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52 MIÉRCOLES 9 8 2006 ABC FIRMAS EN ABC RICARDO MENA CUEVAS ABOGADO QUEDARSE QUIETO COMO FORMA DE VIAJAR Uno puede creerse que el universo es relativo, me parece bien si así lo piensa; lo que no me parece saludable es que lleve su idea de la relatividad universal de Einstein al universo particular de toda la humanidad... A religión sin la ciencia estaría ciega, y la ciencia sin la religión estaría coja también. (Albert Einstein) Confieso que no tengo ninguna necesidad de viajar a un país lejano en donde, digamos, pueda ver a un hombre con taparrabos trepando por una palmera, pues a mí nunca me gustaron las alturas- -y a estas alturas de mi vida menos. Asimismo, confieso que tampoco tengo interés ninguno por conocer qué dan de comer los beduinos del Sahara a sus camellos después de una larga travesía por el desierto, porque yo ya me hago una idea cuando contemplo con espanto lo que se come en esos oasis americanos en donde se venden hamburguesas por un euro. No, en serio, no tengo necesidad alguna de viajar a ningún país cuya extraña costumbre na- L cional sea la de sacrificar a sus hijos en el fuego- -digamos que en honor al dios Bolloch- -cuando éstos nacen malformados o enfermos y no sirven para defender al clan, porque ese país se parece al mío, con la salvedad siguiente: que en mi país la gente sacrifica a sus hijos antes de que hayan nacido y no precisamente por convicciones religiosas. Por eso, si alguien está realmente dispuesto a viajar a los Mares del Sur para conocer cómo los indígenas llegaron a comerse al capitán Cook influenciado por las narraciones de Stevenson que leyó cuando pequeño; si ese alguien está a punto de viajar allí y ha dado en leer este artículo hasta aquí- -lo cual es muy dudoso- entonces le sugeriría que desistiera, que se quedara en este país, pues en España la gente no se come a ningún enemigo que los invade por mar para adquirir su fuerza y su destreza, no. Viajero, quédate en España y podrás ver cómo la gente ya no se come a nadie, ni siquiera se come la cabeza por quitarle la vida a sus hijos porque la mujer ya no es una madre, sino una trabajadora que necesita conservar su trabajo. Por eso digo que no necesito viajar a ningún país lejano, pues mi propio país es lejano para mí. Pero yo no quería hablar de esto, lo que sucede LOLA SANTIAGO ESCRITORA ERROR AZUL Pero yo te salvaría, te he salvado siempre de este error y de tantos otros errores fatales, tuvieran un color azul o amarillo gura. Y eso que el error, aunque grande, se podía salvar. Habías comprado una tierras buenas de labranza y a ella dedicaste tu mejor mula, no creías en los tractores, dónde estén los medios naturales... solías decir, pero la mula desde el primer día de la compra cojeaba y tú no lo apreciabas, con razón te costó tan barata, tú te jactabas de saber hacer negocios, y llegó el día de la verdad y la pobre mula no pudo con el arado, iba renqueando por los inciertos surcos y nunca labor peor hecha, y la mula se esforzaba, vaya si se esforzaba, pero le resultaban surcos siderales en su afán de descorrer lo in- Q UE tuvieras que identificarte con aquel error, sí, aquel al que llamamos error azul, fue fatal para nuestros sentimientos. Tú presumías siempre de gallardo, de hombre de una sola pieza en la inmensidad de tu entera hombría. Pero el error era demasiado palpable para no ser un hecho, aún difuminado en su hermoso color azul. Como las aguas del temporal que nos azotaron por entonces. Dijeron que era una borrasca que atravesaba la península de norte a sur, que venía del Atlántico y se difuminaría a su paso por la llanura central, pero no fue así y aquella pequeña borrasca se convirtió en un ciclón de grado 3, que trajo grandes temporales en forma de gota fría al panorama nacional, lo nunca visto en cincuenta años, todo se enfangó, saliéndose de madre numerosos ríos en su crecida por las fuertes lluvias. Muchas zonas fueron declaradas de siniestro total. Tú apenas te mantenías en pie para salvaguardar tu galana fi- cierto del terrón de tierra, mullido y tirado contra sí mismo, en un revoltijo extraño y sagaz, dónde estén los medios naturales Sí, tienes que reconocer que parte de aquél error estuvo en tu bolsillo, siempre habías sido un poco tacaño, pero cuando más se te notó fue entonces, en la aventura de la tierra roturada, la pobre mula, tú lo sabes, no quería obrar en tu contra, ni mucho menos acusarte de mal patrón pero los hechos cantaron y tu error, aún antes de que pudieras calibrarlo en profundidad tú mismo, saltó a la palestra acusándote, dejándote en entredicho. Y qué podía hacer yo, tu mujer, sino cubrir tu falta con mi apellido, fue un capricho mío que no preveías y que te llevó a este gasto tonto e innecesario, a cuadrar una cifra que no existía, a hacerte pasar, pobre de ti, incluso, por tacañón a tus escasos sesenta años. Pero yo te salvaría, te he salvado siempre de este error y de tantos otros errores fatales, tuvieran un color azul o amarillo, para eso eres mi marido, para arroparte con el manto de mis supuestos caprichos ante la indolencia de tu peor enemigo, por tenerlo demasiado cerca y faltarte perspectiva para equilibrarlo: Tú mismo. es que me he alejado de la cuestión. Se me ha informado que el año pasado se cumplió el centenario de la teoría de la relatividad, lo cual dicho sea de paso, es relativo que nos influya a la mayoría de los que tenemos que trabajar para comer; en este sentido, leo en un artículo (Muy Interesante, n 285) que Einstein introdujo la constante cosmológica para explicar cómo un universo que se expande, llega a frenarse por esa energía oscura hasta el punto de replegarse y encogerse; o lo que es lo mismo, señores: que el universo, que antes se movía hacia delante, ahora se mueve hacia atrás. Sea esto cierto o no, digamos hipotéticamente que es así por amor al debate; pues bien, si el universo ahora se mueve hacia atrás no me preocupa un ápice, de la misma manera que no me preocupa que mi vecino se afane por leer el Código Da Vinci de Dan Brown- -siempre y cuando no intentase entrar en mi casa con la finalidad de poder explicarme su teoría de que los grabados de Gustavo Doré confirmaban que Felipe II no era el Rey de España, sino el auténtico rey de Trapisonda. Por eso, lo que me preocupa no es que el universo se mueva hacia atrás, sino que a la gente le dé por decir que porque el universo se encoge, el Hombre debe encogerse de brazos ante los problemas que ve a su alrededor. Sin ir más lejos, el otro día estaba hablando y disfrutando del debate con un amigo hasta el momento en que me dijo convencido que nuestra discusión no tenía mucha importancia porque, al fin y al cabo, todo es relativo Entonces, tuve que decirle que, al fin, había acertado: su forma de pensar era absolutamente relativa. Y es que a esto me refería antes cuando hablaba de quedarme en mi país, ese lugar exótico y plagado de rarezas como la forma astral que adoptaba la boca de mi amigo a la hora de pronunciar la palabra relatividad (después de leer esta palabra, el lector tendrá a bien reclinar su cabeza treinta veces mirando al Oeste) Porque uno puede creerse que el universo es relativo, me parece bien si así lo piensa; lo que no me parece saludable es que lleve su idea de la relatividad universal de Einstein al universo particular de toda la humanidad, de los que sufren porque no comen, de los que lloran porque han sido abandonados, de los que ríen porque han sido amados, de los que ven las estrellas y besan esos labios, sí esos labios eternos del ser amado; para todos menos para los relativistas, el mundo es un lugar de lucha, sufrimiento y valor. La fe en creer que si algo merece la pena hacerse, merece la pena hacerse aunque sea mal Yo sé dónde están los relativistas ideológicos como mi amigo: dentro de su propia burbuja de energía oscura que frena al propio universo, pero no como la constante cosmológica sino como la constante mediocridad de los hipócritas.