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6 Opinión LUNES 7 8 2006 ABC EL OBSERVATORIO EN FIN ESTADO PLÁSTICO LA SUPERVIVENCIA DE ISRAEL pueda seguir disparando unos pocos cohetes contra IsA guerra de Israel en Líbano no puede detenerrael, y el Tsahal se empantane en una nueva guerra se ahora. Si se parara antes de la derrota total de desgaste en el Líbano, la guerrilla islamista y sus de Hizbolá, arguyen algunos amigos de Israel, patrones podrán cantar victoria, señalan otros especianos retrotraeríamos a los días previos a la retirada listas norteamericanos. israelí del sur del Líbano, hace seis años, cuando los En noviembre de 2003, Bush convocaba a los grandes cohetes Katiusha golpeaban periódicamente el del planeta a una Iniciativa para el Gran Oriente Menorte de Israel. Eso, en el mejor de los casos. En el dio. Se trataba de enmarcar la invasión de Irak peor, se enviaría una señal clara a los islamisen una estrategia global de reformas en una retas enemigos de Occidente, y muy en especial gión que comprendía, además del mundo árabe, al régimen iraní, capo real de Hizbolá, sobre Irán, Pakistán y Afganistán; y de restañar las hela capacidad de resistencia de Occidente en la ridas abiertas por el conflicto iraquí. Tras cierperspectiva de un futuro choque de mayor altas reticencias, la Liga Árabe se adhirió al procance que consideran inevitable, en especial yecto en mayo de 2004. Siguieron una serie de si a este ensayo general se responde con polítireformas en Egipto, Jordania, e incluso en Aracas de apaciguamiento. EDUARDO bia Saudí, en lo que se saludó como el principio Hay otros amigos de Israel que plantean la SAN MARTÍN de una primavera democrática en la región. cuestión en términos diferentes. ¿Es capaz IsEn la cumbre de Sea Island (junio de 2004) el G- 8 inrael de conseguir sus legítimos objetivos con esta loca trodujo un elemento esencial, no previsto en el borraofensiva; o, por el contrario, puede encontrarse con lo dor norteamericano. Toda reforma debería ir acompacontrario de lo que se propone? De momento, el único ñada de un acuerdo justo, conjunto y duradero en el resultado visible, mientras los Katiusha siguen maconflicto árabe- israelí A partir de entonces, la diplotando a israelíes, es la devastación de un aliado potenmacia de Estados Unidos perdió interés en el asunto, tal cial de Occidente en la región. Un país que hace un año vez por su mayor esfuerzo en Irak, y se instalaba, una se levantó contra sus protectores sirios en una rebevez más, en una política de inhibición Don t just do lión popular saludada con alborozo por muchos de something, stand there denunciada estos días por anquienes hoy contemplan impasibles su destrucción. tiguos amigos como Francis Fukuyama. Israel puede estar cometiendo en Líbano el mismo La Iniciativa partía de una conclusión cierta: no haerror que Estados Unidos en Irak. Lo dicen desde el brá estabilidad en Oriente Medio sin democracia. Pero Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de el G- 8 ponía el dedo en otra llaga: no habrá democracia Washington. Tel Aviv habría sobreestimado la ventaja en la región sin un acuerdo duradero árabe- israelí. ¿La táctica de su superioridad militar y habría subestimaexagerada reacción de Israel a una provocación previsido la importancia estratégica de la opinión pública. ble trabaja en esa dirección? La supervivencia del esta Las percepciones locales, regionales y globales de un do hebreo no puede afirmarse contra todo el entorno conflicto son tan importantes para sostener una gueregional y dependiendo sólo del apoyo incondicional de rra, y para concluirla en términos favorables, como el Estados Unidos. Tel Aviv no puede enajenarse, con desnúmero de enemigos capturados o muertos asegura dén, la simpatía del resto del mundo. La alianza israeloAnthony Codersman, analista del centro, al Financial norteamericana es reciente (apenas cuarenta años) y Times. La muerte de civiles, con el terrible desgaste no tiene por qué ser eterna. Si yo fuese israelí, no queque ello supone en la guerra que se libra más allá de los rría que la supervivencia de mi país reposara sobre esa cañones, no ha sido compensada por una reducción siggran incertidumbre. nificativa de la capacidad de Hizbolá, y mientras ésta E N las últimas décadas del siglo XVIII, Estados Unidos era un hervidero. Unosquerían asegurarlas competencias de los Estados, otros formular y formalizar las de la incipiente Unión. Unos querían modificar las costumbres, dar carta de naturaleza distinta al sistema educativo y a los modos políticos, separarse en todo de la Corona Británica. Otros pretendían poner en valor, sin embargo, lo que considerabanprincipios fundamentales de la constitución no escrita de Gran Bretaña que, a su juicio, habían sido traicionados por el despotismo de monarcas y políticos. Se invocaba la razón, la religión, la moderación, la bondad, la revolución... Todo podía ser puesto en cuestión y todo defendido GERMÁN como nunca antes se haYANKE bía hecho. El doctor Benjamin Rush se paseó por allí y, en julio de 1782, sorprendidode que en Filadelfia- -como manifestación de que toda extravagancia era posible- -se celebrara el nacimiento del heredero de la Corona francesa, escribió que todo estaba, en Norteamérica, en estado plástico Han pasado 225 años y estamos, aquí, en España, en un paradójico estado plástico. Lo estuvimos también hace menos tiempo, durantela transición de la dictadura a la democracia, aunque entonces todo se convirtió en flexible porque sabíamos, más o menos, que era lo nuevo que buscábamos: las instituciones democráticas en vez de la estructura orgánica del franquismo, la consolidación de la libertad individual en vez del paternalismo autoritario, la ciudadanía en vez de un agobiante sistema de súbditos controlados. Todo era flexible menos el modelo o, aún mejor, todo era flexible para lograr precisamente el modelo. No se trata ahora de deificar ni las actitudes ni los procedimientos, que sería tan absurdo como contraproducente, pero la plasticidad tenía un sentido. Ahora hay quienes quieren modificar radicalmente las costumbres con un vértigo que impone nuevos cambios en cuanto uno repara en los anteriores. Y quienes quieren cambiar la Historia con el paradójico instrumento de la memoria. Como si se tratara, por tanto, de buscarse un acomodo personal en vez de institucionalizar un cierto concepto de la convivencia. Hay comunidades autónomas que quieren más competencias, pero el argumento ya no es la eficacia sino la emulación, ya no es la ciudadanía sino el carácter de nación, a veces étnica, con que se disfrazan. Todo, naturalmente, puede ser discutido, pero conviene subrayar que, ahora, lo que crece con tanta flexibilidad se aleja del concepto de ciudadanos libres e iguales ante la ley y se aproxima sorprendentemente a imperativas mistificaciones y a comunidades preexistentes. En definitiva a lo que Rush llamaría prejuicios y opiniones sacralizadas que quieren rendir la libertad. El estado plástico, temporal por naturaleza, se nos ha convertido en Estado plástico, en el que se han solidificado las manías y las ambiciones del poder, como si la elección de los representantes supusiera el fin dela existencia de los representados. L