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7 8 06 FIRMAS RELATO El sillón POR MEDARDO FRAILE Miembro de la generación del 50, fundó Arte nuevo (primer teatro de ensayo de posguerra) Premio Nacional de la Crítica, autor de teatro, ensayo y novela, es maestro del relato, que cultiva desde 1954 y reúne en Cuentos completos i madre se marchó una mañana a la compra y volvió en la furgoneta de un ebanista, que subió a nuestra casa un sillón. Cuando llegó mi padre del trabajo y lo vió junto a la ventana del cuarto de estar, le preguntó: ¿De quién es eso? Y mi madre le dijo: -Lo he comprado yo. Mi padre la miró con descreimiento y exclamó: ¡Tú estás loca! Así me contó mi padre lo del M sillón no sé cuántas veces, porque cuando lo compró mi madre yo sólo tenía cinco años y, además, él me lo contaba para que me pusiera de su parte. Mi madre llevaba ya mucho tiempo insistiendo en que debían adecentar la casa por si un día venía a vernos doña Micaela. -Doña Micaela es doña Micaela y nosotros somos nosotros; ella tiene dinero y nosotros no... -Podemos ir comprándolo todo a plazos... Así que, una mañana, se paró a mirar en la ebanistería que había junto al mercado, vio el sillón y le pareció un buen comienzo para cambiar la casa. E l ebanista le contó lo siguiente: que el sillón era de caoba americana y de estilo isabelino, pero ya tardío, porque estaba mejorado con muelles en el respaldo y el asiento. Que pertenecía al palacio de la calle de Ministriles y se lo habían llevado para tapizar, pero no encontró seda de Nanking y lo hizo con seda artificial de Chardonnet y, al final, la marquesa le dijo que se quedara con él, porque habían pensado reamueblar la sala... A mi madre se le pusieron los ojos como platos y, con un hilo de voz, dijo: -No tengo dinero para comprar eso... ¡Qué pena! -No hay prisa... Páguemelo a plazos- -le dijo el hombre. Mi madre concertó el pago en siete mensualidades y el ebanista lo cargó en su furgoneta y llevó a mi madre y el sillón a casa. Nuestros muebles eran de ocasión y viejos, y el que no cojeaba, se quejaba en los goznes, tenía aspecto mediocre o había nacido mal hecho. Mis padres, al casarse, compraron los cuatro trastos que necesitaban y se metieron en el piso, que era de renta baja y más viejo que antiguo. Así que mi madre se había ido por las nubes para empezar a renovar los muebles. Mi padre nunca aceptó el sillón, ni siquiera esperando que nos visitara doña Micaela y, a lo largo de los años, aunque con menos frecuencia según pasaba el tiempo, fue inventando argumentos contra él. -Ese sillón no es de mi clase... Yo no me siento ahí... -Un hombre no necesita tanta blandura para las posaderas... -Sólo hace una revolución el que se sienta por los suelos... ¡Cuántos jamones nos habríamos comido con el dinero que eso te costó... Y, si estaba de buen humor ese día, lo llamaba el sillón sibilino El sillón era de caoba americana y de estilo isabelino, pero ya tardío, porque estaba mejorado con muelles en el respaldo y el asiento Mi padre nunca aceptó el sillón y, a lo largo de los años, aunque con menos frecuencia según pasaba el tiempo, fue inventando argumentos contra él