Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 Nacional LA NUEVA CRISIS DE LOS CAYUCOS DOMINGO 6 8 2006 ABC La patrullera Río Duero de la Guardia Civil lleva tres meses en Mauritania. Su tripulación ha interceptado a más de 700 personas. El jefe relata las luces y sombras de la operación 15.000 africanos esperan billete a Canarias en las playas de Nuadibú TEXTO: CRUZ MORCILLO MADRID. El teniente Ovidio y sus hombres ya habían lidiado con olas implacables en el Estrecho; se habían dejado los brazos en rescates de inmigrantes a vida o muerte y conocían de sobra el cabeceo de una patrullera en alta mar. Pero el Estrecho no es Mauritania y la experiencia previa, valiosa, ha ido sumando grados en los tres meses que estos ocho guardias civiles llevan en Nuadibú, compartiendo cubierta, operación y francés con cuatro gendarmes mauritanos. El día a día no es sencillo. Hemos mejorado pero hubo sus dificultades, cuestiones como la hora de las comidas o de los rezos manteniendo el rumbo al Este revive el responsable de la patrullera Río Duero enviada por el Gobierno español a esa zona mauritana a mediados de mayo para poner coto a la incensante salida de cayucos. Desde entonces han interceptado a más de 700 inmigrantes que habían enfilado hacia Canarias, una cifra que hay que restar a los abultados datos de llegadas de este año a las islas. Con las actuaciones en la mano y los medios que cuentan se puede afirmar que estos guardias civiles llegaron, patrullaron y vencieron. Hay amigos que te dicen, ¿pero qué estáis haciendo allí si no paran de llegar pateras? Y es cierto. Pero también lo es el cambio de mentalidad y actuación que supone el paso dado por Mauritania- -todas las personas detenidas por la patrullera son entregadas a las autoridades y ellas son las responsables de su repatriación- -y las vías abiertas de cara a futuras operaciones. continúe la disposición de miles de personas de abandonarlo todo por un sueño, el atajo policial será eso, una cortapisa, pero las rutas, las pateras y los cayucos seguirán afirma sin atisbo de duda Ovidio, como le conoce todo el mundo. Es un dique- -dice- -y el agua buscará otras salidas El teniente nos desgrana, a punto de salir a alta mar, fragmentos de una labor dura, emocional, profesionalmente inigualable y silenciosa en muchos casos. Nadie habla de cuántas muertes anónimas se pueden haber evitado con este control. Pero tanto el jefe como sus hombres tienen el corazón en dos mitades. Son policías y como tal tienen que actuar; y son hombres, iguales que esos a los que creemos que estamos salvando pero en el fondo les estamos rompiendo sus sueños Han vivido momentos duros en tres rescates, con oleaje de cinco metros y serio peligro de que la barcaza se fuera a pique. Uno está recogido en un vídeo doméstico que provoca escalofríos. La tripulación de la patrullera durante un rescate de inmigrantes límite está en 24 millas. Tienen horario de noche casi toda la semana para coincidir con la salida de los cayucos a pescar, entre los que se camuflan los de sin papeles Para detectarlos cuentan con el sistema clásico, el radar y con una cámara térmica de infrarrojos- -registra el calor de los cuerpos- -que se encarga de la primera cri- DGGC Les besaban las manos Los supervivientes besaban las manos a sus rescatadores. Un desenlace bien distinto a esas ocasiones en las que las miradas de odio- -cuenta el teniente- -te traspasan, después de que los detengas La tripulación de la Río Duero se compone a diario de cinco españoles y cuatro mauritanos que navegan unas 100 millas durante ocho o nueve horas. Les apoya un helicóptero también de la Guardia Civil. Para salvar de la muerte pueden surcar las aguas hasta Singapur si quieren, pero si de lo que se trata es de interceptar un cayuco el Dieciocho mil euros Las cifras que se manejan por parte de los agentes y el oficial de enlace no abren puertas de esperanza. A la pregunta de cuántas personas quieren salir del país, Manuel Ovidio Corredor asegura que prácticamente todo el mundo que no es mauritano. Contabiliza los casi 10.000 senegales que tienen poblado propio en Nuadibú, igual que los malienses (unos cinco mil) y otros tantos gambianos. Mientras aguardan su oportunidad, unos y otros se embarcan como pescadores y ahorran hasta que pueden pagarse el billete. Se unen treinta o cuarenta hombres, normalmente conocidos- -alguno suele ser patrón- compran el cayuco, los víveres, el agua, el motor, el combustible. En total supone unos 18.000 o 20.000 euros. Eso es todo lo que necesitan. Mientras sea así de fácil y Los cayucos aprovechan los días de descanso de la patrullera para salir en masa hacia Canarias ba. Si en una embarcación van tres o cuatro personas son pescadores seguro, a partir de diez puede haber dudas por lo que nos acercamos para ver cuánta gasolina llevan, si hay artes a bordo, víveres... y en tal caso los devolvemos Hasta ahora han cumplido. Suena a halago y lo es, aunque lo respaldan los datos. La Río Duero tiene que regresar a Canarias cada vez que el motor ha navegado 150 horas para las revisiones. En los días que los agentes dejan el puesto, como ocurrió la semana pasada, los cayucos que llegan a Canarias crecen como setas. A los dos días de regresar a Nuadibú, Ovidio y su gente apresaron cuatro embarcaciones. El barco que ve más de noche que de día La Río Duero se ha hecho famosa en Mauritania; más que popular, temida. Saben los oriundos y saben los extranjeros apostados en el país a la espera de emprender su viaje al paraíso que los sistemas de detección de la patrullera son implacables y quienes la manejan han demostrado su eficiencia. De ahí que ya nadie la llame Río Duero sino que se refieran a ella con el nombre con el que ha sido bautizada en árabe. La traducción de esa palabra es más o menos el barco que ve más de noche que de día Hasta que la Duero y su gente llegaron a las costas de Mauritania las salidas de cayucos desde esa zona hacia Canarias eran un paseo sin interrupción. Ahora las noches las surcan las piraguas de pescadores, las de inmigrantes y el barco con ojos. Se ha corrido la voz de las operaciones y están deseando que nos vayamos explica el teniente Ovidio. Lo que no saben los afectados es que Ovidio y su gente vuelven a casa el día 17, pero ya tienen relevo: otro grupo de guardias civiles del Estrecho y Granada, con experiencia como ellos en inmigración. Mientras llega el ansiado día de la vuelta, los agentes españoles dividen sus horas entre la patrullera y una mansión árabe de 500 metros cuadrados que les han cedido en la que sólo duermen. Su otra casa es el hogar canario donde la escasa colonia española comparte patria y cerveza. El barco- murciélago es muy, muy confortable, pero después de diez horas de navegación aburre. Si nos lo dejaran en vacaciones no tiene nada que envidiar a un yate, pero claro esto es otra cosa