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10 8 06 CRÍMENES SIN RESOLVER Huellas de humo Un ciclista de Tres Cantos nunca completó la ruta elegida para una tarde de verano. Su cadáver apareció al cabo de tres días, quemado y desnudo, a 20 kilómetros. No lo mató un puñal, ni una pistola, ni un coche, pero pudo morir a consecuencia de un atropello. Quien lo hizo desaparecer y le quitó hasta el nombre quería ocultar su mala vida, su ruina inminente... CRUZ MORCILLO PABLO MUÑOZ S e busca a un malhechor, a un tipo de mala sangre y peor calaña, que ya ha coqueteado con el mundo del crimen. Quizá conducía borracho, o no tenía carné ni seguro, o ambas cosas; quizá pensó que se buscaba la ruina para siempre y eligió la solución drástica: eliminar cualquier rastro, recurrir a la gasolina y al fuego para que nadie pudiera relacionarlo nunca con Francisco Quintana Calvo. Paco desapareció con su bicicleta el 15 de septiembre del año pasado tras salir a dar un paseo por las inmediaciones de la población madrileña de Tres Cantos; su cadáver quemado fue encontrado tres días después a más de 20 kilómetros. Se busca a un hombre- -quizá le ayudaron- -que conoce como la palma de su mano esa zona rural de Madrid, no muy alejada del circuito del Jarama y, además, se siente a gusto en ella. Se presupone que su trabajo o su afición tiene que ver con tareas agrícolas o con la caza. Se busca después de casi un año a una sombra. Los investigadores de la Comandancia de la Guardia Civil no se cansan de repetir que el del ciclista es un caso ingrato, con tan mala ralea como el tipo al que se busca. Quintana, pese a las especulaciones y a su macabro final, no fue asesinado ni su muerte tuvo relación con asuntos turbios. Parece inexplicable, pero eso es lo que sostienen los agentes, y lo que dicen las pruebas y la autopsia. Se busca al dueño de un enigma sin pies ni cabeza y da igual empezar por el final o por el principio de la historia, dado el sinsentido. Francisco, 38 años, informático, esposo y padre ejemplar- -tenía una niña de seis años y esperaba un segundo hijo- sin agujeros en su vida pública ni privada, salió un jueves de su casa en Tres Cantos para montar en la bicicleta que le había regalado su mujer recientemente. Pensaba hacer una ruta de un par de horas y era la tercera o cuarta vez que la seguía. Nadie le vio en la calle ni en el camino ni se ha encontrado una sola huella. El ciclista se apuntó al recorrido de muchos aficionados de Tres Cantos, la finca de Soto de Viñuelas. Se sabe que pasó por una depuradora que hay en ese camino, antes de la entrada al castillo de Viñuelas. Un poco más adelante quienes practican deporte en ese lugar se encuentran un tramo aproximado de un kilómetro peligrosísimo, una curva cerrada en la que se cruzan coches y bicicletas y que también tomó el ciclista. Ahí se halló la única pertenencia de la víctima, durante su búsqueda: la visera del casco que le fue arrancada o cayó como consecuencia de un impacto. Se busca, por tanto, a un conductor que casi con seguridad iba al volante de un furgón. El vehículo debió de embestir a la bicicleta, de manera fortuita, y Francisco cayó al suelo. No fue un golpe mortal ni siquiera muy grave, pero sí sorpresivo y violento. La víctima sólo tenía rasponazos, escoriaciones laterales en el muslo y el codo izquierdo, golpes leves. No se rompió huesos ni sufrió heridas severas. A partir de esos datos, las líneas maestras apuntan en dos direcciones. Francisco, sobresaltado por el atropello, sufrió un shock que le causó la muerte. El ciclista tenía una dolencia cardiaca, un problema en la válvula mitral y un acusado tabaquismo- -fumaba entre dos y tres paquetes de rubio al día- Quien se lo llevó por delante con un historial teñido de negro, según la teoría de los investigadores, dedujo que nadie le creería y que iba a tener muchos problemas. Decidió esconder el cadáver sin calibrar que la desaparición de su víctima activaría un exhaustivo dispositivo de búsqueda. Con un cuerpo y ninguna ex- La Guardia Civil detuvo a siete dominicanos tras una delación falsa movida por la venganza. No tienen ninguna relación con la muerte de Francisco Quintana El ciclista fue quemado, ya muerto, un día antes de que lo encontraran. Sólo tenía heridas leves en el muslo y codo izquierdo y tres marcas superficiales en la espalda Lugar donde se cree que desapareció el ciclista de Tres Cantos CHEMA BARROSO