éste nos vuelven a recordar que el mundo civilizado continúa haciendo frente a una ofensiva implacable por parte de las fuerzas del fanatismo. Las sociedades libres están amenazadas expresamente por los partidarios del terror oscurantista, y el hecho de que esta vez la Policía haya podido llegar antes de que se cumpliesen los siniestros planes de los asesinos no resta en modo alguno relevancia al ataque del que todos (puesto que cualquiera podría haberse encontrado en esos aviones) éramos objetivos. Ignorarlo no nos hace inmunes a los ataques de los que quieren imponer a todo el mundo sus retorcidas visiones de la religión islámica. De este tipo de violencia son víctimas tanto los iraquíes como los norteamericanos, no hay nacionalidad ni religión que esté libre de peligro. Tal vez este atentado pretendiese ser una venganza contra Occidente por la sensación de injusticia que muchos árabes y musulmanes pudieran percibir por lo que sucede en el conflicto de Oriente Próximo. Tal vez pretendiera ser una respuesta a lo que está pasando en estos L momentos en Líbano. Nada de ello podría suministrar el menor grado de legitimidad a tales acciones, ni justificar la violencia contra personas inocentes. El terrorismo es siempre condenable, es un ejercicio criminal de ciego salvajismo y nunca puede ser considerado como un mecanismo de acción política. Sería un error que en España el Gobierno se confundiera por un exceso de optimismo, creyendo que solamente esa quimera bucólica del diálogo de civilizaciones sirve para protegernos de este peligro evidente. En nuestro caso es tan cierto que hasta los portavoces reconocidos de Al Qaida han manifestado claramente su deseo de obrar por la vuelta del Al- Andalus de la mitología árabe clásica, es decir, España, al dominio musulmán. Ya es bastante inquietante asistir a ese insensato optimismo con el que el Ejecutivo disminuye expresamente la importancia del riesgo del terrorismo etarra como para pensar que se está bajando la guardia en materia de prevención de terrorismo islámico, algo que sería extremadamente grave. El mundo va a tener que hacer frente todavía durante mucho tiempo a esta amenaza, y los expertos consideran que aún no hemos visto lo peor. La posibilidad de que haya terroristas que se procuren armas de destrucción masiva es el mayor riesgo que deberemos combatir en el futuro y para ello sigue siendo crucial que no haya más Estados fracasados en los que tales planes puedan desarrollarse bajo una cobertura oficial. A veces es difícil comprender que estamos en guerra cuando el enemigo no se ve; aunque el campo de batalla está en nuestras propias ciudades, hemos desarrollado una capacidad para borrar en cuestión de horas todo rastro de los ataques de los que somos objeto. Como se demuestra en este nuevo ataque contra Londres, afortunadamente podemos incluso llegar a evitar que tales embestidas se produzcan. Pero eso no debe invitar al relajo. Porque la amenaza sigue existiendo y los enemigos de la libertad continúan empeñados en ponernos de rodillas. EL PRAT: MANUAL DE MALAS EXCUSAS C OMO era de esperar, la comparecencia de los ministro de Fomento e Interior en el Congreso a cuenta de la crisis vivida en el aeropuerto de El Prat a finales de julio derivó en un esmerado ejercicio de echar balones fuera y no asumir, ni la una ni el otro, una sola responsabilidad en lo que derivó en un grave problema de dimensión continental, con multitud de perjudicados, y que proyectó en el exterior una imagen tercermundista de España en temporada alta turística. La gran perjudicada de este juego del escondite llevado a cabo por Magdalena Álvarez y Alfredo Pérez Rubalcaba es Iberia, a la que se abre expediente sancionador por infracción muy grave de conformidad con la ley de Seguridad Aérea. Es decir, la compañía paga todos los platos rotos por Aena (gestor de las instalaciones y, por tanto, de su seguridad) y el Ministerio del Interior, a quien está encomendada parte de la custodia de los aeropuertos. ¿Con qué medios contaba la aerolínea para impedir que sus empleados tomasen por las bravas las pistas en una huelga salvaje? ¿Desde cuándo está entre sus cometidos el orden público? La pirueta que Álvarez y Rubalcaba han tenido que dar con tal de responsabilizar a alguien- -ajeno al Gobierno, naturalmente- -de aquel caos intolerable resulta demasiado aparatosa y se inscribe dentro de la táctica de no asumir fallo alguno que con tanta soltura aplica el Ejecutivo socialista. Mueve al sonrojo lo burdo de la maniobra, aderezada con la inevitable pincelada demagógica añadida, pues el Estado adelantará- -según anunciaron ayer los ministros- -el dinero de las indemnizaciones a los perjudicados, antes incluso de que se resuelvan las demandas planteadas por los afectados. Pero el pleito será largo y complicado ya que primero deberá quedar determinada la responsabilidad directa de aquel inmenso desbarajuste. Puestos a buscar causas, desde el punto de vista político, parece evidente que resultó una torpeza que, en fechas clave de la temporada turística, el Departamento de Álvarez expulsara a Iberia del Prat en el reparto de las tareas de handling (asistencia en tierra) que redistribuyó en todos los aeropuertos españoles. Ni que decir tiene que esa decisión administrativa no justifica el incalificable comportamiento de los trabajadores. Pero aporta pistas. Lo prioritario fue servir al ciudadano afirmó ayer Álvarez en la Cámara Baja. Pues menos mal. Lo único positivo de este asunto quizás sea que los españoles ya saben lo que puede dar de sí este Gobierno a la hora de servir al ciudadano y que crece y crece el manual de excusas insatisfactorias con el que trata de paliar su impericia en la gobernación de España. IENTRAS apura sus últimas semanas en la Generalitat, Pasqual Maragall ha decidido buscar unos minutos de gloria durante las vacaciones veraniegas. En una peculiar fiesta organizada en el pueblo más pequeño de Cataluña- -con sólo 31 habitantes censados- -la víctima principal del Estatuto consiguió hacer de la necesidad, virtud. Relegado por Zapatero en la famosa reunión de La Moncloa con Artur Mas, Maragall ha visto en pocos meses cómo se acelera el final de su carrera política. Un Estatuto aprobado con notable desinterés de los ciudadanos, la ruptura del tripartito, la apuesta del PSC por José Montilla y la convocatoria de elecciones anticipadas en una fecha insólita, son los hitos que marcan la despedida de un personaje que será recordado más por su etapa como alcalde de Barcelona que como presidente autonómico. Ahora se suelta la lengua con unas afirmaciones que parecen destinadas a poner las cosas fáciles al TC a la hora de resolver el recurso interpuesto por el PP. Si es verdad que el Estatuto es la nueva Constitución de Cataluña, es evidente que no encaja con la Constitución de 1978 a la que deben someterse todas las normas que integran el ordenamiento jurídico. Si la presencia del Estado en aquella parte de España se convierte en residual no será fácil justificar el cumplimiento de la obligación que incumbe a los poderes centrales de garantizar la igualdad de derechos y deberes de todos los españoles en cualquier parte del territorio nacional. Si la idea de Cataluña como nación sin Estado preside el texto estatutario, no sirve el principio constitucional de unidad indisoluble de la nación española. Basta con lo dicho para concluir que- -en una especie de confesión de parte- -Maragall está reconociendo sin rodeos la inconstitucionalidad del Estatuto. Desde un punto de vista político, no está claro si el presidente saliente pretende hacer un favor al candidato de su partido o le está poniendo piedras en el camino. Es notorio que Montilla intenta ampliar la base electoral de los socialistas catalanes hacia un sector que no se distingue por su catalanismo radical. En este último ámbito, algún portavoz de ERC ya se ha encargado de recordar que Cataluña dista mucho de ser el territorio europeo no estatal con mayor autogobierno, echando en falta un modelo de financiación similar al concierto vasco. En cambio, CiU, a través del propio Artur Mas, celebró también con satisfacción la vigencia formal de la nueva norma. Está claro que los convergentes (que parecían condenados a un largo periodo de lejanía del poder) van a jugar a tope su imagen como factor decisivo para salvar del fracaso a un texto que estaba a punto del naufragio. La gratitud de Maragall a la España amiga que nos entiende resulta, en fin, un peculiar gesto hacia Zapatero, que sólo el tiempo dirá si guarda alguna relación con el futuro político del todavía presidente.