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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE do pasó la joven, que aún no había terminado el Bachillerato. La forma en la que ahora narra aquel encuentro fortuito es muy divertida: Yo tenía acné juvenil, lo que me producía rabia y complejo de inferioridad. Para salir a la calle me ponía, ya en la escalera, una pomada de azufre que me daba un tono gris azulado como de geisha. Parecía un fantasma. José acababa de terminar su etapa surrealista y se quedó estupefacto. Yo era un número, pero a él le gustó. ¿Y a usted que le llamó la atención? -Cuando por fin empezamos a vernos me deslumbró que era diferente a cuanto conocía. Luego me di cuenta de que, además, era guapo. Pero primero me quedé colgada de su obra y su personalidad. Mi marido me enriqueció. -Tengo entendido que su familia se opuso a la relación. -Mi familia me llevó a Portugal para alejarnos y en Madrid estuve dos años yendo sólo a la Universidad, donde estudiaba Ciencias Políticas y Económicas. Allí, en la calle San Bernardo, como el edificio daba, también, a la calle Amaniel, nos veíamos. El noviazgo duró años. Para ir a su estudio me pusieron una señorita de compañía. Nos casamos en 1964. Caballero, por su parte, había dejado su Huelva natal a los 15 años para estudiar Ingeniería Industrial, aunque le habría encantado estudiar Arquitectura La academia donde cursaba estudios estaba entre El Prado y el taller de Vázquez Díaz. De modo que ni que decir tiene que el joven visitaba con frecuencia el museo y un buen día decidió dar el paso para conocer a su célebre paisano. El anfitrión reconoció que el chico valía hasta el punto de presentarle a Lorca en 1932, y éste, a su vez, le llevó hasta Bergamín, que gustaba mucho del trabajo de Benjamín Palencia Cuando el autor del Romancero gitano contem- pló los dibujos de quien para los amigos fue Pepe, le encargó dibujos para La Argentinita en El amor brujo y para Bodas de Sangre de la Xirgu. El cartel de Yerma también llegaría junto con otros decorados. A José se deben las ilustraciones para Llanto por Ignacio Sánchez Mejías una tarea que le costó hacer y rehacer, aunque luego comprendió las razones de Lorca. Por ejemplo, el poeta nunca quiso decirle el nombre del toro que mató a Ignacio y, José, con el tiempo supo que se llamaba Granaíno lo que explica el rechazo del escritor, por ser él de Granada. También dudó mucho con la frase de la orla que empezó rezando Lo recogió la Venus Tartessa que José tuvo que borrar para escribir Lo recogió la Virgen del Rocío y acabar con Lo recogió la Blanca Paloma Eran los tiempos de las reuniones en la casa de Pablo Neruda con Lorca- -éste, siempre bienhumorado, llamaba a José preguntando por Don Críspulo Tentor de Onteniente Maruja Mallo, Alberti, Buñuel, Delia del Carril y un etc. de los genios que se daban por entonces. Recuerda María Fernanda que su esposo le comentaba que Lorca entraba en el piso nerudiano de La casa de las flores en el madrileño barrio de Argüelles, gritando ¡En esta casa jode hasta el canario! Cuenta que su marido le habló tanto de Federico que llegó a pensar que lo había conocido, tan familiar se le hizo. Sí conoció y mucho a Neruda y a Picasso, entre otra gente que califica de genial y fantástica María Fernanda, en la actualidad, sigue trabajando por y para su marido ra la Infanta Isabel Con respecto a Neruda relata una anécdota reveladora de su carácter. Sucedió cuando le dieron el Nobel y ocupaba el puesto de embajador de Chile en París. Se encontraba con Casariego, el editor, firmando ejemplares de Oceana cuando le anunciaron la visita del embajador sueco. Pues que se siente y espere dijo. El matrimonio Caballero conoció todas las casas que el autor de Canto General tenía en Chile. Lo vieron por última vez en Barajas, en la sala de autoridades, donde el viajero quiso reunir a sus amigos. Era noviembre de 1972 y partía hacia Chile en compañía de Matilde Urrutia y de un cáncer que no confesó. Iba hacia un lugar amado, donde un año después, y en las peores circunstancias- -Pinochet en el poder- se dejó la vida. Todo el tiempo estuvo preguntando por Madrid, por España, una nación que amaba profundamente. Él sabía que estaba despidiéndose; yo, por ejemplo, no. Lo vi sonriente y afable. En cierta ocasión, mi marido le comentó que, en su obra, había sido injusto con los Gerardos y los Dámasos y prometió corregirlo La Guerra Civil española mató más que cuerpos: almas, y de eso sabe María Fernanda que, con respecto a su marido, explica que aunque humanamente la Guerra, la Posguerra y la Dictadura significaron para José un calvario, fue la pintura lo que lo salvó, porque tuvo el acierto y el coraje de no pararse y seguir adelante. Su inquietud y su deseo de búsqueda lo llevaron en los 50, cuando seriamente retoma la pintura, a un periodo de experimentación que desembocó en los nuevos movimientos estéticos, concretamente el expresionismo abstracto y la pintura matérica y no figurativa con la incorporación de figuras geométricas que fueron desplazadas, después, por los signos de su última etapa Hay que decir aquí que para sobrevivir en los 40- fue peor la guerra que la posguerra decía- -trabajó para los escenarios de las obras de Quintero, León y Quiroga y en Galerías Preciados, lo que suponía para el pintor silenciar lo que amaba. ¿Por qué no se exilió? -Neruda le ofreció que se fuera a Chile, pero José no quería abandonar a la familia que tanto le quiso. Sin embargo, incluso durante la Transición, le echaron en cara que no se hubiese marchado. Curiosamente, la enfermedad que le mató en 1991 también le arrebató la palabra. Una tragedia que fue usada como obstáculo por dos pintores para evitar su ingreso en la Academia de Bellas Artes. Tiempo antes, en el transcurso de una cena en ABC, Blanco Soler, director entonces, le prometió que al día siguiente empezaría a ocuparse de su ingreso en la institución. Pero la mañana no amaneció para él y no pudo cumplir su promesa. El destino, a veces, tiene la baraja. No obstante, María Fernanda sigue trabajando por y para su marido. Concretamente para el que será el Centro de Arte Contemporáneo José Caballero en Alcalá de Henares, ciudad a la que estuvo muy ligado. Ella no olvida a aquel hombre, social y comunicativo, tremendamente dramático en el fondo que le descubrió un universo que desconocía. Tortilla de patatas para Picasso Picasso me pareció un malagueño del Perchel, que todavía cogía el cigarro con tres dedos. Tenía 70 años y era divertidísimo. Frecuentamos La Californie y preguntaba constantemente por Málaga, que si el tranvía seguía pasando por la Azucarera, que si esta plaza, que si aquella calle... Vázquez Díaz nos dio saludos para él y viceversa, pero los dos nos comentaron que el otro debía estar viejísimo. Quería que le mandásemos una muchacha que supiera hacerle tortilla de patatas y anunció que iría a recibirla a la estación con banda de música como si fue- Yo tenía acné juvenil, lo que me producía rabia. Para salir a la calle me ponía, ya en la escalera, una pomada de azufre que me daba un tono gris azulado como de geisha La enfermedad que lo mató en 1991, también le arrebató la palabra. Una tragedia usada como obstáculo por dos pintores para evitar su ingreso en la Academia de Bellas Artes