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8 8 06 CRÍMENES SIN RESOLVER Vecinos de Algete se manifiestan para pedir el esclarecimiento del crimen de la joven JAVIER PRIETO El secreto de Eva Han pasado diez años y Eva Blanco es aún una X grabada en los archivos del crimen. La mató una puñalada en el hígado, pero le clavaron 17 veces una navaja. Intentó escapar del coche de su asesino, al que muy probablemente conocía. Con el rastro de un ADN se ha investigado a más de 600 personas sin resultado CRUZ MORCILLO PABLO MUÑOZ abía dejado de llover. La mañana del 20 de abril de 1997 concedió una tregua después de una noche de agua que enlodó Madrid. J. pasó en su moto poco antes de las nueve por la carretera en obras que une Cobeña con Belvis del Jarama. Al trasluz le pareció ver algo tendido en el canal, al borde del asfalto, pero siguió su camino. Y volvió sin que ya hubiera duda. El bulto de medio lado junto a la correntía era una chica y estaba muerta. Más tarde se enteraría de que su nombre era Eva Blanco, lo seguiría oyendo durante años, aunque él sólo la encontró y, por supuesto, ignoraba que la estaban buscando desde hacía nueve horas, desde quince minutos después de saltarse la hora de regreso a casa acordada con Olga, su madre. Meses después uno de los investigadores, repasando el atestado, pensaría con impotencia que Eva tuvo que pasar frío porque sus ropas estaban traspasadas por el agua. Catorce horas antes de que su cuerpo fuera descubierto, Eva aún H sonreía. Sus 17 años, cumplidos el 3 de febrero, no le habían traído su mejor momento pero era viernes y había quedado con sus amigos de Algete. Esa noche, igual que las dos últimas semanas, tampoco vendría su novio- -el chico vivía en Fuente del Saz y estaban enfadados- Se enfundó los vaqueros pitillo, una sudadera negra, las botas salomon y su inseparable cazadora bomber A las siete de la tarde salió de su casa para encontrarse con Tania (su mejor amiga) y Vanessa, las hermanas Rodríguez Oronoz, con quienes pasó más de dos horas en Varona la tienda de chucherías donde la pandilla decidía la siguiente parada. No hubo novedades. A las 21.45 se encaminaron a las pistas de tenis, situadas junto al colegio en la urbanización Valderrey. Allí, adolescentes compañeros de pupitre apuraban minis y maxis de calimocho y besos de 15 años a ritmo de risas y confidencias, confabulados en la oscuridad de las pistas. Vanessa y Eva- -Tania había vuelto a casa desde Varona -se despidieron del resto pasadas las doce menos diez de la noche. Caminaron juntas hasta la glorieta conocida como Canto de la Virgen y ahí se separaron. A Eva le quedaban unos 800 metros para llegar a su casa, en la calle Carmen Conde, un camino que nunca recorrió. A partir de la glorieta podía seguir al menos dos itinerarios: uno recto hacia abajo y otro en sentido ascendente. Nada más separarse de Vanessa se encontró con un hombre en coche que la estaba esperando. Alguien a quien conocía, de lo contrario no habría subido al vehículo. También pudieron El asesino llegó a su casa sin una mancha de sangre, sin una salpicadura de barro. Aún queda la esperanza de que una madre o una esposa intuyeran y decidan recordar. Escribía un diario que sólo en parte llegó a los investigadores. Había cambiado y quizá callaba algo, una relación, un confidente, que no conocían ni sus mejores amigas