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5 8 06 RELATOS VIAJEROS India (I) Lo primero Rajastán Pocos países tienen una cultura tan antigua y diversa como la India. Javier Moro es uno de los mayores expertos en el subcontinente y ha publicado numerosos libros sobre sus costumbres y sus gentes POR JAVIER MORO Escritor ucha gente me pregunta cuál es la mejor manera de empezar a conocer la India, y siempre contesto lo mismo: visitando la fabulosa provincia de Rajastán, la Andalucía de la India. No existe mejor introducción al riquísimo universo del subcontinente que adentrarse en este mundo cuyo corazón sigue latiendo al ritmo lánguido de otro siglo. Más que un Estado o una región, Rajastán es un mundo aparte. O mejor dicho, es otro mundo. Por ejemplo, a 30 km de la fortaleza de Ajmer, hay un templo a orillas de un lago en la pequeña ciudad de Pushkar. Una vez al año, durante la luna llena de noviembre, se celebra una feria que reúne a 200.000 camellos y caballos, el mayor mercado de animales del mundo, al que acuden caravanas hasta de Afganistán. Al mismo tiempo es el punto de encuentro de medio millón de peregrinos, una fiesta como las de la Europa medieval. Hay que abrirse paso entre un océano de fieles, entre santones con el cuerpo desnudo recubierto de ceniza. Dame algo, que soy un santo te piden acercándote la escudilla. Hay ascetas sentados en posturas imposibles, unos con una pierna detrás del cuello, que han hecho la promesa de mantenerse así durante toda la vida. Hay malabaristas, domadores de animales, mercaderes ambulantes, campeones de lucha libre, tiovivos, carreras de camellos, pitonisas, artesanos de todo tipo. Miles de familias acampan bajo sus carromatos pintados de colorines, entre los animales que han venido a vender o a comprar. Un poco más lejos, jinetes tocados de turbantes rojo y oro caracolean día y noche sobre soberbios caballos. Uno acaba ebrio de colores, de ruidos, de olores. Rajastán cautiva los sentidos. Esta región es también la India romántica y fastuosa de los maha- M Rajastán, etapa indispensable para el turista AP rajás. La desaparición del Imperio británico en 1947 puso fin al reino de estos príncipes de las mil y una noches, pero sus palacios, sus tesoros y sus tradiciones se conservan. Todavía pueden verse desfiles de elefantes encaparazonados de oro y plata, montados por jinetes dignos como reyes, seguidos de dromedarios y de caballos fastuosamente enjaezados. Es tierra de antiguos señores feudales, la región más espectacular del subcontinente, etapa indispensable para todo el que quiera entrar en contacto con el mundo de la India. En lo alto de cimas inaccesibles, hay fuertes en cuyas piedras resuena todavía el eco de feroces combates. Hay palacios de ensueño que parecen sacados de libros antiguos; por toda la región quedan vestigios de un pasado glorioso del que los rajastaníes se sienten todavía orgullosos. Campesinos y pastores, con turbantes que son como manchas de color amarillo, rojo, malva, rosa, caminan entre el polvo ocre que levantan sus rebaños. Las mujeres van vestidas con saris en los mismos tonos, algunos bordados de hilo de oro; lucen joyas de plata vieja y piedras semipreciosas. No es de extrañar que Rajastán sea el primer destino turístico de la India, y no sólo por su deslumbrante belleza. Las posibilidades de alojamiento son muy variadas, desde los suntuosos palacios convertidos en hoteles (tipo Paradores) hasta mansiones familiares donde la tradicional hospitalidad de los Rajputs se expresa de manera más íntima y cálida. Una tierra llena de encanto Es una tierra árida, pero llena de encanto. Estuve acampando en el desierto, a cuatro horas de Jodhpur, en lo alto de una duna desde donde se divisa el país de los Bishnois, una auténtica revelación, lejos de las rutas trilladas por los turistas. Si la mayoría son cultivadores y ganaderos, su peculiaridad se basa en el respeto de 29 reglas de vida (bishnoi significa 29) consignadas en un libro por su maestro espiritual, Jambhoji, en el siglo XVI. La regla 22 dice: Llegado el caso, un bishnoi tiene que ofrecer el sacrificio de su vida para proteger a los animales y a los árboles Esta población era una Esta región cautiva los sentidos. Uno acaba ebrio de colores, de ruidos y de olores. Es, también, la India romántica y fastuosa de los maharajás