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4- 5 40 LOS VERANOS DE La vieja guardia del flamenco El Festival del Cante de las Minas congregó el sábado a representantes del cante y el baile en su forma más clásica, como José Menese, El agujetas o Antonio el Pipa POR PATRICIO PEÑALVER FOTO: A. GIL AGM L a noche del pasado sábado el Festival del Cante de las Minas nos traía un cartel de flamencos que cultivan un estilo clásico, una manera de interpretar el arte de lo jondo desde las concepciones canónicas que los grandes maestros como Manuel Torre o don Antonio Mairena les legaron. Allí estuvieron Nano de Jérez, que cantó por tangos, bulerías por soleá, fandangos, soleá y bulerías. Dijo que venía a confirmar la alternativa en esta plaza, y lo hizo a lo grande, con el crisol del compás que atesora, acompañado a la guitarra excelentemente por Antonio Carrión, y se marcó unos bailes de pura fiesta flamenca, de puro goce personal. También muy concentrado en sí mismo se encontró José Menese, que antes de comenzar, dijo: La Unión pesa más o menos como el Gran Poder. Aquí hay que venir con los machos bien ataos Y así venía el maestro de La Puebla de Cazalla, que se probó el alcance de su voz con una Nana muy sentida, y se sintió seguro. A partir de ahí todo fue miel sobre hojuelas. Y le siguieron la farruca, tarantos, una guajira hermosa y dulce como el almíbar, y una espléndida soleá y magnífica siguiriya que dedicó al cumpleaños de su hijo Diego. Un momento del espectáculo en Santander REUTERS PINK FLOYD BALLET Rock en el ballet POR JULIO BRAVO José Menese, durante su actuación en La Unión nuel Torre: Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende Tampoco hay que ponerse estupendos y pedirle peras al olmo: a los flamencos ya veteranos en edad, muy pocos son los maestros que nos van quedando. Y no hay más madera que la que arde. Esto es lo que hay. Por supuesto que a uno le gustaría escuchar cantar a Menese y Agujetas como los oía hace 25 años, pero no puede ser. Y, como decía otro maestro, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Y la larga gala, a la vieja usanza, la cerraba el baile de un joven clásico, Antonio el Pipa, que parece un anciano en sabiduría bailando por cantiñas y soleá; por tientostangos con su tía Juana la del Pipa y soleá por bulerías con María José Franco, y por bulerías fin de fiesta, de un modo extraordinario. Al toro El Agujeta, después de dar las buenas noches, ya dejó escrita su declaración de intenciones: Soy gitano y voy a cantar como gitano, así que al toro Y comenzó, acompañado a la guitarra por Antonio Soto, por soleá, para seguir por siguiriyas, fandangos, martinete y taranta. Al parecer no le faltaban ganas, pero lo intentaba una y otra vez y no se sentía seguro con el registro de su peculiar rajo gitano. No era su noche, aunque dejó apuntes de un modo de cantar ortodoxo que se va perdiendo. Agujetas se pasó toda la noche en busca del duende, que así lo definía Ma- El pop y el rock no son una fuente de inspiración habitual para el ballet. Al menos, no tanto como cabría esperarse de un arte en continua evolución y de una música que lleva ya varias décadas arraigada en la sociedad occidental. Hay, sí, magníficos ejemplos de entendimiento entre ambos. Maurice Béjart ha sido uno de los que mejor ha sabido encontrar el vehículo de expresión adecuado; también Twyla Tharp, creadora de una preciosa coreografía sobre las canciones de Frank Sinatra, y Roland Petit, uno de los creadores más sobresalientes de la historia reciente de la danza (además de uno de sus principales renovadores) A Petit se debe Pink Floyd Ballet un trabajo creado hace más de treinta años, pero que recuperó recientemente por impulso del Asami Maki Ballet de Tokio, uno de los conjuntos punteros dentro de la danza clásica nipona. La compañía ya trajo el pasado año este trabajo a España, y este verano repite en varias plazas, entre ellas el Festival de Santander, donde ha inaugurado su apartado de danza. Roland Petit estrenó Pink Floyd Ballet en Marsella en 1972, con la presencia en directo del grupo. Después se pudo ver en París, pero no tuvo una vida muy larga hasta su recuperación en 2004. Se han incorporado canciones como The great gig in the sky o Run like hell en una vistosa versión breakdance La coreografía es mucho más que una curiosidad, va más allá de un ejercicio de estilo sobre una música inhabitual. Posee el dinamismo, la inteligencia y la brillantez propias de su creador, aunque presente algunas irregularidades y sobresalga más en sus fragmentos corales que en algunos solos, donde se echa de menos algo más de alma y de corazón. Para poner en pie esta nueva versión, Petit ha contado con el Asami Maki Ballet, un conjunto con el tesón y la disciplina propios de las compañías y los artistas nipones. Pocos países demuestran tanta pasión por el arte como Japón, y el ballet encuentra allí un público tan curioso como efusivo y entusiasta; el mismo que demuestran los bailarines del Asami. Para su gira española, la compañía japonesa ha contado con Lucía Lacarra como artista invitada. La bailarina donostiarra, último premio Nacional de Danza, es desde hace años una de las musas de Roland Petit, que ha encontrado en ella un vehículo excepcional para su manera de entender la danza. Lucía Lacarra cose las coreografías de Petit con una sutileza difícil de superar. Su sensibilidad, su musicalidad, sus poderosas extensiones y esa manera tan personal de acariciar la música con sus movimientos son sus principales armas para enamorar al público.