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ABC JUEVES 10 8 2006 23 El senador demócrata Lieberman pierde las primarias de su partido en EE. UU. por su apoyo a la guerra de Irak Tres periodistas detenidos en el Reino Unido acusados de espionaje telefónico a la Familia Real Francotiradores de Afganistán al Líbano, vía Chechenia J. C. JERUSALÉN. Han matado a mujaidines afganos en las afueras de Kabul. Han acabado con guerrilleros chechenos en las calles de Grozni. Tienen ahora en su punto de mira a los milicianos de Hizbolá, tan duros como aquellos, tan decididos como éstos, en el sur del Líbano. Reservistas israelíes, llegados como inmigrantes desde Rusia a Israel a finales de los años 90, están desplegados hoy en la región meridional del país del cedro como tiradores de elite del Tsahal una misión a la que están más que habituados después de haberla llevado a cabo, con sus matices geográficos y militares correspondientes, en Afganistán y Chechenia, cuando eran miembros del Ejército ruso. Pertenecen a la unidad especial de francotiradores de la Brigada Golani, una de las más prestigiosas del Tsahal que ha sido movilizada en las últimas horas desde el sur de Israel- -su punto de mira estaba hasta ahora en la Franja de Gaza- -hasta el norte del país para sumarse a las fuerzas que ya combaten en muchas ocasiones cuerpo a cuerpo, casa por casa, con los milicianos chiíes de Hizbolá. Un grupo de libaneses asiste a los funerales por las víctimas civiles del bombardeo del pasado lunes en el sur de Beirut tes sobre Israel. Cifra curiosa, y vieja, porque a lo largo de la tarde fue superada con creces con más aguaceros nunca aislados, nunca concentrados en dos o tres localidades sino compartidos por toda la región septentrional de un país al borde de un ataque de nervios. Un Estado que, no se menosprecie, tiene otro frente a veces olvidado, el palestino. Ayer dividido a partes iguales, a muertos similares, entre Cisjordania (dos muertos del Yihad Islámico en un asesinato selectivo en Yenín) y Gaza (otros dos muertos, una de ellos una niña de 5 años de edad según fuentes palestinas) Y de fondo el primer ministro de Hamás, Ismali Haniyeh, que ante la que le cae encima a esa Palestina que no existe pero sufre día a día, reconoce que el futuro de su mermado Gobierno, la mitad de sus miembros está en la cárcel, corre más peligro que nunca. Muertos en Gaza. Muertos en Cisjordania. Muertos en el sur del Líbano. Muertos en Beirut. Muertos en el norte de Israel. Más muertos, muchos más, en un lado que en el otro de la frontera. Civiles, niños, mujeres, ancianos, soldados, milicianos... Y más muertos esperan ya a la vuelta de una esquina desde la que se asiste agazapado a la Guerra. Con mayúscula. AP La sustitución del general Adam por Kaplinsky revela que Hizbolá es duro de roer J. CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Minuto 40 de la primera parte de la guerra que Israel libra contra Hizbolá. Antes incluso de llegar a ese descanso reparador que se intenta pactar a la desesperada en la sede de la ONU. Dan Halutz, jefe del Estado Mayor israelí, pierde su habitual flema, habla con sus superiores en el club, Ehud Olmert y Amir Peretz, y ordena al utillero que saque la tablilla con el número del capitán del equipo. En la banda, desde hacía tiempo, calienta el número dos del Ejército, el general Moshe Kaplinsky, dispuesto a saltar al campo de batalla en cuanto reciba la orden del entrenador. Minuto 41. Sin siquiera pararse el partido, Kaplinsky asume su responsabilidad y se ajusta el brazalete que le acaba de entregar, con cara de pocos amigos, el general Udi Adam, co- mandante en jefe de la región norte de Israel y jefe de una guerra que está a punto de cumplir su primer mes de vida y muertes. Nueva figura en la guerra Adam no abandona el estadio. Su sentido de la responsabilidad se lo impide y continúa a las órdenes del mister pero, eso sí, sentado en el banquillo de los suplentes. Una vez termine el partido su contrato será rescindido. Su rendimiento no ha gustado esta temporada. El general Adam paga así los platos rotos por la fallida ofensiva israelí contra Hizbolá pese a no ser el único responsable del desaguisado, según fuentes militares. Halutz, Olmert y Peretz acusan al comandante en jefe de la región norte de Israel de no haber sido lo suficientemente agresivo en la campaña mili- tar y de haber realizado declaraciones a los medios de comunicación hebreos, ahí les duele, en las que aseguraba que la poca eficacia de la ofensiva terrestre se debía a imperativos políticos y diplomáticos. Su reemplazo, o cese, como es calificada la maniobra en los mentideros periodísticos israelíes, supone un duro golpe para la moral de las tropas en el frente, puesto que demuestra que las cosas no están saliendo como debieran, y, a su vez, le proporciona una importante victoria moral a Hizbolá, crecida tras comprobar que su feroz resistencia no sólo se cobra víctimas mortales israelíes en el frente sino también en la retaguardia. Pero a Halutz, quien por su condición de piloto ha confiado demasiado en la Fuerza Aérea y tardado dos semanas en movilizar a los reservistas, no le ha temblado el pulso ya que considera que de no cortarse la hemorragia las consecuencias habrían sido incluso peores. El general Kaplinsky coordinará ahora la guerra desde el cuartel general del norte por tierra, mar y aire. Su compañero de club, el general Adam, calentará banquillo. Luego será traspasado al mejor postor.