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4- 5 40 LOS VERANOS DE Víctor Pablo Pérez, un español en la corte de Rossini El director de orquesta español fue el encargado de inaugurar el Festival de Pesaro con la ópera Torvaldo e Dorliska dirigida escénicamente por Mario Martone POR JUAN ANTONIO LLORENTE T orvaldo e Dorliska una ópera semiseria de Rossini que había permanecido prácticamente olvidada, ha sido el título elegido para inaugurar la 27 edición del Festival que, como cada mes de agosto, tiene lugar en la ciudad natal del compositor. Para darle consistencia dramática en esa pequeña Scala que es el Teatro Rossini pesarés, se ha contado con el cineasta y director teatral Mario Martone, que ya triunfó aquí hace dos años con Matilde di Shabran y que ahora traslada parte de la acción al patio de butacas, virtualmente integrado en el castillo del perverso Duque, implicando al espectador en la liturgia, aunque tenga que sacrificar parte del escenario para instalar un gigantesco bosque realista: perfecto fondo para la trama sentimental del dramma semiserio de Cesare Sterbini, que, con su primer libreto, iniciaba la colaboración con Rossini, que daría su mejor fruto un mes más tarde con El Barbero de Sevilla En el foso, los infatigables jóvenes de la Orquesta Haydn de Bolzano y Trento, debutante en plaza, pendientes de la menor insinuación de ese gran domador de conjuntos que es Víctor Pablo Pérez, a quien estuvieron destinadas las mayores ovaciones de la noche por su valiente trabajo, pendiente de la acción estereoscópica Ayudando a las voces para redondear un trabajo eficaz a favor de esta compleja partitura de Rossini, que descubre su ambigüedad desde las primeras notas. Cuando, junto a los colores solemnes que requiere el concepto drama -al que ayudarán durante la representación detalles como los recitativos secos- justifica el de semiserio con guiños a sí mismo por esas notas que, desde Cenerentola parecen firma de autor. Triunfo igualmente para el concepto escénico de Martone y el eficaz trabajo de los coros. En el capí- Ángel Corella, durante su actuación en Perelada ABC EL CORSARIO Un ángel en Perelada POR PABLO MELÉNDEZ- HADDAD Michele Pertusi y Francesco Meli, en la representación ABC tulo solista, la mayor gloria fue para el bajo Michele Pertusi, que redondeó el papel del perverso Duca, capaz de matar por conseguir la mujer que le gusta. Bien en su cometido como Dorliska la soprano búlgara Darina Takova, cómoda en el agudo, con algunas dificultades en el legato para redondear agilidades, que a veces resultaron chillonas. Lo mismo que le ocurrió al tenor Francesco Meli, que un año después de darse a conocer en el festival en Blanca e Falliero revalida su título de cantor rossiniano. Y bien los tres protagonistas restantes, destacando el bajo Simone Alberghini en un cuidado Osmondo. Con él, la soprano Jeannette Fischer, imprimió carácter a Carlotta; mientras que Bruno Praticò, incondicional de esta cita veraniega, se volvió a ganar al público, supliendo el momento canoro a golpe de oficio del bueno Está en su mejor momento, maravilloso, prodigioso, mágico... Ángel Corella encandiló al público de la vigésima edición del Festival Internacional Castell de Perelada (Gerona) en este regreso del bailarín madrileño al evento ampurdanés, nuevamente rodeado de miembros del American Ballet, pero esta vez con un programa mucho más ambicioso que de costumbre. Su destreza técnica y expresiva en El Corsario ballet del que se presentó una suite reveladora- -la obra completa todavía no se presenta por estos lares- escaló hasta lo más alto de la historia de la danza. El lunes por la noche Corella simplemente voló por el escenario como impulsado por la tramontana, dejando tras de sí una estela de polvo de estrella... Con esta auténtica aportación al panorama dancístico local, la esporádica actividad en España del bailarín alcanzó su mayoría de edad al conformar algo así como una compañía propia contando con una luminaria de línea impoluta y giros fascinantes como Xiomara Reyes, una auténtica primera figura, de unas solistas de absoluto peso específico como Maria Riccietto, Wendy Whelan y Erica Cornejo, de bailarines de correctísima prestación como Carmen Corella, Cory Stearns y George Birkazde y de unas aspirantes de lujo- -provenientes del Jove Ballet de Catalunya- -como Aina Vidal, Carla Antúnez, Alicia Navas, Laia Bancells, Anna Navarro y Mireia Lorente: con este grupo humano, el sueño de Corella, ése de formar escuela, taller y compañía, comienza a tomar forma. Con una primera parte realizada en memoria de Mozart- -con cuatro piezas sobre música del compositor salzburgués- Corella quiso ofrecer su particular homenaje mozartiano. Vestido con toques dieciochescos, esta estrella de la danza levantó el telón con un solo de Christopher Wheeldon, un coreógrafo que conoce muy bien las posibilidades del bailarín, cuyo trabajo en común alcanzó cotas de excepción en El mensajero sobre el Adagio del Concierto para oboe pieza que Corella bordó con fuerza y equilibrio junto a una Wendy Whelan expresiva y entregada. El distraído y complejo Divertimento Concertante de George Birkadze, estuvo muy bien defendido por Maria Riccetto, Erica Cornejo, Cory Stearns y el propio creador. Después de ese Corsario inolvidable a cargo de Xiomara Reyes y de Corella y de una despedida eufórica del público, llamó la atención que no saliera a saludar ninguno de los coreógrafos de las piezas estrenadas, sino una mecenas: la dueña de una joyería que apoya económicamente esta gira veraniega de Corella, que cogió de la mano al bailarín y saludó como si formara parte del estrellato artístico. Los tiempos, definitivamente, están cambiando...