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8 8 06 CULTURA Y ESPECTÁCULOS Carmen Linares, en un momento de su actuación en La Unión mente la granaína, los fandangos y las bulerías. A pesar de contar con la dificultad de ser el primero en salir al escenario como si fuera un telonero, cuando el público aún no suele estar caliente. Una gran actuación de Luis de Córdoba, que fue premiada y despedida con grandes aplausos. A continuación salió al escenario la gran diva del flamenco: Carmen Linares, una dama que ya lleva muchos años manteniéndose en los primeros puestos del escalafón, asunto nada fácil como ustedes pueden suponer en un mundo dominado por las voces masculinas, y cantó por derecho cantiñas y romeras, una dulce milonga con letra del poeta Jorge Luis Borges, una soleá de Triana, tarantos, siguiriya y bulerías. Un recital muy completo, con unas soleás y unas seguiriyas a las que la gran Carmen Pacheco, la de Linares, ya le impone un sello muy personal. A Carmen Linares le acompañaban Javier González González y su hermana Ana María a las palmas y a los coros; y a las guitarras José Manuel León y Eduardo Pacheco, hijo de Carmen, que también fue despedida con grandes ovaciones. Flamenco ¡Que vuelva Miguel Poveda! La gran cantaora Carmen Linares actuó el domingo en el Festival del Cante de las Minas, entre dos caballeros cabales: el veterano Luis de Córdoba y el eterno joven Miguel Poveda POR PATRICIO PEÑALVER FOTO: A. GIL AGM El eterno joven Y cerraba la gran velada flamenca el eterno joven Miguel Poveda, que nada más salir al escenario ya tenía al público a su disposición, y lo tiene desde que ganara la Lámpara Minera y otros premios la noche del 14 de agosto del 1993. Pues ahí estaba el cataor, de pie, recibiendo los aplausos de bienvenida, cuando se sentó sobre la silla y se arrancó con unos cantos de trilla, unos martinetes y pregón de Antonio Mairena, sencillamente espeluznantes, para poner los vellos de punta. Esas fueron sus buenas noches y su carta de presentación. A estos cantes le siguieron unas alegrías y malagueñas, unos tientos- tangos y una serie de canciones dedicadas a los grandes maestros de la copla. El público ya se había rendido a sus pies y aún quedaba lo mejor, unas mineras que dedicó al cantaor minero Pencho Cross, que por motivos de salud no estaba allí, y unas bulerías que compartió con Luis El Zambo. Antes también había invitado a El Zambo a cantar por soleá, que recibió un caluroso aplauso del público. A Poveda le acompañaban Chicuelo a la guitarra y a las palmas Carlos Grilo y Luis Cantarote. Otra gran noche de gloria bendita para Poveda, que puso al público en pie y volvió a salir por la puerta grande. Muchos aficionados no se quisieron perder la gran noche Seguro que disfrutaron como Miles Davis, que dice: A veces, cuando oigo flamenco, me arrodillo. Mi corazón se encoge y luego crece antes de volver a escoger l cartel de la noche del domingo lo formaban Carmen Linares, Luis de Córdoba y Miguel Poveda, tres figuras ya consagradas en la geografía de lo jondo, y sobre el papel éste era muy equilibrado, por lo que muy mal se tenían que dar las cosas para que la noche se rompiera y no nos supiera a gloria bendita. Le tocó abrir la gala y romper el hielo al veterano Luis de Córdoba, un gran cantaor que conquistara hace ya la friolera de 34 años dos Lámparas Mineras, la de 1973 y 1974. Comenzó cantando por granaínas, y le siguieron alegrías y cantiñas, cantes de Levante, tientos, tangos, fandangos y bulerías. E Luis de Córdoba cantó de dulce con esos particulares melismas que atesora, con esa voz tan laína que le caracteriza y no sorprendió a los viejos aficionados. Sin embargo, sí resultó una grata sorpresa para los nuevos aficionados que se incorporan al planeta de los cabales. Todos los cantes los dibujó bien, con la inestimable colaboración de la guitarra de Manuel Silveria, siempre pulcra, especial- Carmen Linares cantó por derecho cantiñas y romeras, una dulce milonga con letra del poeta Jorge Luis Borges, una soleá de Triana, tarantos, siguiriya y bulerías