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30 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE DE PRÓXIMO DOMINGO 6 8 2006 ABC EL FATÍDICO RATIO 90 10 on muchas las razones por las que cuando empieza una guerra nadie sabe quién ganará. Y la historia nos demuestra que no siempre una maquinaria de guerra apabullante es la herramienta que garantiza la victoria final. Por supuesto, hay muchos precedentes de ejércitos temibles, como los comandados por Napoleón o Hitler que acabaron sucumbiendo. Y lo hicieron por muchos motivos, entre otros por carecer de las razones éticas que bien fundaran su victoria. Ahora nos encontramos en un caso distinto. Israel tiene muy buena base ética para ganar esta guerra, tiene significativos apoyos internacionales y tiene una capaRAMÓN cidad incuestionable PÉREZ- MAURA para destruir las infraestructuras de Hizbolá. Y aún así, el final de esta batalla puede ser su derrota. Esta ofensiva de respuesta a la agresión de Hizbolá se lanzó con el objetivo de aniquilar a Hizbolá como factor terrorista en el sur del Líbano mediante la fuerza aérea y en el plazo de una semana. Es evidente que bien entrados en la cuarta semana de guerra, aquella meta suena a una inverosímil utopía. Lo curioso es que aunque se hubiera logrado íntegramente terminar en una semana, Israel tampoco aparecería ante los islamistas como el vencedor de Hizbolá. De haber ocurrido eso el mensaje islamista para autoconsumo sería que la aplastante maquinaria de guerra norteamericana se había impuesto sobre los luchadores del Partido de Dios. Israel no figuraría en el guión. Ahora parece que el mayor golpe con el que Israel puede aspirar a coronar esta batalla es la muerte del caudillo de Hizbolá, Hasán Nasralah, y asentar ese 90 por ciento de objetivos sin alcanzar un 10 por ciento. Ése es el fatídico ratio 90 10. Cualquiera diría que eso es una victoria en toda regla para Israel. Pero en realidad lo es para Hizbolá: una victoria en toda regla. Porque para ellos equivale a imponerse sobre la poderosa maquinaria de guerra israelí. Y porque le permitirá tener un núcleo desde el que empezar de nuevo a reconstruir esa maquinaria bélica con la que poder atacar a civiles israelíes permanentemente mientras que Israel intenta evitar herir a los civiles libaneses. Con la consecuencia de que en la opinión pública europea se asume como natural lo primero y se denuncia vocingleramente lo segundo. Hoy hace una semana que un ataque israelí causó la matanza de Qana por la que Israel ha sido casi universalmente condenado. Matanza en la que murieron civiles que estaban refugiados en un edificio desde el que Hizbolá disparaba sus misiles sobre Israel. Importa poco quién llegó primero, si los civiles o los cohetes, lo cierto es que está prohibido por el derecho internacional ninguna acción de guerra desde puntos en los que estén refugiados civiles. Como siempre, Hizbolá hizo caso omiso. Y eso quiere decir que el único responsable de aquella matanza de Qana, hace siete días, fue Hizbolá. S Un israelí se lleva las manos a la cabeza después de perder a su madre y a sus dos hermanas en un ataque de Hizbolá AP La tormenta de Katiushas sobre Israel apaga el eco de tregua de Nueva York Una madre y sus dos hijas mueren en su jardín por el fuego de un cohete en un día; 130 en sólo una hora; 800, en las últimas tres jornadas. Hizbolá responde con reiteración a la ofensiva del Tsahal J. CIERCO. CORRESPONSAL KIRYAT SHMONA. No es una tradición demasiado extendida en Israel, donde se siguen con pasión las telenovelas y la liga de fútbol de nuestro país. Los israelíes cada día viajan más a España, sobre todo a Barcelona, y algunos, un puñado, se traen su queso manchego, sus botellas de Rioja y la muy sana costumbre de la siesta en la maleta. Ni siquiera los recién llegados de sus vacaciones españolas fueron capaces ayer de echarse la siesta, en pleno sabbat, por mucho empeño que pusieran en conciliar el sueño. Se lo impidió la enésima tormenta de Katiushas que se desató sobre el norte de Israel entre las tres y media y las cinco de la tarde. Ciento treinta cohetes, se dice pronto, se cuentan más despacio, se escuchan demasiado cerca, se sienten al lado (varios cayeron junto al hotel en el que se concentran los corresponsales que siguen esta guerra de desgaste, provocando un incendio que tardó en apagarse por los aviones cisterna) en sólo 90 minutos. Sólo 40 aquí, en Kiryat Shmona, donde se produjo un escape de amoniaco en una fábrica alcanzada por uno de los cohetes ya, para algunos, demasiado familiares. b Más de 170 proyectiles No tanto, en cualquier caso, como para acercarse con su instinto asesino, su itinerario indiscriminado, a tomar café en el jardín de casa, como sucedió por desgracia en la vivienda de la familia Yumaa, en la aldea beduina de Arab al- Aramshe, pegada literalmente a la frontera con el Líbano. Allí descansaban en ese momento, bajo su coqueto porche que pasó a la historia con ellas, Fadiya, de 60 años de edad y sus dos hijas Sultana, de 33, y Samira, de 31 años. El Katiusha que no distingue entre judíos y musulmanes, entre árabes- israelíes y drusos, entre urbanitas y beduinos, se estrelló contra el jardín, lanzando a diestro y siniestro las 50.000 bolitas de acero que lleva incorporadas y que se encargaron de matar a las tres mujeres con repetidos y certeros impactos en distintas partes de su cuerpo y de su cabeza. Indiscriminadamente Horas antes, los cohetes cayeron en los suburbios de Haifa, donde falleció una mujer de 85 años de edad víctima de un paro cardiaco cuando salía de un refugio. También se vivió con el corazón en un puño en Hadera, con respiración asistida después de ser golpeada la víspera, muy cerca de la central eléctrica de la ciudad, por los misiles de Hizbolá. También se vivió con inquietud el playero sabbat en Tel Aviv, donde los bañistas nos sabían si prestar atención a la orilla del Mediterrá- neo, plagado de medusas amenazadoras, o mirar de reojo al cielo despejado que, en cualquier momento, puede enviar, con remite de Hizbolá, un paquete nada convencional en forma de misil de largo alcance. Promesa de Hizbolá, de su líder, Hasán Nasralah, quien suele cumplir su palabra. Horas después volvieron a abatirse sobre Metula, Tiberíades, Nahariya, Carmiel, Maalot, Safed, y otra vez sobre una Kiryat Shmona donde de la siesta imposible se pasó al nada reparador sueño de la noche, interrumpido de manera constante por las sirenas, los cohetes y el incesante fuego de las piezas de artillería acampadas en cada zona abierta a su disposición, incluido el cercano cementerio. Tumbas que se abren como fosas comunes en el sur del Líbano, que mantienen las formas en el norte de Israel, con sus nombres y apellidos en las lápidas, como los del sargento Or Shahar, caído en combate en la aldea libanesa de Nabi al- Awadi, sólo 24 horas antes de celebrar su 21 cumpleaños. Un sur del Líbano que un día más, allí no llegan, tampoco a Kiryat Shmona, los ecos de los acuerdos diplomáticos cogidos con alfileres en Nueva York, fue escenario de durísimos combates, sobre todo en Ayta al- Shaab, entre los soldados y reservistas israelíes y los milicianos de Hizbolá. Nacidos, vestidos y entrenados para matar; dispuestos a morir con su barba poblada y las botas puestas.