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14 Nacional LA TRAGEDIA DE LOS INCENDIOS JUEVES 10 8 2006 ABC María, vecina de Mirón, lleva cubos de agua para luchar contra las llamas que amenazaban ayer al pueblo Los habitantes de Borela y Mirón, en Pontevedra, llevan tres días enfrentándose en solitario al fuego, que ya ha destruido la mayor parte de las catorce parroquias que dependen del Ayuntamiento de Cotobade Solos contra el fuego TEXTO: JOSÉ MANUEL NIEVES FOTO: JAIME GARCÍA BORELA MIRÓN (PONTEVEDRA) La carretera, igual que el sol, ha dejado de verse de repente. Su trazado sinuoso ha desaparecido bajo un humo blanco y lento que mana del suelo, un humo viejo de tierra ya quemada que exhala sus últimos suspiros. El sol, sin embargo, se oculta tras una cortina muy diferente, tejida con humo negro y cenizas, un humo violento y aún vivo que atestigua la lucha inútil del bosque que agoniza debajo. Son las diez de la mañana y parece que está atardeciendo. Entre el blanco del suelo y el negro del cielo, el fuego es el rey. A ambos lados de la ahora tórrida calzada, las llamas lo devoran todo. Llamas pequeñas que volatilizan arbustos casi en silencio. Y llamas enormes que con estrépito ensordecedor consumen en pocos segundos árboles de varios metros de altura. No hay nadie en medio de la humareda. Nadie ante la barrera ardiente que se alza amenazadora frente a Borela, a pocos kilómetros de Pontevedra. Nadie hasta las primeras casas de Mirón, la aldea contigua a esta parroquia y que será la primera en caer, el lugar donde los vecinos de la zona se organizan desde hace tres días, por su cuenta y sin ninguna clase de ayuda externa. Emilio, Lurdes y Carmen llevan un batefuegos en las manos y una mascarilla blanca sobre el rostro. Es todo el equipo que tienen para la batalla. Son jóvenes, y se disponen a unirse a las improvisadas cuadrillas de vecinos que desde hace setenta y dos horas intentan que las llamas no lleguen a las casas. Su plan es simple: aprovechar los cortafuegos naturales, como las pistas forestales o los tendidos eléctricos, y allí plantar cara a las llamas, parándolas, retrasándolas al menos hasta que lleguen, si llegan, las brigadas de extinción. Hacia dónde vais... Hacia las pistas ¿Os llevamos? Sí, gracias El objetivo es un nuevo foco que se ha detectado esta misma mañana y que nadie sabe aún si ha sido provocado la noche anterior o si es un nuevo brote del incendio contra el que lucharon ayer. La procesión de los insectos en fuga El primer escarabajo que cruzó la carretera apenas si llamó la atención. Pero detrás de él vinieron más. Cuando la cuadrilla quiso darse cuenta, centenares de ellos cruzaban intentando huir del avance de las llamas. No eran los únicos seres vivos que hacían lo mismo. Otros insectos salían literalmente despavoridos del bosque. Saltamontes, libélulas, moscas abejas y mariposas de todas clases. Incluso nocturnas, a pesar de ser por la mañana. Los brigadistas apenas prestaban atención al fenómeno. Puede que estuvieran acostumbrados o, más probable, su atención estaba en otro nivel, en una escala superior que no les permitía apreciar lo que sucedía en el submundo animal del bosque. Aves y otros animales, ni uno. Sólo los insectos, en interminable y desordenada procesión, confundiéndose a veces con las nubes de ceniza que flotaban en el aire. cipio de Cotovade apenas si queda algún pueblo que no haya ardido ya. Creo que menos Borela y Rebordelo, ya se han quemado todos. Y ya veremos si nosotros conseguimos resistir o al final corremos la misma suerte que el resto Los gritos de los voluntarios se escuchan, a veces entrecortados, por encima del estruendo de las llamas. Cada uno, casi por su cuenta, hace lo que puede y pide a voces un auxilio imposible. Como Pablo, que se desgañita mientras intenta frenar el avance de una lengua de fuego que se abre camino en solitario por delante del frente de llamas. Aquí, aquí... grita Pablo desesperado. ¿No veis que estoy solo? Venid a ayudarme. No hay que dejar que cruce la pista... ¡Todos fuera! Otro sonido se distingue ahora claramente del fragor general. Es un quad, una de esas motos de cuatro ruedas tan de moda hoy en día. A bordo, Manuel, un joven intrépido que se ha arrogado el papel de coordinador de los esfuerzos de todos. A bordo de su vehículo, va y viene monte arriba y abajo, cantando a unos y a otros la situación en cada momento. También él viene gritando: ¡Todos fuera, todos fuera! El fuego ha cruzado ya la carretera mon- Sin ninguna posibilidad Al llegar a las pistas, un grupo de otros diez jóvenes de la zona hace lo que puede contra unas llamas que cobran fuerza por momentos. Resulta casi conmovedor ver como se enfrentan, sin ninguna posibilidad de éxito, a un enemigo miles de veces más fuerte que ellos. Desde detrás de su pañuelo, Estefanía mira al fuego con horror: En el muni-