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ABC DOMINGO 6 8 2006 51 Exterminan a palos a decenas de miles de perros tras morir 20 personas por rabia en China Mohammed Carnicero Nunca me han llamado moro o asesino Entre los clientes que hacen cola en el comercio, sus productos son muy populares. Están envueltas en aliños de receta magrebí, pero además, las carnes se han obtenido de una forma especial. El musulmán no compra carne como la matan aquí, con pistola La suya viene de animales muertos a cuchillo, para que toda la sangre salga. La carne queda mejor afirma. Pero entre los que hacen cola en el comercio, no sólo hay gente de aspecto árabe. Al menos dos españoles y un lationamericano entran a comprar a la tienda. A ellos también les gustan los productos a la venta. Las carnes son muy buenas, la gente está contenta Y no sólo las carnes, Mohammed tiene otros productos típicos de su país, pero elaborados en España. Como las tortas, de genuina receta marroquí. Mohammed es entre sus clientes tan popular como sus productos. Nunca me han llamado moro o asesino dice. Una española responde: Y si te lo dice discriminatoriamente, le rompo... Mohammed sonríe. do racismo. Él cree que cualquiera puede ser racista en un momento determinado, cuando le falta el trabajo, cuando no le dan un piso de protección oficial... Cuando te encuentras una persona que no está trabajando y tú sí, ahí puedes notar algo. No es racismo, es agobio de no poder comprar un piso... Cree que la vida va endureciéndose. En África hay más racismo. Donde hay pobreza de cerebro y pobreza de bolsillo, es donde hay racismo Abdel afirma que en Madrid, la gente es más amable. Donde hay muchos marroquíes, es más desagradable Andalucía, con 78.719 marroquíes empadronados, casi la mitad en Almería; Madrid, con casi 62.000, y Murcia, con algo más de 52.000, son tres de las cuatro comunidades más pobladas por marroquíes. La primera es Cataluña, donde están registrados 181.494 ciudadanos de este país, casi un 34 por ciento del total. En la provincia de Barcelona residen más de la mitad: algo más de 114.000. Y es que Barcelona parece ahora el destino preferido. Si están en Madrid es que llevan muchos años o tienen familia aquí... Barcelona tiene ahora más tirón. Por el fútbol. El equipo tiene unos colores vivos La mayoría viene aquí a la aventura, explica Rouchdi. Saben que es difícil, pero piensan: ya conoceré a alguien. Cuando llegan a Casablanca, ya han vivido en algunas ciudades tres o cuatro días en la calle. Han pasado el examen Remesas de ropa de los chinos Su capacidad de ahorro es mayor que la del español medio, dice Alfonso de Esteban a tenor de las partidas de dinero que envían a su país. Son los que han dejado a los suyos en Marruecos. La familia tradicional es muy grande. Padres, hijos y abuelos conviven juntos Mohammed enviaba dinero antes, pero dice que ya no puede: No hay suficiente Un cliente, sin embargo, sí manda regalos. Les mandamos ropa de los chinos Es, al por mayor, más barata que allí En el comercio, entra una chica de 16 años, marroquí nacida en España. Su pelo es de rizos pequeños y negros, recogidos más arriba de la nuca despejada. Habla castellano perfectamente, pero hace el pedido en árabe. No lo duda cuando responde que Marruecos es su país y que quiere volver allí. Mohammed, de momento, no ha tenido choques con sus hijos, pero teme que, cuando ellos crezcan, los tendrá. En la familia de Abdel tampoco se han producido choques. Los hijos de inmigrantes no suelen continuar sus estudios, observa este joven. Se van al oficio. Los padres no tienen cultura y no tienen ambición. Hace falta más dinero No es ése el futuro que Rouchdi querría para su hija. Él dejó los estudios con 15 años. La niña es apenas un bebé, pero él ya piensa en su futuro. Que estudie todo lo que pueda. Que se meta todos los libros que pueda desde ya También a Mohammed le gustaría que sus hijos fueran a la universidad. Es probable que ellos quieran quedarse en España, admite, aunque él pretende volver a Marruecos cuanto antes. ¿Irte, por qué? pregunta la mujer del pelo cano. Porque como en mi país... Allí está su gente, sus costumbres. Es, como él dice, su tierra. Y para entonces sus planes son descansar. Quiero jubilarme en mi tierra De momento, Abdel deja su futuro en el aire. Depende de cómo vayan las cosas, asegura. Sin embargo, Rouchdi lo tiene muy claro, envejecerá en España. Me gustaría quedarme en un sitio donde hay un pedazo de pan, donde puedo pagar el alquiler, donde se puede vivir Mohammed en la carnicería que abrió en 1994 ne, la mujer de Rouchdi quiere ir a clases de castellano en la Escuela Oficial de Idiomas. Ella lleva pañuelo, pero con estilo moderno Abdel pertenece al grupo de edad más numeroso entre los inmigrantes marroquíes que viven en España. El formado por los jóvenes de 25 a 29 años. Son 91.959, un 17 por ciento del total. Son jóvenes, pero la mayoría conserva sus costumbres y su religión. Mohammed sigue yendo a la mezquita todos los viernes. A veces, a la del barrio, y otras a la de la M- 30. Pero ahora, en la grande hay muchos atascos Su carnicería se va llenando de clientes. Una española delgada y de pelo cano que pide filetes de pollo, un joven con aspecto latinoamericano, varios magrebíes. La gente que vive en Marruecos cree que nos llevamos mal en España. Yo nunca he tenido problemas. Nunca me han llamado moro o asesino Tampoco Rouchdi ha senti- Abdel Empleado en un locutorio La situación laboral es mejor aquí Abdel tiene 26 años y vive con sus dos hermanos. Vino para estudiar, pero se ha quedado trabajando en el locutorio que la familia ha abierto. La situación laboral es mejor aquí explica. A pesar de que lleva en España cinco años, confiesa que aún no se ha adaptado a nuestras costumbres. Asegura que la forma de vestir es parecida y también la comida, pero que los horarios aquí son más estrictos. Todavía no ha frecuentado mucho la noche madrileña. Trabajo muchos fines de semana. A veces me quedo con mi familia y no ha roto la relación con su tierra. Cuando hay una fiesta, solemos ir, y también en el verano Abdel, en el locutorio que regenta su familia