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ABC MIÉRCOLES 9 8 2006 Internacional 29 mente, tendrán que estar dispuestos a actuar con decisión antes de que el proceso tecnológico haga irrelevante el objetivo de interrumpir el enriquecimiento de uranio. Mucho antes de llegar a ese punto habrá que acordar sanciones. Para ser eficaces, éstas deben ser generales; las medidas a medias y simbólicas combinan las desventajas de todas las líneas de acción. Las consultas entre aliados deben evitar la indecisión que la Liga de Naciones expresó sobre Abisinia. Debemos aprender de las negociaciones con Corea del Norte a no meternos en un proceso con largas pausas para solucionar desacuerdos dentro del gobierno y dentro del grupo negociador, mientras la otra parte aumenta su potencial nuclear. En lo que respecta a los socios de Estados Unidos, existe igualmente la necesidad de decisiones que les permitan seguir un curso paralelo. a suspensión del enriquecimiento de uranio no debería ser el fin del proceso. El siguiente paso debería ser la elaboración de un sistema mundial de enriquecimiento nuclear en centros designados de todo el mundo y bajo control internacional, como Rusia ha propuesto para Irán. Esto restaría validez a las alegaciones de que se está discriminando a Irán y establecería una pauta para el desarrollo de la energía nuclear sin que estallara una crisis cada vez que un nuevo participante se incorpora al juego nuclear. El presidente Bush ha anunciado que Estados Unidos está dispuesto a tomar parte en las conversaciones de los Seis con Irán para impedir que nazca un programa de armamento nuclear iraní. Pero no será posible separar las negociaciones nucleares de una revisión global de las relaciones que Irán mantiene en general con el resto del mundo. El legado de la crisis de los rehenes, las décadas de aislamiento, y el aspecto mesiánico del régimen iraní ponen enormes trabas a la diplomacia. Si Teherán insiste en combinar la tradición imperial persa con el fervor islámico contemporáneo, es inevitable la colisión con Estados Unidos, y de hecho, con los demás socios negociadores del grupo de los Seis. Sencillamente, no podemos permitir que se materialice el sueño iraní de implantar un régimen imperial en una región de tanta importancia para el resto del mundo. l mismo tiempo, si se concentra en desarrollar los talentos de su gente y los recursos de su país, Irán no debería tener nada que temer de Estados Unidos. Por difícil que sea imaginar que Irán, bajo su actual presidente, participe en un esfuerzo que le exija abandonar sus actividades terroristas o su respaldo a instrumentos como Hizbolá, esta conciencia debería emerger del procedimiento diplomático y no de un postulado a priori. Un planteamiento así implicaría redefinir el objetivo del cambio de régimen, lo cual proporcionaría a Irán la oportunidad de cambiar verdaderamente de rumbo, independientemente de quién ocupe el poder. Es importante traducir dicha política en objetivos precisos y que puedan verificarse de forma transparente. El diálogo geopolítico no sustituye a una solución rápida de la crisis del enriquecimiento de uranio. Ésa deberá abordarse de manera separada, con rapidez y firmeza. Pero depende en buena parte de que una actitud inquebrantable en ese tema se entienda como el primer paso en la invitación más amplia a que Irán retorne al mundo en general. Al final, Estados Unidos deberá estar preparado para hacer valer sus esfuerzos con objeto de impedir que Irán desarrolle un programa de armamento nuclear. Por esa misma razón, Estados Unidos está obligado a explorar todas las alternativas dignas. (c) 2006 Tribune Media Services, Inc. A L EPA sea; o ha tomado la decisión equivocada desde el punto de vista de la estabilidad internacional. Si lograr conferir una sensación de urgencia a la diplomacia de los Seis y una nota de realismo a las actitudes de Teherán, la crisis de Líbano podría constituir un momento decisivo. Hasta ahora, Irán ha estado haciendo tiempo. Los mulás parecen querer acumular tanta capacidad nuclear co- mo les sea posible, aunque se vieran obligados a suspender el enriquecimiento, para estar en condiciones de usar la amenaza de reanudar su programa de armamento como medio de aumentar su influencia en la región. Dado el ritmo de la tecnología, la paciencia puede fácilmente convertirse en evasión. Los Seis tendrán que decidir con cuánta severidad van a insistir en sus convicciones. Más concreta-