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ABC JUEVES 10 8 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR LEOPOLDO CALVO- SOTELO IBÁÑEZ- MARTÍN ¿PARA QUÉ HA SERVIDO EL ESTATUTO? El Estatuto le ha venido muy bien al nacionalismo. Pero, en el orden general, ¿ha servido para algo? Sí, para el mantenimiento durante dos años de una precaria mayoría parlamentaria en el Congreso de los Diputados H AY un diario de la mañana cuyos editorialistas realizan esfuerzos cada vez más laboriosos para convencer a sus lectores (y, quizá, para convencerse a sí mismo) de que las acciones del partido que nos gobierna responden a un esquema racionalmente concebido. Hasta hace poco tiempo, una de sus líneas argumentales preferidas en lo que hace al nuevo Estatuto de Cataluña, que ayer entró en vigor, podía resumirse así: el Estatuto es bueno porque sirve para que un partido antisistema como Esquerra Republicana se integre en las instituciones constitucionales. A la vista está que tal objetivo no se ha conseguido. ERC está más instalada que nunca en sus postulados antisistema y ahora además los defiende con renovados bríos y nuevos argumentos: un buen Estatuto, aprobado por el Parlamento catalán de forma ampliamente mayoritaria, ha sido injustamente recortado en Madrid, lo que prueba que el vigente sistema constitucional nunca le dará a Cataluña todo lo que se merece. Otra formación nacionalista, Convergencia i Unió, ha salido admirablemente bien parada del trance estatutario. Su papel protagonista en la aprobación del Estatuto le permite presentarse ahora como el candidato natural para ejecutarlo y desarrollarlo desde la Generalitat. A CiU no puede hacerle sombra un Partido Socialista de Cataluña dividido, desmoralizado, desgastado por cien batallas inútiles, muchas de ellas libradas en campos muy alejados de su terreno político natural. La posición de Convergencia no puede ser mejor. Tras pocos años en la oposición, ya se ve embarcando otra vez en el avión del poder, y además con un upgrading, el encargo de poner en marcha un nuevo Estatuto. Como en 1980, también ahora pertenecería a CiU la etapa fundacional, con sus símbolos, atambores y ventajas, y entre ellas, la de no tener que justificar resultados, porque todo estará empezando y en estado de gracia, con lo que su acción de gobierno volvería a ser inmune a la crítica. En suma, que el Estatuto sólo ha beneficiado al nacionalismo catalán, cuyos dos polos se han cargado de electricidad, cada uno con el signo que le corresponde y le conviene. ¿Cabe sorprenderse de que la tramitación de un Estatuto concebido como un parque temático del nacionalismo haya beneficiado casi exclusivamente a los nacionalistas? Ciertamente, no. ¿Qué criterio racional ha guiado entonces las decisiones del PSC y del PSOE en esta materia? En vano lo buscarán sus defensores, porque no hay tal. Ocurre que ni el presidente del Gobierno ni el de la Generalitat de Cataluña son partidarios de las ideas claras y distintas. El raciocinio no es su forma habitual de expresión. Durante su largo mandato, Felipe González fue un razonador vocacional y pedagógico, a veces algo premioso y reiterativo, pero siempre pre- ocupado por ofrecer enlaces sólidos entre premisas y conclusiones. En cambio, Rodríguez Zapatero parece actuar sobre todo por intuiciones. Es la intuición la que guía los giros tácticos que le permiten salvar coyunturas momentáneas. Se diría que su aproximación a la realidad es puramente casuística y que nunca utiliza ejes de coordenadas para poner cada cosa en relación con las demás y con el conjunto. De ahí que, en la materia que nos ocupa, sean tan frecuentes las acusaciones que se le dirigen de carecer de modelo territorial. Pero el método intuitivo tiene otros inconvenientes. Un razonamiento puede enunciarse con toda claridad y someterse así a la crítica de los conciudadanos de quien lo formula. Una intuición, en cambio, es una vivencia que no puede trasladarse a los demás, o sólo de forma muy imperfecta. Por eso el presidente del Gobierno nos exhorta con frecuencia a confiar en él, sin exponer las ideas y las respuestas que podrían justificar esa confianza. Ello no sólo puede llegar a ser patético, sino que empobrece enormemente el debate público y es la principal causa del desconcierto y la confusión sin precedentes que caracterizan a la actual situación política española. Maragall también practica la irracionalidad, pero de una especie distinta. En él predomina la fantasía, que no es una forma de aproximación a la realidad, sino de evadirse de ella. Maragall sí ofrece ideas, pero suelen ser metáforas la España en red... sin base real ni virtualidad alguna de convertirse en fórmulas sintéticas de una verdadero proyecto político. Pues bien, esta desdichada conjunción de intuiciones tácticas y fantasías conceptuales nos ha traído un Estatuto que ha activado todas las potencias del nacionalismo catalán sin ninguna ventaja para las fuerzas sociales que sostienen la casa grande, en Cataluña y fuera de ella; un Estatuto que pone en marcha un melancólico proceso de retirada del Estado del que ni siquiera hay garantía de que vaya a ser el último; un Estatuto que fragmenta el ordenamiento jurídico español y aumenta injustamente la complejidad jurídica y administrativa de Cataluña; un Estatuto, en fin, que viene de sustituir el noble edificio clásico que componen los diecisiete estatutos de Autonomía aprobados en el período 1978- 1983 por un esperpento barroco que carece de planos y de arquitecto. Y lo que peor es que estos efectos se desarrollarán durante mucho tiempo: parafraseando una expresión famosa, los días de llamas del nuevo Estatuto para Cataluña tocan a su fin, pero ahora nos quedan los años de humo. Como hemos visto, el Estatuto le ha venido muy bien al nacionalismo. Pero, en el orden general, ¿ha servido para algo? Sí, para el mantenimiento durante dos años de una precaria mayoría parlamentaria en el Congreso de los Diputados, en una legislatura por lo demás bastante mediocre y estéril. Este alto precio que los gobiernos minoritarios pagan por la investidura se ha convertido en el talón de Aquiles de nuestro sistema político. Ojalá que el hoy desaparecido consenso entre el PSOE y el PP pueda restaurarse sobre la base de eliminar esa fragilidad. Ex subsecretario del Ministerio del Interior REVISTA DE PRENSA POR DIEGO MERRY DEL VAL UN VISTAZO A ORIENTE Éste parece ser el momento menos probable para que el Consejo de Seguridad de la ONU examine la cuestión de Birmania. El Líbano arde, Irán se nucleariza... ¿necesitan los diplomáticos un nuevo problema intratable? La pregunta se la hacía ayer el Washington Post en uno de sus editoriales. Sin embargo, en cierto sentido, el hecho mismo de que Birmania no esté en la agenda de nadie, es exactamente la razón por la cual el Consejo de Seguridad debería actuar. Birmania ofrece a la ONU una oportunidad de demostrar que puede afrontar una amenaza a la seguridad global antes de que llegue a las portadas de la Prensa Los cincuenta millones de birmanos sufren una represión sólo comparable a la que padecen los norcoreanos, argumenta el diario norteamericano: masas de refugiados atraviesan sus fronteras, el caos económico y la corrupción han convertido al país en un foco de expansión del sida y de tráfico de drogas. Los disidentes birmanos no piden bloqueos ni intervenciones militares, sino tan sólo un poco de atención por parte del secretario general. En un reportaje dedicado a los grupos de música punk en China, el mismo diario analiza lo que significa ser un rebelde en un país que suprime la disidencia y la individualidad y al tiempo fascinado por el dinero y las modas occidentales. La mayoría de las bandas se hacen punks porque está de moda. Nosotros queremos ser un grupo peligroso, como The Clash comenta Yang Haisong, líder del grupo P. K. 14. El Gobierno no se preocupa de nosotros y no nos prohíbe tocar. Tal vez no seamos peligrosos. Qué triste El International Herald Tribune dedica espacio en su portada al caso del alto funcionario chino Tong Daning, ejecutado por espiar para Taiwán. Conscientes de las posibilidades de los medios audiovisuales, las autoridades de Pekín han distribuido un vídeo de su proceso para que sirva para disuadir a sus colegas. Por su parte, la BBC destaca que los gigantescos rascacielos construidos en China podrían suponer un grave peligro en caso de terremoto. Los arquitectos aseguran que los edificios son seguros, pero el propio Ministerio de la Construcción afirma que carecen de sistemas testados para afrontar seísmos. Uno de los peores terremotos del siglo XX tuvo lugar en la región norteña de Tangshang, con el resultado de 250.000 muertos.