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ABC SÁBADO 5 8 2006 11 El informe sobre la Ley de memoria histórica propone el reconocimiento de los maquis Un hombre de Daimiel (Ciudad Real) mata a su novia a puñaladas y luego se entrega a la Guardia Civil 2002 Joseba Pagaza muerte anunciada El jefe de la Policía Municipal de Andoain fue tiroteado en un bar. Había denunciado el riesgo que corría 2002 El crimen de la pancarta- trampa El guardia civil Juan Carlos Beiro fallece en Leiza por la explosión de una bomba colocada tras una pancarta 2003 Los dos últimos asesinatos de ETA Tampoco se ha identificado a quienes pusieron la bomba- lapa que mató en Sangüesa a dos policías nacionales LA LISTA NEGRA Además de casos con impacto público, hay otros menos conocidos en los que tampoco ha podido actuar aún la Justicia. Así de devastadora fue la bomba- lapa de ETA que asesinó a dos policías en Sangüesa (Navarra) en 2003 informadores para la comisión de este crimen, decisión que ha sido enmendada después por Baltasar Garzón, que ha impedido su excarcelación al apreciar cooperación necesaria Como colofón elocuente, también los dos últimos asesinatos de ETA, en 2003 en la localidad navarra de Sangüesa, se inscriben en este saco de atentados sin resolver. A los dos policías nacionales Julián Embid y Bonifacio Martín los destrozó una bomba colocada en el coche en el que se habían desplazado a la localidad para ofrecer a los vecinos el servicio de renovación del DNI. cuerdan que a los asesinatos en los que los autores materiales no están identificados hay que sumar aquellos en los que sí se sabe quién los cometió, pero no se les ha detenido. Las víctimas concernidas por esta situación se sienten ahora afligidas por la angustia y el vértigo de que la negociación con la banda suponga algún tipo de punto final en la resolución de estos crímenes. Consideran que hay un riesgo mucho mayor de impunidad sobrevenida en el caso de los asesinos que no han sido puestos aún a disposición de la Justicia que en el de quienes ya han sido condenados, porque otorgar beneficios penitenciarios a estos últimos tiene un alto coste de opinión pública ¿Quién se atreverá a soltar a la bestia Txapote mientras que cerrar casos de esta naturaleza pasaría mucho más desapercibido. Una sombra añadida que se cierne sobre los asesinatos no resueltos es la de la prescripción del delito. Cristina Cuesta, portavoz del colectivo de víctimas del País Vasco (Covite) explica que el riesgo es evidente, pues estos crímenes prescriben a los veinte años de la última actuación judicial Por eso viene siendo una reivindicación reiteradamente sostenida por esta entidad que las instituciones españolas hagan fuerza para que el Tribunal Penal Internacional pase a ser competente en materia de terrorismo. Eso significaría que los actos etarras quedarían catalogados como de lesa humanidad y no prescribirían nunca. Como tampoco lo hace el dolor de quienes los han sufrido. Temor al punto y final Fuentes de la FVT explican que en este trabajo de denuncia hemos situado en alrededor del diez por ciento la proporción de crímenes aún impunes, pero probablemente superan ligeramente esa cifra porque hay casos con poca publicidad en los que las familias prefieren no salir a la luz Igualmente, re- A los asesinatos en los que los autores son desconocidos se suman aquellos que están identificados, pero no detenidos Begoña Arroz Ibarrola, 1960. Una niña de dos años que fue la primera víctima mortal de ETA. Fermín Monasterio Pérez, taxista, 1969 José Humberto Fouz Escobero, desparecido en Francia, 1973 Fernando Quiroga Veiga, desaparecido en Francia, 1973 Jorge Juan García Carneiro, desaparecido en Francia, 1973 Juan Antonio Bueno Fernández, policía, 1973 José Luis Pérez Mogena, conductor PMM, 1973 María Ángeles Rey Martínez, estudiante, 1974 Concepción Pérez Paino, maestra, 1974 María Josefina Pérez Martínez, ama de casa, 1974 Luis Marínez Martín, agente comercial, 1974 Manuel Llanos Gacedo, camarero, 1974 Antonio Lobo Aguado, ferroviario, 1974 Francisco Gómez Vaquero, cocinero, 1974 Gerardo García Pérez, artes gráficas, 1974 Baldomero Barral Fernández, panadero, 1974 Francisca Baeza Alarcón, maestra, 1974 Félix Ayuso Pinel, inspector de Policía, 1974 María Jesús Arcos Tirado, telefonista, 1974 Antonio Alonso Palacín, mecánico, 1974. Julián Galarza Ayastui, mecánico, 1976. Manuel Albizu Idiaquez, taxista, 1976 Sergio Borrajo Palacín, teniente coronel, 1979. José María Urquizu Goyogana, teniente coronel, 1980. Basilio Altuna, capitán de la Policía Nacional, 1980. Francisco Arin Urquiola, empresario, 1983. Carlos Díaz Arcocha, jefe de la Ertzaintza, 1985 Elena María Moreno Jiménez, 1990 Josefina Corresa Huerta, auxiliar de Clínica, 1995 Eduardo López Moreno, policía nacional, 1995 Margarita González Mansilla, 1995 Eugenio Olaciregui Borda, vendedor, 1997. Máximo Casado Carrera, jefe de servicio de la prisión de Nanclares de Oca, 2000 Javier Mijangos Martínez de Bujo, ertzaina, 2001. Ana Isabel Arostegui Legarreta, ertzaina, 2001.