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ABC MARTES 8 8 2006 23 El presidente Bush afirma que son los cubanos los que deben decidir democráticamente su futuro Impresionantes medidas de seguridad en la toma de posesión de Álvaro Uribe en Colombia Más de quinientos cohetes Katiusha le han caído encima desde el 12 de julio a esta localidad del norte de Israel, próxima a la frontera con el Líbano. Sólo ayer por la mañana, cincuenta Vida de perros en Kiryat Shmona J. CIERCO KIRYAT SHMONA. Ruthie era muy guapa. Eso demuestra una foto que lleva encima y enseña bajo ese socorrido pretexto de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Aún le queda algún rasgo de esa belleza marroquí que atesoró en su adolescencia y que hoy se ha arrugado no sólo por el paso del tiempo, apenas tiene 42 años, sino por la dureza de una vida sembrada de obstáculos. Ruthie tiene dos hijas gemelas de 4 años. Hadar y Mor. Son como dos gotas de agua pero, por desgracia, se las distingue sin dificultad. Los médicos tuvieron que amputar la pierna derecha de Hadar por una enfermedad hereditaria que no se ha desarrollado en su hermana. Ruthie no tiene marido. Es madre soltera. No tiene más trabajo que el que consigue en la ciudad más castigada del norte de Israel como asistenta. Ruthie, por tener, no tiene casi nada. Sus dos hijas, por las que daría su vida, y poco más. Bueno, le sobra, a ma- nos llenas, el miedo. El estrés. La ansiedad. A ella y a sus dos pequeñas. El mismo miedo, el mismo estrés, la misma ansiedad que sienten a cada minuto los poco más de 5.000 habitantes de Kiryat Shmona que no han huido. El resto, 19.000, se marcharon el 14 de julio, día en que cayó aquí la primera oleada de cohetes Katiusha Desde entonces lo han hecho más de quinientos. Sólo en la mañana de ayer cincuenta en apenas dos horas. Para meterse en el refugio y no volver a salir. Saqueo de viviendas Eso es, en efecto, lo que hicieron Ruthie, Hadar y Mor hace 25 días. Y no han salido más que para dar cortos paseos. Sin alejarse demasiado. Comen lo que les facilita el Ayuntamiento. Duermen en unas colchonetas finas y delgadas. Se lavan en unos barreños al carecer el refugio de duchas. Se distraen con algunos juguetes, las niñas; con los programas de las televisiones, la madre, que sólo hablan de la guerra, de la guerra, de la guerra. Ruthie tiene una casa muy modesta, en el número 12 de la calle Eilat, que sólo ha pisado una vez en casi un mes: el día que le acompañó la Policía para que denunciara lo que le habían robado. Y es que varios ladrones de la zona (dos detenidos eran vecinos de Kiryat Shmona) se han dedicado en los últimos días a saquear las viviendas vacías. Con la suerte que le caracteriza, su casa también fue asaltada aunque no se llevaron gran cosa: Ventajas de no tener de nada Hadar y Mor son dos de los pocos niños que quedan en Kiryat Shmona. Se han ido casi todos. A casa de sus abuelos, de sus tíos, de amigos de la familia o, simplemente, de vacaciones anticipadas. Algunos, sin embargo, han tenido que volver por carecer de fondos suficientes para pagarse un hotel por tiempo indefinido. Otros, los más pobres, los enfermos, los inmigrantes marroquíes y rusos se han quedado bajo los cohetes. No podemos sacar a todos, nos falta presupuesto explica el alcalde, Haim Barbivay, quien se consuela organizando excursiones para sus convecinos al safari de Ramat Gan, a un parque acuático de Herzliya, e incluso a Eilat, al mar Rojo, gracias a un acuerdo con su colega de la ciudad costera. Las sirenas El Ayuntamiento trabaja bajo tierra, en sótanos, para satisfacer las necesidades de los que por aquí siguen. El esfuerzo se agradece pero no consuela a casi nadie. Mucho menos cuando comienzan a sonar las sirenas, cuando estallan los cohetes, cuando Ruthie mira a sus hijas metidas entre cuatro paredes insalubres, cuando repasan su vida, que no se la desean ni a los perros que a decenas han sido abandonados por sus dueños por el norte de Israel.