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8- 9 40 LOS VERANOS DE No hay que perderse Los más atrevidos y, sobre todo, los amantes del trekking gozarán con una visita al cercano volcán Merapi, siempre y cuando no esté activo. Con su cráter a 3.000 metros de altura y rodeado por una zona rica en vegetación, cuenta con numerosos hostales y resorts en los alrededores del mirador de Kaliurang. Aquéllos que prefieran la playa encontrarán arenas blancas, aguas cristalinas y bancos de corales al sur de Yogyakarta, destacando Parangtritis como la más próxima y los bellos enclaves de Krakal, Kukup, Ngrenehan y la isla de Drini. Para disfrutar de las populares danzas de Java, se puede asistir a los vistosos espectáculos que ofrecen el teatro al aire libre de Ramayana y el cubierto de Trimurti, que cuentan con centenares de artistas. Información y reserva de entradas en el teléfono 00 62 274 487058. Para dormir como un auténtico sultán, nada mejor que el Hotel Hyatt Regency de Yogyakarta (Jalan Palagan Tentara Pelajar. Telf: 00 674 869 123) un lujoso complejo formado por 269 habitaciones y pabellones de madera y rodeado de palmeras y cocoteros en medio de estanques artificiales. Las delicias gastronómicas locales, como el nasi liwet (arroz hervido con leche de coco y pollo al curry) o el nasi timlo (arroz y sopa con huevo y chuleta de ternera) se pueden degustar en los restaurantes Rumah Makan Adem Ayen (Jl. Jend. Sudirman, 60. Telf: 00 62 274 521212) o el aristocrático Bale Raos (Jl. Magangan Kulon, 1. Telf: 00 62 274 415550) Turismo solidario: los sufridos habitantes de las cercanas localidades de Bantul, Jetis y Klaten, aún en ruinas tras el devastador terremoto de mayo, agradecerán una visita y una pequeña ayuda de los viajeros. Más información en: http: www. yogyes. com http: www. bali- thepages. com Palacio del Sultán, que data del siglo XVIII, convertido hoy en museo y residencia del actual sultán de la provincia de Yogyakarta llegado en ocasiones a cubrir de blanco el monumento- y de los frecuentes terremotos que sacuden a la isla de Java. En este sentido, el devastador seísmo registrado a finales del pasado mes de mayo en Indonesia afectó a otro de los reclamos históricos más famosos de Yogyakarta, ya que el epicentro del temblor se localizó a sólo 30 kilómetros de la ciudad. Por ese motivo, el complejo de templos hinduistas de Prambanan, a 17 kilómetros al este de Yogyakarta, resultó dañado por el terremoto, puesto que se desprendieron numerosos bloques de piedra de sus recintos. Construido a mediados del siglo IX por el rey Balitung Mama Sambu, este conjunto arqueológico es uno de los mayores y más hermosos vestigios hinduistas del Sudeste asiático. Entre sus principales atractivos, destacan los bajorrelieves que ilustran los principios básicos del hinduismo y los restos de 244 templos, como los santuarios dedicados a las divinidades Shiva, Vishnu y Brahma. De vuelta a Yogyakarta, el monumento de mayor relevancia es el Kraton o Palacio del Sultán, que preside el centro de esta animada ciudad de convulso pasado. Y es que el Sultanato data de 1755, cuando Holanda, la potencia colonial dominante en esa época, dividió en dos esta región de las antiguas Indias Orientales bajo el Tratado de Giyanti. Así, del Sultanato de Mataram se desgajaron el de Surakarta y el de Yogyakarta, al frente del cual se situó Hamengkubuwono I. En su palacio, construido en 1757 y hoy convertido en museo, aún sigue residiendo su décimo descendiente. Gracias a la activa participación política de su padre en la lucha por la independencia de Indonesia, obtenida finalmente en 1950 tras la Segunda Guerra Mundial y la expulsión de las últimas tropas coloniales holandesas, Hamengkubuwono X continúa ostentando en la actualidad el título de Sultán de Yogyakarta. Pero, además, este heredero de una de las más importantes estirpes dinásticas de Java fue elegido en 1988 gobernador de la región especial de Yogyakarta, por lo que a sus poderes políticos suma unos privilegios propios de otros tiempos. Entre ellos, destacan los 200 criados que pululan por el recinto ataviados con el típico traje tradicional balinés, que no incluye zapatos, pero sí un vistoso pañuelo que, denominado blangkon utilizan los guardias a modo de sombrero. Rica y variada artesanía Alrededor del Kraton se abre un bullicioso y coqueto barrio plagado de tiendas y cafés en el que aún despuntan las ruinas del Castillo de Agua Tamansari el jardín levantado en 1758 para disfrute del Sultán y que empezó a rehabilitarse hace dos años. Para las compras, lo mejor es darse un paseo por la céntrica avenida Malioboro, con puestos especialmente ideados para satisfacer a los turistas, o por la calle que luego desemboca en la carretera que va a Solo, con mucho más acento local. En todos estos tenderetes se pueden adquirir los más característicos productos de la rica y variada artesanía de Yogyakarta, como bien labrados objetos de plata, marionetas de piel para el teatro de sombras chinescas o, por supuesto, los típicos batik las telas profusamente teñidas y decoradas con llamativos colores que, a modo de ropajes, conforman una de las tradiciones más antiguas de la isla de Java, la más deslumbrante perla cultural de Indonesia.