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40 8 8 06 Su apellido, Rocafort, de los Rocafort de toda la vida, lo dice casi todo: mil años de sangre catalana corren por sus venas, y en ella, en su sangre, el poderoso hematocrito de la herencia de los almogávares, como su abuelo Berenguer, uno de los grandes capitanes de la compañía, al que ha dedicado un intenso libro, Yo Berenguer de Rocafort en el que pone unos cuantos puntos sobre algunas íes de aquella gente de armas tomar, de aquella tropa que llevó la bandera de Aragón, y de España, hasta el otro lado del Mediterráneo 0 16 4 0 L O S V E R A N O S D E Guillermo Rocafort CABALLERO LEGIONARIO. ESCRITOR El almogávar luchaba por España MANUEL DE LA FUENTE- ¿Quiénes eran, de dónde vienieron y hacia dónde fueron los almogávares? -Yo me inclino por pensar que son un producto genuinamente hispánico que sobre todo arranca a partir de 714, cuando los musulmanes invaden la Península. Entonces, los nobles visigodos y las clases elitistas emigraron hacia Asturias, pero la gran masa de la población se tuvo que quedar y continuar la lucha, escondidos en las montañas, donde se embrutecen, se asilvestraron, digamos, y se convierten en una especie de mutación de la raza, una mutación a la que son obligados por una presión brutal. -Se les ha llamado mercenarios. -Su vida es la guerra, sí, pero lo que les diferencia de los mercenarios son la fe cristiana que se refleja en su gran vocación mariana, y un profundo amor a la tierra y un poderoso sentimiento de liberación. Con el paso del tiempo y de la Reconquista, en la que tuvieron un papel fundamental como fuerza de choque, se convierten en una suerte de soldados idealistas que asumen su papel sacrificado siempre en primera línea. -Los almogávares nacían, pero también se hacían. -Cierto. Su manera de vivir y de guerrear se transmitía de padres a hijos. A los medievalistas su historia les fascina, porque los almogávares iban a la guerra con su mujer y sus hijos detrás. -Pues menuda lata para estar todo el día a mamporros. -No es exactamente así. Entre ellos existía un sentido de cuerpo, una unidad prácticamente familiar, de manera que sabían que si morían en combate su familia no quedaba desamparada, sino protegida por las pensiones de viudedad y de orfandad de todo el grupo. Igual sucedía si el guerrero era herido, no se le abandonaba. ¿Y nunca se cansaban del trabajo, de sus jefes, no se estresaban? -Ese espíritu de cuerpo que tanto cohesiona tiene que ver mucho con la libertad, con los estatutos y el consejo con el que se goberna- Paracas de la EDAD MEDIA La primera Bandera Paracaidista se llama Roger de Flor, el primer y más conocido capitán almogávar, y su espíritu combativo es muy similar, hasta el punto de que su grito de guerra es ¡Aur, aur desperta ferro! como el de los almogávares. En los años veinte se habló de llamar a la Legión el Tercio de Almogávares, y los boinas verdes mantienen aquel espíritu, un espíritu que se encuentra en muchos aspectos de la sociedad civil, sobre todo en Levante. Donde sí que no interesan los almogávares es en los círculos académicos IGNACIO GIL Tipo con temple ROGER DE FLOR El primer y gran capitán de la Compañía Almogávar fue templario entre los once y los veinticuatro años. Su vida fue increíble, no conoció otra cosa que el sufrimiento y la huida. Fue el último cruzado en abandonar San Juan de Acre, en su barco, el Halcón del Temple ban. Era inaudito para la época, pero si un almogávar decidía dejar la tropa lo podía hacer e incluso se le daba un dinero. Ese espíritu libre y colectivo, esa especie de democracia militar, era la que les hacía inexpugnables en las batallas. ¿Existía entre ellos algo parecido a una idea de España? -Por supuesto. Por ejemplo, Jaime I de Aragón mandó a sus almogávares catalano- aragoneses en auxilio de Alfonso X El Sabio, un castellano, y sus nobles se lo reprochan airadamente. Su respuesta no deja lugar a dudas: Lo hago para salvar a España Guillermo Rocafort, a las puertas del convento de las Trinitarias, en Madrid ¿Por qué entonces a su ataque de cólera en Oriente se le denomina venganza catalana -El cronista de aquellos hechos fue Ramón Muntaner, que, aunque amaba la Corona de Aragón, en este caso barrió algo para casa. La causa almogávar ha sido manipulada a menudo, y luego sus mismos manipuladores han sido quienes la han denigrado. Creo que tanto catalanes como aragoneses y valencianos tienen que estar orgullosos de los almogávares y verlos con los ojos limpios, hay que aceptar su grandeza pero también sus crueldades- -Parece ser que en tiempos de paz se ponían un pelín tensos. -Hay que tener en cuenta que cuando se establecieron en Oriente era una una milicia que llevaba siete siglos guerreando sin parar, y que tenía una inercia combativa inusual. Vivían de la guerra y en cuanto tuvieron que vivir en paz empezaron a surgir enfrentamientos y disputas, sobre todo entre el bando de los que eran de origen noble y los que no. Al final, el espíritu almogávar, el que defendía mi abuelo Berenguer, se fue diluyendo. -Su primer capitán y el más conocido fue Roger de Flor, un antiguo templario. Sin embargo, a los almogávares no les rodea ninguna extraña leyenda esotérica... -Eso del esoterismo en los templarios y sus relaciones secretas y extrañas es pura ficción... lo que pasa es que todo lo documental se ha perdido, no eran como los hospitaliarios, por ejemplo, que tenían bibliotecas. No han quedado casi documentos y la gente elucubra. Pero sí es verdad que la impronta templaria de Roger influyó en la Compañía Almogávar. -Para ser una tropa tan eficaz y disciplinada, ningún rey cayó en la tentación de convertirles en policías. -Habría sido imposible por su espíritu de libertad y su manera de vivir. Cuando no guerreaban eran vividores y bebedores, pendencieros, jugadores... la verdad es que no eran muy recomendables como policías.