Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6- 7 40 LOS VERANOS DE Muere El Chato de la Isla, un cantaor a la vieja usanza El gaditano, que ha muerto a los 82 años, fue un cantaor forjado a la antigua usanza, como los genios de antaño, y destacó especialmente por sus fandangos moros POR MANUEL RÍOS RUIZ FOTO: ÁLVARO RIVERO no de los artistas flamencos más singulares de la segunda mitad del siglo XX nos ha dejado inesperadamente. José Llerena Ramos, El Chato de la Isla de nombre artístico por su fisonomía, ha muerto de un infarto en una calle de Madrid- -la ciudad de sus triunfos- -a los 82 años. Se inició cantando en los tranvías que hacían el trayecto desde San Fernando a Cádiz, cuando contaba 7 años, a cambio de la voluntad de los viajeros. Era, por lo tanto, un cantaor forjado a la antigua usanza, como los genios de antaño. Su sepelio, que tuvo lugar ayer, ha constituido una manifestación de duelo por parte de los buenos aficionados, admiradores especialmente de su cante por fandangos, estilo al que le imprimía una musicalidad arábiga desde la salía por lo que los públicos le pedían que interpretara sus fandangos moros Gran parte de la vida artística de El Chato de la Isla se desarrolló en las reuniones de cabales, principalmente en la Venta Vargas de su ciudad natal, con esporádicas actuaciones en público, hasta que, en 1962, se trasladó a Madrid, para formar parte del tablao Las Brujas, donde alternaba con Manolo Sanlúcar, Terremoto, los Hermanos Reyes, la Perla de Cádiz, María Vargas, Merche Esmeralda y otras figuras, durante diez años consecutivos. En 1972 fue nombrado artista popular por el desaparecido diario Pueblo comenzando sus grabaciones discográficas acompañado a la guitarra con Manolo Sanlúcar y compartiendo títulos con Agujetas, El Sordera, José Mercé, María Vargas y Terremoto. A partir de mediados de los setenta, El Chato de la Isla abandonó los tablaos para ofrecer recitales en peñas flamencas y centros culturales, participando también en importantes festivales, entre ellos, en la II Cumbre Flamenca de Madrid, en 1985, y en las Noches Flamencas del Círculo de Bellas U Mozart andante el nuevo espectáculo de Els Comediants MOZART POR COMEDIANTS Un FIS multicolor POR COSME MARINA FOTO: REUTERS El Chato de la Isla Artes, en 1986. Seguidamente, llevó a cabo la grabación de nuevos discos, junto a las guitarras de Paco de Lucía y Enrique de Melchor. Sus títulos más significativos son El cuarto de los cabales (CBS) 1972; Grandes cantaores de flamenco (Philips) 1994, y Cultura Jonda. Vol. 4 (Fonomusic) 1999. El repertorio de El Chato de la Isla era muy amplio; además de su dominio del fandango, abarcaba un acervo que, partiendo de los martinetes y las tonás, llegaba a los cantes festeros por tangos, rumbas y bulerías, pasando por toda la gama de las cantiñas de su bahía gaditana, las diversas soleares, las siguiriyas y las malagueñas del Mellizo, así como los cantes de Levante y los giros aflamencados de las milongas y las guajiras, en la mayoría de estos estilos siguiendo la escuela caracolera. En definitiva, como diría Demófilo era un cantaor generalísimo. un cantaor generalísimo Más que intenso, vertiginoso ha sido este primer fin de semana de agosto en el Festival Internacional de Santander (FIS) La oferta se ha diversificado de forma asombrosa y se han llegado a reunir miles de personas en alguna de sus más atrevidas propuestas. El sábado el público acogió con entusiasmo al Tokio Asami Ballet, que bailó con energía ese fascinante encuentro entre el coreógrafo Roland Petit y el grupo de rock británico Pink Floyd. El domingo la doble cita también cumplió sobradamente con las expectativas previas y lo hizo por dos vías muy diversas, pero ambas con la música como común denominador. En el hermoso santuario de la Bien Aparecida tuvo lugar un acontecimiento de relieve. Ni más ni menos que el estreno de un maestro, del Cuarteto número 1 que el propio Festival encargó a Joan Guinjoan. Obra de impecable hechura y dotada de un nervio expresivo coherente de principio a fin, fascinó a los oyentes por su concreción expresiva. De hecho, el público que llenó el santuario asistió a esta primera audición con una concentración ejemplar que estalló en ovaciones intensas al final de la ejecución. En la obra anida un expresionismo de cierta raíz romántica que da alas a una capacidad inventiva mayúscula. Guijoan exige y mucho, además, a los intér- pretes en una pieza que requiere transcriptores de altura. Y lo fue, en la exquisitez de planteamiento, un cuarteto sólido como el Brodsky que planificó el estreno con un rigor del que obtuvieron resultados de alto nivel. Previamente abordaron con nervio febril el Cuarteto número 10 en Do mayor K 465. De las disonancias de W. A. Mozart, en este año de aniversarios rotundos y, quizá también por ello, esa deslumbrante partitura que es el Quinteto para piano y cuerdas en Sol menor, op. 57 de Dimitri Shostakovich, acompañados al piano por un eficacísimo Brenno Ambrosini. En las tres obras el éxito fue significativo, de los que se recordarán por el disfrute puro de la música en un ambiente sosegado, propicio. Y mientras la música contemporánea se adueñaba de uno de los enclaves emblemáticos de Cantabria, arrancó y se mantuvo durante horas en feliz recorrido desde el Palacio de Festivales hasta el Ayuntamiento una colorista y festiva cabalgata con W. A. Mozart como principal argumento. Mozart Andante fue, en este sentido, una festiva y didáctica reactualización callejera del compositor, en la que Els Comediants realizó un somero repaso cronológico por la vida y la creatividad del salzburgués. Todo un festín que miles de personas siguieron en la calle con una algarabía muy mozartiana.