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46 LUNES 7 8 2006 ABC FIRMAS EN ABC CAMILO ABIÉTAR PRESIDENTE NACIONAL DE LA ORG. DE PROFESIONALES Y AUTÓNOMOS LOS MALOS HUMOS DE LA LEY ANTITABACO La Ley antitabaco pide a gritos una revisión profunda en lo referente al sector de la hostelería. Es necesario salvar esas diferencias que establece... E L 2006 empezó rodeado de polémica debido a la recién estrenada Ley para la Prevención del Tabaquismo. Nadie cuestiona su utilidad y la necesidad de implantar medidas dirigidas a la prevención del consumo de tabaco. Lo que actualmente está en tela de juicio son las consecuencias que está generando esta controvertida norma jurídica. Muchas son las preguntas que la sociedad y los sectores empresariales se están planteando, muchas son las la- gunas y contradicciones que se han detectado En definitiva, muchos son los sectores que la consideran imprecisa, ambigua y en casos concretos discriminatoria. El pequeño empresario autónomo es el más perjudicado con esta nueva regulación. Los autónomos en hostelería gestionan la mayoría de los establecimientos de menos de 100 metros y los de entre 100 y 150 metros, que son aquellos en los que la aplicación de la prohibición de fumar es más dura. La Ley Antitabaco no ha tenido en cuenta el grave perjuicio que ocasiona al pequeño negocio autónomo la deci- SANTIAGO TENA ESCRITOR SALVAR EL MUNDO ¿P UEDE la poesía cambiar el mundo? De acuerdo con el testimonio de muchos poetas, que dan un sentido casi religioso y místico y un origen espiritual a la poesía, ¿puede ser ésta portadora de verdades que desengañen al mundo de muchos errores que están en el origen de la violencia y de la injusticia y cumplir por tanto una función redentora? Las palabras de Buda, las de Jesús, las de Marx, las de Mahoma, cambiaron el mundo en su día y siguen influyendo en las costumbres y en las creencias de mucha gente, y son muchas veces las que se toman en cuenta para marcar los límites entre lo justo y lo injusto, entre el bien y el mal, con todas sus consecuencias jurídicas e históricas. De este mismo modo, ¿no es acaso en parte la misión del poeta la búsqueda de una verdad espiritual que vaya más allá de toda religión y de toda moral? ¿No es lo más parecido el poeta, en el prosaico mundo occidental en que vivimos, a los iluminados religiosos de la Edad Media, a los santones del islam o de otras religiones de Oriente, a los profetas del Antiguo Testamento o a los filósofos peripatéticos de la Grecia antigua? ¿No es el poeta que busca el contacto con lo sagrado de la palabra el verdadero elegido de Dios en un mundo materialista en el que cuentan más el poder, la fama o el dinero que la verdad? No ha de ser acaso la misión de todo escritor y de todo intelectual bus- car esa verdad? Y si la encontramos, ¿nos hará libres? ¿Nos hará desengañarnos de todas las mentiras en que basamos muchas decisiones y que al fin son fuente de la violencia, de la guerra, de la injusticia, de la represión absurda de los más sanos impulsos, del egoísmo, de la ambición malsana, del rigor moral mal entendido, de costumbres y tradiciones que conducen a creer que unas personas son superiores a otras, a confundir lo legal con lo justo, a confundir la autenticidad con la locura, la ortodoxia con la santidad? Ya sé que me pongo trascendente con estas cosas, pero es que no me resigno a ser lo que a alguien pudiera parecerle que soy: uno más. Yo, que predico la igualdad, no quiero ser ni me acepto como uno más. Tengo que ser lo más especial que haya existido, y esa es mi ambición malsana. Pero quizá no tan malsana, quizá una ambición que busca el máximo bien y que quiere prescindir de todos los criterios perecederos es algo más que una ambición, quizá es la suprema ambición. Y lo raro es que no haya más gente que la comparta, lo raro es que no haya quien quiera saber por qué suceden las cosas que no sabemos por qué suceden, por qué cuando estamos desesperados y al límite surge de ninguna parte la solución, por qué tenemos mil sentimientos inexplicables, por qué al tocar una mano sabemos que le gustamos a una mujer, por qué en nombre de Dios y de la libertad y de la salud se cometen las mayores violencias, qué es lo que nos falta saber para escapar de la desdicha, para redimir también a los demás. En una lista de frases célebres había una que me llamó la atención, no sé de quién: Busca la luz, y la encontrarás Y sé que la he encontrado y sé que a cada poco se me borra el primer entusiasmo que me produjo, y me da pena, y me he propuesto muchas cosas, me he propuesto abandonarme absolutamente a la Providencia, aunque sin saber bien cómo se hace, y me he propuesto escribir toda la verdad, sin conocerla, en la esperanza de conocerla algún día, y con esa verdad hacerme leer, pero sobre todo hacer leer la verdad, y ya casi me da igual morirme con tal de dejar escrita la verdad y de que la verdad se conozca y se difunda, y ya casi me da igual que mi nombre se olvide para siempre, porque sé que hay un lugar en el que no cuenta lo que dicen los libros ni lo que sale en la televisión, y sí lo que de verdad ha sucedido, y doy mi vida cien mil veces porque mi mérito esté cien mil veces más en ese lugar que en la memoria de los hombres, y no me apetece el mérito de haberlo sencillamente intentado: quiero lograrlo, aunque el fracaso aparente contradiga el éxito real. No me importa que todos piensen que soy un perdedor y un fracasado: lo que cuenta es lo que pasa de verdad, no lo que la gente piensa que pasa. Y hasta prefiero no saber nunca que he tenido éxito y creer que he fracasado con tal de efectivamente tenerlo. No quiero satisfacción. Sólo quiero lo que está por encima de todo, lo que nadie ha alcanzado: erradicar la mentira, erradicar el error, tanto como pueda, y más. sión de ser establecimientos con permiso para fumar o establecimientos libres de humos Los propietarios de estos locales no sólo se han visto obligados a elegir qué mitad de su clientela quiere perder, la que fuma o la que no, sino que además sufren determinados problemas en la gestión de sus negocios. Por ejemplo, los propietarios de establecimientos de entre 100 y 150 metros cuadrados, que son la gran mayoría de los negocios del sector, si han declarado que el local tiene una zona de fumadores, la Ley les obliga a emplazar esta zona en un lugar que no sea de paso, lo que es materialmente imposible en un local de esas dimensiones. Por tanto, ningún establecimiento puede adaptarse a esos requisitos legales. Igual situación de desigualdad se vive en relación a los empleados de los pequeños establecimientos. La Ley obvia completamente la salud de determinados trabajadores, aquellos que trabajan en los establecimientos en los que está prohibido fumar. De esta forma la ley diferencia entre aquellos que tienen derecho a la salud y los que no lo tienen. También comprende puntos especialmente complicados en lo que se refiere a la vigilancia del cumplimiento de esta norma. Los propietarios se ven obligados de ser vigilantes de su propio negocio si no quieren ser sancionados. Los enfrentamientos con el cliente para obligar a apagar un cigarrillo dan lugar siempre a una situación dañina para el negocio y para el autónomo. Ya se han producido altercados entre el dueño de un bar en el que se prohíbe fumar y un cliente fumador. La Ley antitabaco pide a gritos una revisión profunda en lo referente al sector de la hostelería. Es necesario salvar esas diferencias que establece, bien declarando una prohibición total de fumar en todos los establecimientos hosteleros, o bien, no tan drástica, otorgando mayores facilidades, sobre todo al pequeño negocio de hostelería, para incorporarse a esta nueva norma jurídica. La ministra de Sanidad ya lo admitió al declarar que están estudiando la posibilidad de ir un paso más allá en los locales de restauración de menos de 100 metros cuadrados, si la mayoría sigue permitiendo fumar. Los autónomos comprendemos que la aplicación de esta Ley es difícil, precisamente por todos aquellos campos a los que pretende dar respuesta. El Gobierno no consideró los daños que se están causando a la competitividad del pequeño negocio en favor del grande. De seguir así, muchos pequeños empresarios van a verse obligados a cerrar o despedir a parte de su plantilla por pérdida de competitividad o falta de negocio. Por eso, precisamente en su diseño y sobre todo ahora en su implantación se debería buscar el consenso de todos aquellos colectivos que se están viendo afectados de forma brusca por esta Ley. Porque su entrada en vigor no sólo es una cuestión de salud y malos humos.